Estado de terror ante disimulo de Quirino

Sinaloa, dominio del crimen; poderes y mandos inútiles

 

Al promedio de la violencia de enero, el mandato de Ordaz rebasará todos los precedentes en número de ejecuciones; pavor en las calles ante falta de respuesta de autoridades federales y estatales

 Sinaloa vive un estado de terror exacerbado que detonó los peores rumores entre la población, alcanzada por una ola de pánico que envolvió la zona centro del estado con toda clase de especulaciones sobre una cruenta lucha que rebasó la capacidad de respuesta de todas las fuerzas de seguridad.

La violencia dejó atrás todos los precedentes trágicos en una región flagelada por ejecuciones y desapariciones forzadas, incluso de militares y policías, obligando al secretario de la Defensa Nacional, general Salvador Cienfuegos Zepeda, a ordenar que siga desempeñándose en el estado “la tarea para la que no están entrenados”, dando la cara por los gobiernos que siguen perdidos en planes conjuntos, estrategias y operativos de desgaste que no son capaces de contener la libre movilidad de los grupos armados.

En solo hace 45 días, el gobierno de Quirino Ordaz Coppel logró lo que parecía imposible: sobrepasar la capacidad de asombro de la gente que pareció llegar al límite en el sexenio de Mario López Valdez.

La sociedad se encuentra más impresionada e indignada, sin embargo, por el vacío de autoridad que presagia peores excesos.

Quirino Ordaz no ofrece solución más allá de los rondines con militares y mantiene grupos policiales que han mostrado sobradamente su falta de táctica y eficiencia para enfrentar al crimen organizado.

La corrupción en corporaciones locales es una tarea que rebasa incluso a la inteligencia militar.

El nuevo gobierno, con seguridad militarizada, no cuenta con logística actualizada y personal que inhiban la presencia de los grupos delictivos que se apoderaron de la calle y de los caminos, en abierto reto a las policías y a la milicia en fase de desgaste inútil.

El apoyo que por órdenes presidenciales vino a ofrecer el general Cienfuegos Zepeda al mandatario sinaloense, no traerá soluciones mientras el estado no haga su tarea de depuración y capacitación de sus policías.

QUIRINO PAGA SU FALTA DE PREVISIÓN; NI CONTAR MUERTOS SABE

Quirino Ordaz Coppel hace pagar a la sociedad las consecuencias de su falta de previsión para enfrentar los peores retos que esperaban a su gobierno, por haber perdido lastimosamente un semestre en turismo institucional para darse a conocer dentro y fuera del país, sin dedicar tiempo que reclamaba la organización de su régimen incubado en el fraude electoral.

Las atroces consecuencias taladran los hogares, obligado el pueblo a refugiarse bajo su techo, perdida la tranquilidad hasta para ir a la escuela o al trabajo, mientras que su gobernador no sabe ni contar los muertos que quedan tirados en la calle, tomada por el hampa como escenario de reyertas homicidas.

El saldo rojo espanta. Cuando aún no se cumplían los primeros 40 días del nuevo gobierno, con un recuento oficial de 120 muertes violentas, las evidencias indicaban que la cifra real podría ser hasta de 80 ejecutados más, debido a que las autoridades maquillan los números. El maquillaje de la realidad pavorosa comenzó en el primer día del nuevo régimen.

De mantenerse tal promedio de víctimas de la violencia, este gobierno superaría los totales de los últimos dos sexenios, los peores por el tamaño de sus respectivos saldos finales.

Como ocurrió con López Valdez, el recurso que ya empezó a utilizar Quirino es manipular las estadísticas para mantener totales a la baja y ocultar la magnitud del tamaño de la violencia y la inseguridad.

Con rumores que en los días críticos fluían en redes sociales, única vía de escape de los temores ciudadanos, algunas versiones propulsadas por la persistencia del fuego cruzado en las ciudades y comunidades rurales mencionaron incluso que se declararía estado de sitio.

