Sinaloa, ¿cuál es la apuesta para 2018?

Si bien ya el Instituto Nacional Electoral (INE) ha emitido una serie de ordenanzas de naturaleza logística con miras a las elecciones generales de 2018, será propiamente en la primera semana de octubre (dentro de unos siete meses) en que acometa la fase administrativa del proceso en el que se decidirá la Presidencia de México para el periodo 2018-2024.

Todo parece indicar que la contienda presidencial del año próximo se regirá por la misma controvertida normativa a la que se ciñó la sucesión de 2012.

Aunque particularmente la bancada del PAN en San Lázaro ha planteado la urgencia de una nueva reforma electoral federal, el término temporal para que proceda una iniciativa de esa naturaleza se agota prácticamente en mayo y el PRI no parece interesarse en un conflicto parlamentario por ese tema. Por algo será.

El canibalismo cabalga de  nuevo

La antropofagia ya está a galope dentro y fuera de los partidos políticos. En el interior de las formaciones con registro nacional (instituciones de “interés público”, las llama la Constitución) se cuentan al menos 19 nombres de presidenciables; en la nómina sobresalen miembros del actual gabinete de Enrique Peña Nieto.

La oportunidad que brinda a los francotiradores la figura de “candidato independiente” hace difícil pronosticar cuántos pasarán finalmente por el filtro del INE. No obstante, han logrado visibilidad al menos cuatro aspirantes por esa figura.

La dirigencia nacional del PRI, a cargo de Enrique Ochoa Reza, está siendo presionada especialmente desde los estados, para que el mismo 4 de marzo (88 aniversario de la fundación del Partido Nacional Revolucionario) convoque a una Asamblea Nacional que revise el régimen estatutario que regula los procesos internos para la selección de candidatos a puestos de elección popular.

Quienes demandan la asamblea expresan su preocupación porque el tricolor está exhibiendo signos de debilidad orgánica. Para la crucial prueba de 2017 en el Estado de México, el PRI está apostando al respaldo del Verde Ecologista, Nueva Alianza, Encuentro Social y hasta del Partido del Trabajo, los cuatro con el más bajo registro electoral propio en esa entidad.

El costado flaco del PRI en el Estado de México lo deja al descubierto el hecho Enrique Peña Nieto haya tomado directamente el control de la estrategia, comisionando a la propia Oficina de la Presidencia y al menos tres secretarias (de Comunicaciones y Transportes, Desarrollo Social, y de  Reordenamiento Agrario, Urbano y Territorial) para la operación propagandístico-electoral.

Oficios de tinieblas de Ricardo Anaya

El jefe nacional del PAN, Ricardo Anaya, tiene también en ebullición a la familia azul. En este caso, los cuestionamientos se dirigen al queretano porque pretende jugar en los dos lados de la mesa: Como dirigente y como precandidato. Lo menos que le piden, es que se retire del encargo para que halla “piso parejo” a todos los pretendientes a la candidatura presidencial.

Ricardo Anaya ha sido cuestionado por el método empleado para nominar candidato en el Estado de México. Consideran sus correligionarios suicida su inclinación por la perdedora ex candidata presidencial Josefina Vázquez Mota, a la que su desapego a la entidad y su involucramiento en sospechas de corrupción, la hacen una abanderada muy vulnerable.

Esa decisión cupular hacer verosímil la especie de que en la primera quincena de enero hubo un conciliábulo secreto tricolor-azul en Los Pinos, por el cual el piso de remates electoral se extendería de 2017 hasta 2018.

En el PRD, es notorio que Alejandra Barrales tiene los días contados. Las tribus que la dejaron llegar a la presidencia nacional condicionaron  su periodo, y ella aceptó, a que estuviera fuera al decidirse la candidatura presidencial. Sus detractores la acusan de favorecer las pretensiones del híbrido Miguel Ángel Mancera y las propias como tiradora a la jefatura de Gobierno de la Ciudad de México. Ya se hacen aprestos para la convocatoria del Consejo Político Nacional.

El que cabalga hasta ahora a trote firme en el partido del Movimiento Regeneración Nacional (Morena), es Andrés Manuel López Obrador, quien proclama que “la tercera es la vencida”.

