Freno al regreso del “Dany” Serrano como gerente de planta de amoniaco

 

A la báscula funcionarios malovistas; ¿Y el mejor lugar para vivir que prometió?

El “Dany” Serrano fue figura estatal por su cercanía con el gobernador Francisco Labastida Ochoa, en el periodo 1986-1992, y estaba de regreso como gerente de la bloqueada planta de amoniaco de Topolobampo.

Director de la Comisión Constructora de Sinaloa, COCOSIN, fue en los hechos un funcionario con más peso en el estado que la mayoría de los secretarios de aquel gabinete, que imponía autoridad sobre todo los presidentes municipales y titulares de organismos descentralizados.

De la mano de su jefe de siempre, llegó otra vez a las puertas del escenario público en la industria que contra toda norma ambiental e interés social impulsa Labastida en sociedad con Eduvigildo Carranza Beltrán y con el apoyo del ex gobernador Mario López Valdez, de al menos dos secretarios de estado, de Energía, Pedro Joaquín Coldwell, y de Medio Ambiente, Rafael Pacchiano, y sus respectivas delegaciones, quedando por conocer la visión de Quirino Ordaz Coppel de este asunto.

Fue Daniel Serrano fungió como titular de la empresa que implicó un considerable fraude a “Leovi” Carranza Beltrán, no Marte Serrano, como asentamos en el reportaje sobre la irregular venta de terrenos.

El “Dany”, siguió siendo leal a su jefe de toda la vida y no al empresario que le pagaba sueldo y estructura administrativa. Por eso dejó correr la transa realizada por el ex diputado federal Rubén Benjamín Félix Hays en perjuicio del zar atunero, vendiéndole 27 hectáreas de humedales propiedad de la nación, con resguardo internacional, entre un lote de 130 hectáreas, para instalar una planta de amoniaco que conviene a los planes añejos de Francisco Labastida Ochoa, que contaron con el apoyo del ex gobernador Mario López Valdez.

Quien fue titular de COCOSIN, una legendaria cueva de grandes negocios oscuros con la obra pública, conoció la maniobra de Félix Hays desde sus orígenes, solapado por Labastida, pero perjudicó a “Leovi” Carranza, quien ahora trata de destrabar el negocio suspendido por un amparo de ciudadanos sinaloenses.

Responsables del engaño a Carranza no es solamente Rubén Félix. Lo son también Labastida, “Dany” y Malova, por venderle agua salada de una zona protegida en lugar de tierra firme, en una operación fraudulenta de principio a fin, con legalidad aparente de un notario acomodado a los intereses del ex diputado federal.

Ahora, ni con el apoyo de dos secretarios de estado han podido destrabar la obra en que se empeñó Malova afirmando que “la planta va porque va”, para expresar de manera prepotente que no valen argumentos de la ilegalidad del negocio ni del impacto destructor sobre la bahía, la fuente de empleo de los pescadores y el peligro de desaparición de flora y fauna protegidas. Primero es el “bisne” en la escala de valores del ex gobernador.

Carranza, confirmamos, estuvo en el norte del estado a principios de enero, para buscar la recuperación de lo mal invertido, más de 130 millones de pesos de un proyecto dudoso desde un principio. Con justicia reclama de Labastida la reparación del daño, invocando su vieja amistad que anidó grandes negocios desde los tiempos de éste último en la Secretaría de Energía, Minas e Industria Paraestatal, en el sexenio de Miguel de la Madrid Hurtado.

El proyecto de la factoría, fincado sobre arenas movedizas, como el trafique al venderle Félix a Carranza un humedal de aguas protegidas, propiedad de la nación y custodiadas por el acuerdo internacional de Ramsar, está detenido porque hasta los altos funcionarios federales manchados por la corrupción no pueden romper las reglas y un amparo ciudadano bien sustentado y por ello otorgado por la justicia federal.

Esta barrera de legalidad desespera a “Leovi”, quien confió en las promesas de su cuate Labastida, de un enorme negocio con el control del mercado de los fertilizantes para la agricultura nacional.

Lo peor es que este proyecto de miles de millones de pesos, requirió de la participación de socios extranjeros, quienes están huyendo por la truculenta maniobra de Félix Hays, utilizando como “socios” y “representados” a su esposa y a un empleado de confianza, Armando Rodríguez, por cierto, ex candidato a diputado local por el PANAL.

La industria se requiere, pero no como la concibieron Labastida y Félix, invadiendo 27 hectáreas de aguas de la bahía, que rellenó maquinaria pesada por autorización de Malova. Entonces, queda por definir hasta dónde llega la participación del ex gobernador en el proyecto.

Pero lo claro es que el capital foráneo ya se espantó ante los obstáculos que ha enfrentado la empresa a pesar de encontrarse en México, uno de los paraísos y santuarios mundiales de la corrupción.

Está probado, además, que afectar una zona protegida por convenio internacional de alta relevancia, puede detonar un escándalo más allá de la esfera de control del ex gobernador López Valdez y aun de su sucesor.

COMO EL DINERO LO MISMO QUE EL AMOR no pueden ocultarse, a Mario López Valdez lo hunde el desenfreno de algunos de sus colaboradores más cercanos, que por rapiña se decidieron a abrir las puertas del jet set con sus derroches millonarios.

Ernesto Echeverría Aispuro, su secretario de Salud, cuota de cuates pagada a Javier Salido, desmiente la declaratoria de honestidad de Malova con hechos, como la boda de una hija, denunciada y comentada en diciembre, evento social de corte internacional realizado en Cancún, con invitados especiales de España, que asistieron con gastos pagados por el funcionario sinaloense, como indicó denuncia pública de este hecho.

Eso explica que la opacidad en Salud, una de las áreas más señaladas por corrupción en el pasado sexenio, tiene nombre: el del ex titular de Mi Salud, programa de atención pública de El Debate.

Pero no es el único caso que refleja el empoderamiento financiero de funcionarios malovistas. Está el de Manuel Pérez Muñoz, mejor conocido como “El Pelón” Pérez, que desde el Patronato Impulsor del Deporte expandió su imperio personal con la obra pública y el manejo discrecional de cuotas pagadas por las grandes firmas cerveceras de México a ese organismo con disfraz de “privado”, aunque se ven todas las señas particulares del desvío, el amiguismo y el saqueo.

Francisco Frías Castro, chambista que ganó su regreso a la nómina al servir de “porro” a Quirino Ordaz Coppel en la campaña, también tiene cuentas por aclarar con los auditores, por el desvío de al menos 500 millones de pesos que estaban destinados a la destrozada infraestructura escolar del nivel básico.

Y si se agregan las evidencias de manoseo de programas y apoyos que se dio en la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca con los falsos redentores del proletariado, Juan Nicasio Guerra y Juan Figueroa Fuentes, ya tenemos carro completo de sujetos a investigación por sus obras en el gobierno malovista.

Lo anterior, sin considerar otros expedientes igualmente cuestionables, como el manejo de la obra pública a cargo de José Luis Sevilla Suárez; el director general de Vialidad y Transporte, Domingo Ramírez Armenta, en sociedad con el actual diputado Jesús Antonio Marcial Liparoli, y el responsable de la obra escolar, Bernardino Antelo Vilches, con todo y su nuevo nombramiento federal.

Y la lista es todavía más larga. Por algo se creó Malova un refugio fuera del país. Es que no logró hacer de Sinaloa un mejor lugar para vivir, como prometió con voz de preocupación fingida. ¿Recuerdan?