De pronto dejó de ser descabellada esa posibilidad porque la refriega llega a semejarse a una región en guerra civil.

En esos momentos de crisis de seguridad, el pánico rebasó y superó al gobierno quirinista, perdiendo éste los hilos del poder hasta para garantizar normalidad en el funcionamiento de las escuelas, dejando en los maestros la decisión de si había garantías para impartir clases. El ejecutivo faltó a su primera obligación.

Fue el rostro descarnado de un régimen omiso que no supo siquiera orientar las actividades esenciales, como la educación y el trabajo, condenando a las familias a perder por días enteros el derecho al libre tránsito por sentirse desprotegidas.

LO PEOR: PODERES DECLINARON SUS FUNCIONES; CONGRESO PUSILÁNIME

En el trasfondo de la guerra de los grupos armados por las plazas sinaloenses, encontramos a las policías bajo permanente sospecha de corrupción, carentes por formación y convicción de capacidad de respuesta antes, durante o después de los zafarranchos. Sin estrategia, muchos reprobados por controles de confianza, no pueden asumir compromisos de guardianes de la paz pública.

Lo peor, sin embargo, es la ineptitud de los poderes del estado y la indolencia del Congreso de la Unión, que sólo tiene resortes de respuesta cuando el ejecutivo mueve el látigo por convenir a intereses políticos de momento y sólo que sean orientados a sus fines.

Si en los días más aciagos de febrero el gobernador sólo asomó la cara para asistir a un juego de la Serie del Caribe, portando la camiseta de México para la fotografía, pero no para cumplir sus deberes, el Congreso del Estado, institución domesticada con su mayoría priista abyecta, no se atrevió a ejercer sus obligaciones constituciones y a exigir las acciones que sacudieran la pasividad de un mandatario visiblemente medroso y apanicado, practicante del nado, pero de “muertito”.

Declarar el vacío de autoridad, que en realidad existe, es un paso que no será capaz de dar la mayoría del legislativo, aunque lo exija la sociedad.

La Ley no se aplica en el Congreso local sumiso, aunque a través de su presidenta, Irma Tirado Sandoval, se atrevió a declarar que esta legislatura “dignifica la democracia”. Este precedente dice que su divisa única es el servilismo político.

EXPUESTOS A TRAMPAS MORTALES EL EJÉRCITO Y LA MARINA

El Ejército y la Marina actuaron bajo circunstancias de riesgo extremo, como ha sido desde hace por lo menos diez años, obligados por encontrarse amenazados de emboscadas mortales en sus forzosos paseos cotidianos por territorio sinaloense.

Al no crecer el profesionalismo y disminuir la corrupción de los cuerpos de seguridad del estado, no cuentan con respaldo confiable para emprender operativos más amplios para arrebatar a las bandas criminales el control de la vía pública.

El general Genaro Robles Casillas demostró su inoperancia como secretario de Seguridad Pública y enlace con las fuerzas federales. Lo primero que puede señalársele es que, como el gobernador del estado, también llegó sin prever el tamaño del reto que encontraba, sobre todo ignorante del grado de penetración del crimen en sus filas.

La mayor frustración para Sinaloa, es que de nada han servido a la formación de sus guardianes las cruentas jornadas que se han vivido desde hace décadas. El crimen, en cambio, sí aprendió a moverse con seguridad en todas las regiones del estado, en las ciudades y en el campo.

En la emboscada a militares en Culiacán, los delincuentes actuaron como los “de casa” y los soldados fueron los que desconocían los sitios de peligro.

En el Congreso de la Unión, los legisladores rindieron tributo a la centenaria Constitución y luego la colocaron como letra muerta en la vitrina de los recuerdos, como los congresistas de Sinaloa hicieron con la Constitución del Estado, sobre un pebetero que en realidad puede ser el cirio de los difuntos, sin protección para los vivos.

Por lo menos no se aplica el articulado que obliga a ese poder a denunciar sacudidas de violencia como las que son ya parte de nuestras costumbres en Sinaloa.