La chiquillada, al olor de la pepena

El resto del espectro partidista nacional se mueve al olor de la pepena, como es evidente ahora mismo tanto en el Estado de México como en Coahuila y Nayarit, donde habrá elección de gobernador.

Aquí tenemos que explorar un punto de inflexión en el que ha entrado desde hace varios procesos -tanto federales como estatales- el sistema electoral mexicano, a partir de la involución en que se ha sumergido la propia Presidencia de la República en el periodo neoliberal, profundizada en el actual sexenio con las fallidas reformas “transformadoras”.

En términos coloquiales, desde hace tiempo de habla en el llano del Robin Hood al revés para identificar al gobierno. (El que roba a los pobres para dar a los ricos).

Como fenómeno universal, en materia electoral las encuestas sobre la intención del voto han dejado de ser un referente útil. En México, los estudios demoscópicos vienen fallando desde 2012; aquí, por la asignación de potencial a los candidatos en pugna. Su falta de certeza se acentuó en las elecciones intermedias de 2015 y en las estatales de 2016.

La fractura del esquema centralista

A propósito de los estados conviene, de entrada, colocar dos mojoneras: Guanajuato, en 1999, y Estado de México en 2011. En ambas entidades se fracturó el control vertical-centralista del partido en el poder y se dio ocasión a la alternancia en Los Pinos.

En la perspectiva de 2018, el esquema centralista-centralizador empieza a hacer aguas en Puebla (PAN), Nuevo León (independiente), Michoacán y Morelos (PRD), e incluso en Yucatán, donde una aspirante priista se ha lanzado ya “por la libre”.

Las trágicas experiencias en Sinaloa

Nuestra inquietud -la obviedad no requiere explicación-, estriba en la cuestión de en qué lecturas se apoyará eso que llaman “clase política” sinaloense, para otear el horizonte y tomar posiciones rumbo al 18. Con puntería, por supuesto.

La jettatura sinaloense la podemos documentar en varios tiempos, a saber:

En el periodo posterior inmediato a la lucha armada, tres nombres con potencial presidencial están marcados con el signo de la muerte; en la elección presidencial previa a la fundación del PRI en 1946 y en la primera con el priismo en activo, aparecieron el destierro y la cárcel; 1988 y 2000 están signados por la derrota y 2006, por el ridículo.

En la fase posrevolucionaria, el general ex gobernador Ángel Flores, que empezaba a catalizar la simpatía de facciones militares regionales, fue envenenado; se sospecha que por el mismo método fue eliminado el general Benjamín C. Hill estando en funciones como secretario de Guerra y Marina del presidente Plutarco Elías Calles.

El caso más violento y trágico se perpetró el 3 de octubre de 1927, en Huitzilac, Morelos, donde fue ejecutado el general Francisco R. Serrano, quien había sido titular de Guerra y Marina y abandonó el gobierno del Distrito Federal para contender contra la reelección de Álvaro Obregón.

La apuesta fallida de Leopoldo Sánchez Celis

Hacia 1939, contra la nominación del general Manuel Ávila Camacho, se sublevó el también general Juan Andrew Almazán, a quien se pretendió sonsacar para que se levantara en armas. Entonces diputado federal sinaloense, se citó al general Ramón F. Iturbe como partidario de Almazán. Se le desplazó a la Embajada en Japón.

Contra la candidatura priista de Adolfo Ruiz Cortines se lanzó en 1951 el general Miguel Henríquez Guzmán. A su causa se sumó una legión de simpatizantes civiles de Sinaloa, algunos de los cuales terminaron en la cárcel.

Después de cumplir azarosamente su mandato (1962-1968), Leopoldo Sánchez Celis se incorporó al equipo del profesor mexiquense Carlos Hank González, a quien, ya estando en la regencia del Distrito Federal, le falló su estrategia 82 para el 82, cuyo objetivo era la reforma de la Constitución que impedía a hijos de extranjeros acceder a la Presidencia de México.

