Quirino Ordaz, ¿y ahora qué?

La pregunta es obligada: ¿Y ahora qué? Ya está en la cartelera la película Malova y sus siete pecados capitales, una intensa Y truculenta trama política que devela secretos a voces de los que, entre 2011 y 2016, se enteró hasta la afanadora del despacho del ejecutivo saliente: el saqueo y el endeudamiento del gobierno de Sinaloa.

El sucesor del gobernador Mario López Valdez, por si algunos sinaloenses no se han enterado todavía, es el empresario mazatleco Quirino Ordaz Coppel. Según la constancia de mayoría que en junio pasado le entregaron los consejeros del órgano electoral estatal, fue nominado como candidato por el PRI, el PVEM y fauna de acompañamiento.

La trama de la película amerita una sinopsis de contexto: Cuando en 2012 el PRI retornó a Los Pinos, los forenses diagnosticaron que el resucitado estaba afectado por una tara: Como el bíblico Lázaro, fue vuelto a la vida sin habérsele curado la lepra, uno de tantos síndromes de la corrupción.

Desde sus primeras incursiones en la vida pública, Mario López Valdez exhibía orgulloso una credencial tricolor. Fue su pase de admisión a tareas administrativas y legislativas tanto estatales como federales.

En 2010, López Valdez intuyó que el partido de su querencia no le cumpliría su máxima ambición: Ser gobernador de Sinaloa. Siendo entonces senador por el PRI y huésped del selecto hotel Sheraton-Alameda de la Ciudad de México, en ese “recinto alterno” empezó a coquetear con César Nava, jefe nacional del PAN; uno de los dueños de la franquicia del PRD, Jesús Ortega Martínez, y el negociador estrella amarillo, Manuel Camacho Solís.

En realidad, no se requirió de una intriga de alta escuela para convencer al senador sinaloense de que cambiara su vieja chaqueta: de que mandara al diablo al PRI y se trepara a los lomos el PAN y del PRD. Fue en la ciudad de México, no en Culiacán, donde se anunció su nominación como candidato a la gubernatura.

El triunfo de López Valdez estuvo marcado por el icono tricolor: Un mapache que se les sabía, de todas, todas, fogueado en la alcaldía de Ahome y en una elección de Senador de la República. En su gestión como gobernador actuó con el clásico libreto del partido que tantas satisfacciones le brindó: el PRI, tirándoles migajas del pastel sexenal a panistas y perredistas.
Siguiendo ese libreto, López Valdez le perdonó todas a su ex compañero de sector y de partido, Jesús Aguilar Padilla. Fue una de las razones por las que, al correr del sexenio, el PAN le retiró su confianza.

Es necesario subrayar ese expediente, habida cuenta que hoy López Valdez está en el trance de pedir a Quirino Ordaz Coppel, si es que no se lo pidió en el periodo de transición, la misma indulgencia que él otorgó a Aguilar Padilla. Lo dice la conseja: Hoy por mí, mañana por ti.

La pregunta planteada en el primer párrafo de estas notas, ¿ahora qué? está dirigida al gobernador que el PRI escogió para suceder a López Valdez. La respuesta tiene en su centro un imperativo ético: O Quirino acredita su moral pública estableciendo un precedente político y pone en blanco y negro los resultados sexenales de López Valdez, o dará señales de que su gestión seguirá los mismos renglones torcidos de aquellos que le han antecedido en el cargo.

Tal es la disyuntiva que, a menos de dos meses de haber rendido su protesta constitucional como gobernador, emplaza a Ordaz Coppel y el reto se deriva de la revisión contable que ha hecho de la administración anterior el nuevo secretario de Administración y Finanzas, Carlos Ortega Carricarte.

El barco que la noche del 31 de diciembre de 2016 entregó López Valdez a Ordaz Coppel no resiste ya un martillazo más de calafateo, so riesgo de que el mazatleco se vaya a pique con ella.
La sociedad sinaloense no quiere más parches, remiendos o mantos de Noé para encubrir las miserias de los bellacos. Exige acciones de sanidad pública porque el pillaje ha agraviado la confianza social: No puede gobernarse bajo la sombra de la sospecha.

Los estados contables que entregó López Valdez a Ordaz Rocha son de aquellos que los gobernadores pillos suelen entregar a sus herederos: Los contratados con cargo al propio presupuesto público con despachos de auditoría externos. No los establecidos por la Ley General de Contabilidad Gubernamental y por las normativas que rigen la función de la Auditoría Superior de la Federación.

