La Constitución de 1917 continúa vigente

La culminación de la revolución armada de 1910 dejó incógnitas que era urgente resolver, optando Venustiano Carranza, como el personaje más visible del bloque constitucionalista triunfador, convocar a un Congreso Constituyente en septiembre de 1916, en la ciudad de Querétaro, que tendría como encargo fundamental el de crear una nueva Constitución, que  abordara y encauzara, las demandas legítimas de los contingentes participantes en el movimiento, como era el caso de obreros y campesinos. El congreso Constituyente terminó su tarea en enero de 1917  y el cinco de febrero promulgó la Constitución. Esta es la Constitución que nos rige actualmente, con una vigencia de 100 años.

El momento para la creación de un documento tan importante era oportuno, dada la conflictiva desatada por el turbión revolucionario y las cosas resultantes del mismo. El mérito indiscutible del general Venustiano Carranza fue darse cuenta de ello y percatarse de la importancia que implicaría el contar con un texto que regularía la miscelánea de intereses y propósitos de todos los segmentos sociales involucrados durante la revolución.

Temas como el de la tierra, los salarios, y la educación constituyen la columna vertebral de la Constitución de 1917, y corresponden a las aspiraciones de quienes entraron como combatientes en la gran égida convocada por don Francisco I. Madero en noviembre de 1910. Así, el artículo 27 constitucional engloba el problema de la propiedad de la tierra, que era una aspiración de comunidades y campesinos que formaron la base de los ejércitos revolucionarios villistas y sobre todo zapatistas; el artículo 123 recoge el asunto del trabajo y su adecuada remuneración, dando con ello también respuesta a los contingentes de obreros que fueron determinantes para la victoria de las fuerzas constitucionalistas; y finalmente, el artículo 3º aborda la materia educativa, visualizada como el factor de ascenso social que terminaría con la insultante desigualdad, que se había agravado durante el dilatado régimen de Porfirio Díaz.

Este documento se consideró de avanzada porque recogía los llamados derechos sociales que asociaba la vigencia de una manera digna de ganarse la vida a obreros y campesinos, con la inclusión de aquellos factores que lo harían factible. Algo que, en ese entonces, ninguna constitución de algún otro país, contenía.

La permanencia  longeva de un documento fundacional como la Constitución de 1917 ha hecho realidad que México sea un país de instituciones, no obstante los claros desfases, que le hacen ser una de las constituciones con mayor cantidad de reformas.  A ella, por ejemplo, tendríamos que abonarle la existencia del ejido, y en su momento la banca ejidal; la vigencia del salario mínimo y de una Secretaría del Trabajo y Previsión Social; como también el de una educación pública, laica y gratuita, a cargo de una Secretaría de Educación Pública. Por solo citar los casos que tienen que ver con el enfoque del tema.

Si bien es un texto con casi 700 reformas, continúa siendo un documento viviente, aunque en algunos casos ya muy alejados de su sentido original. Sin embargo, resulta positivo que los cambios que ha recibido hayan sido hechos en un ambiente de paz y convivencia social. Ello debe valorarse, sobre todo si pensamos en los contextos de perturbación y de agitación social que hicieron necesarios los cambios de las arquitecturas constitucionales de 1824, 1857 y 1917.