Un sexenio antes, prominentes sinaloenses se fueron con la finta de la precandidatura del secretario de Gobernación, Mario Moya Palencia, quien perdió la carrera con el de Hacienda, José López Portillo en 1975.

A la vera del camino Labastida y Clouthier

El corte obligado nos remite al umbral de dos experiencias traumatizantes para algunas corrientes políticas sinaloenses.

En 1985 disputaron la gubernatura de Sinaloa el priista Francisco Buenaventura Labastida Ochoa y el panista Manuel de Jesús Clouthier del Rincón.

Labastida Ochoa llegó a Sinaloa expulsado del gabinete presidencial de Miguel de la Madrid, gestión en la que cultivó por primera vez la posibilidad de la candidatura presidencial. En 1988 se adhirió a la precandidatura del titular de Gobernación Manuel Bartlett Díaz, con los resultados conocidos.

Clouthier del Rincón,  sin amilanarse por su derrota en Sinaloa, escaló las representaciones empresariales y el mismo 1988 se alzó con la candidatura presidencial del PAN en un episodio que constituyó la primera llamada al PRI, que se vio zarandeado por el terremoto político descrito después  por De la Madrid.

La conveniente muerte de El Maquío en octubre de 1989 dejó entre corchetes la eventualidad de que se presentara de nuevo en la sucesión de 1994. Como sea El clouthierismo se desvaneció con la misma velocidad que surgió.

Para 2000, Labastida Ochoa tuvo su segunda oportunidad; ésta real, tan real, como su estrepitosa caída ante Vicente Fox.

El ridículo de Francisco Frías Castro

Antes de sellar la jettatura nos quedan algunas líneas para documentar el ridículo sinaloense; ridículo individual, preciso es decirlo.

En 2004 por primera vez se perfiló la candidatura presidencial del perredista Andrés Manuel López Obrador, entonces jefe de Gobierno del Distrito Federal.

Desde dos vertientes se atacaron las expectativas del tabasqueño: La del complot, maquinado por las troneras del Salinato, y la conspiración urdida desde Los Pinos, en la que se aliaron los tres Poderes de la Unión.

La conjura de Los Pinos tuvo como coartada el afamado predio de El Encino (Santa Fe, Distrito Federal), expropiado cuatro años antes por la jefa sustituta del Gobierno del DF, la perredista Rosario Robles. La estratagema de concertó en un desayuno pinolero entre Fox y el presidente de la Suprema Corte de Justicia de la Nación, Mariano Azuela Güitrón.

Se escogió un desacato judicial entre más de tres mil. El desacato se le imputó a López Obrador, con lo cual se inició el proceso de desafuero en la Cámara de Diputados.

De la Comisión Instructora de la Cámara de Diputados fue miembro el sinaloense Francisco Frías Castro, quien sintiéndose jugador de Grandes Ligas remoloneó con su voto, que era determinante, en espera de que en las elecciones de 2006 el PRI le premiara con una senaduría, como plataforma para el cambio de gobernador en 2011.

Para decirlo pronto, desaforado López Obrador, sin embargo Fox reculó y no se fincó el proceso penal contra el tabasqueño que, finalmente, fue candidato presidencial en una campaña que culminó con la segunda usurpación del poder presidencial contemporánea.

El caso de El Encino se finiquitó 14 años después de iniciado: esto es, en 2014. Ahora, por tercera ocasión, López Obrador es precandidato presidencial. Francisco Frías Castro está en la lista de espera en el corredor del basurero de la historia.

Sólo sobreviven verdaderos animales políticos

Una sucesión presidencial, aquí y en China, no es apta para navegantes de la política de cabotaje. Es obra de pilotos de la política de altura y el boleto para abordar El arca, como la de Noé, pasa por la selección de verdaderos animales políticos. (El zóom politikom, del que hablaba Aristóteles).

En ese juego que todos pretenden jugar, ¿qué se puede recomendar a los sinaloenses que hacen de la política su razón de ser? La cosa más sencilla que aconsejaba el estadista Jesús Reyes Heroles: Andar con sonda en mano. Déjese para francotiradores la vocación arribista, centavera y el oportunismo mendaz. Es cuanto.