Por si faltaran elementos, se sabe desde hace tiempo que los gobernadores reciben asesoría, no precisamente gratuita, de funcionarios de la Unidad de Coordinación Fiscal con las Entidades Federativas de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para llevar doble contabilidad.

Lo anterior se explica porque el libramiento de las participaciones federales a los estados se tramita precisamente en esa Unidad, donde los moches son la moneda de cambio.
Aunque es del dominio público ya, conviene rescatar la información proporcionada por el secretario Ortega Carricarte en la compulsa de los manejos de López Valdez.

Conmueve el término empleado por el nuevo secretario de Administración y Finanzas para describir el hoyo negro: “Administración Pública Deficitaria”. Ganas de jugar con los eufemismos.
Como suele decir la madre alcahueta al descubrir el estado de su hija: Doctor, está “medio embarazada”. En los datos ya confirmados, por encima de sumas y restas, está la perversa intencionalidad de agandallarse de recursos públicos para fines propios.

Por supuesto, es grave que López Valdez y sus secuaces hayan disparado la deuda pública a 13 mil 130 millones de pesos; que el débito de 4 mil 518 millones de pesos sea a largo plazo o que los pasivos a corto plazo sean por 8 mil 612 millones de pesos, y que entre las espuelas se hayan llevado a contratistas y proveedores.

Más grave aún es que, durante cuatro ejercicios fiscales, el gobierno del estado se haya apropiado de la captación del Impuesto sobre la Renta que debió ser enterado al Sistema de Administración Tributaria. Grave lo es, porque ese despojo a la Federación se da en un periodo en el que la Hacienda federal se hunde en la insolvencia y se quiere salvar al niño ahogado a fuerza de gasolinazos.
Y ahora qué, es la cuestión. Si en algo son duchos los corruptos del gobierno es en la especialidad de la ingeniería financiera; para el caso, en ingeniería fiscal. Por esta ruta de escape se llega a una meta, dicho en términos leguleyos: Exoneración por falta de “pruebas contundentes”.

Algunos de los gobernadores indiciados están en la mira por rateros, no por imbéciles. Está visto, sin embargo, que algunos han pretendido pasarse de listo con sus argucias contables.
Sin embargo, la Auditoría Superior de la Federación está desgranando la mazorca y ha documentado la simulación de algunos gobiernos de los estados con reportes falsos sobre el estado de la deuda pública, sólo para invalidarlos y contratar nueva deuda.

Existe una salida por la puerta de servicios: Cuando algunos funcionarios de gobierno dan por “solventadas” las observaciones que resultan de las auditorias, se expide el borrón y cuenta nueva. Y vuelta la marrana a la mazorca.

No es el asunto “solventar” las raterías. Detrás del binomio corrupción-impunidad está el daño social infligido a la comunidad, ahí donde las transas engullen hasta los recursos destinados a la salud y la educación. En algunos casos, hasta las partidas reservadas a la Cruzada Nacional contra el Hambre.

Después del terremoto electoral de 2016, los gobernadores entrantes de Veracruz, Miguel Ángel Yunes Linares, y el de Chihuahua, Javier Corral Jurado, proceden en consecuencia contra sus antecesores Javier Duarte de Ochoa y César Duarte Jáquez. Con menor eficacia, el de Quintana Roo, Carlos Joaquín González, contra Roberto Borge Angulo, pero lo tiene en remojo.

El propio Enrique Peña Nieto, el que dijo que “la corrupción es un estado cultural”, se lanza contra la yugular de su compañero de partido, el entrante gobernador de Zacatecas, Alejandro Tello Cristerna, contra quien ha interpuesto controversia constitucional ante la Corte por usurpar funciones fiscales que corresponden a la Federación. Es que los pillos no tienen llenadera.

¿Puede Quirino Ordaz Coppel acometer al menos el intento de regenerar la administración pública en Sinaloa? Son las ocasiones en que el político demuestra de qué está hecho. Si, como dice el clásico, “por sus obras los conoceréis”, los sinaloenses están a punto de saber de qué está hecho su nuevo gobernador. Puede que se lleven una sorpresa: Sobre todo Mario López Valdez y sus compinches. Es lo deseable.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.