“¡El neoliberalismo no tiene madre!”

La Patria está en peligro; se aplica la leva

 

(El título de esta entrega, por eso entrecomillado, se lo debemos al cardenal hondureño Oscar Andrés Rodríguez Madariaga, en memorable visita a México. Estuvo nominado a la sucesión del papa Benedicto XVI).

Arrancamos: Los coyotes pueden cohabitar fraternalmente con las gallinas, los lobos con las ovejas y los chacales con las hienas, a fin de cuentas comparten la carroña. Esa convivencia sólo pudo darse en la noble cabeza de Francisco de Asís.

En un país donde desde hace diez años, con una absurda declaración de guerra interna, se ha roto deliberadamente el tejido social, tratar de encajar en un   mismo estatuto y corral a más de 123 millones de mexicanos se antoja un crimen de lesa humanidad.

Sin embargo, es lo que pretende el actual gobierno de la República, no para salvar a la Nación de la crisis en que ha sido hundida premeditadamente, sino para perpetuar su sobrevivencia electoral en 2018, de sucesión presidencial.

Pongamos las cosas del siguiente tamaño: Con datos de 2016, el Producto Interno Bruto (PIB, que expresa el valor total de la producción de bienes y servicios) alcanzó, para ponerlo en números redondos, 16 billones de pesos.

En la composición del PIB, el sector comercio y servicios (extranjerizado) ha desplazado a los sectores productivos: El de la industria, para citar el otrora más dinámico en su crecimiento y generador de empleo.

Por su PIB, se sitúa a México en el lugar 13 entre todas las economías del mundo. En 2005 rosaba el octavo lugar. Por su PIB per cápita; esto es, el reparto del ingreso entre el total de su población, en el mismo mapa aparece en el sitio 43.

El reparto de la riqueza nacional por cabeza, alcanza el mismo porcentaje que hace 25 años. Pero en este periodo, el número absoluto de cabezas ha crecido un tercio.

En esas dos décadas y media, el poder político a escala nacional lo han detentado sólo dos partidos: El PRI y el PAN.

Las odiosas estructuras de la desigualdad

De manera recurrente, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal/ ONU) ha sostenido que la falta de equidad en la distribución del ingreso ha profundizado en México las estructuras de la desigualdad. Socioeconómica, por supuesto.

Datos al canto: Estudios de agencias multinacionales de las que México es Estado parte y publicaciones extranjeras especializadas en economía y finanzas, con puntuales análisis no desmentidos, aseguran que sólo 37 individuos o grupos familiares se agandallan del 15 por ciento del PIB. Puesto en números absolutos, de dos y medio billones de pesos (conclusión válida para 2016).

Esos análisis se sustentan en la participación del grupo de los 37 en la Bolsa Mexicana de Valores. Dicho de otra manera, en el mercado especulativo.

El régimen jurídico mexicano tiende un generoso manto protector a esos especuladores. El trasiego de las acciones bursátiles está al amparo de los secretos bancario y fiduciario.

Al asalto sobre los fondos de retiro de los trabajadores

El grupo de los 37 (con el gobierno a la cabeza) se beneficia de la discrecional disposición de recursos de los fondos para el retiro de los trabajadores, que nutren los balances contables no sólo de empresas nacionales, sino de los corporativos extranjeros.

La Bolsa Mexicana de Valores, durante los últimos dos años, reporta máximos históricos en su Índice de Precios y Cotizaciones (IPC), que no se reflejan en los estados de las cuentas individuales de casi 50 millones de cotizantes a los fondos de retiro.

Sólo cuando el IPC cae, la Comisión Nacional del Sistema de Fondos de Retiro (de los trabajadores) se expresa mortificada: Los saldos de las cuentas de obreros y empleados sufrieron “una minusvalía”.

En este apartado entra el tema de la Justicia Fiscal. El gobierno de Enrique Peña Nieto se comprometió -y cumple- con los hombres de negocios, a no legislar sobre nuevos impuestos a la empresa; al capital, pues. La hacienda pública federal sigue dependiendo de los causantes cautivos.

Recientemente, Peña Nieto ofreció más subsidios fiscales (e impunidad sobre el origen de los recursos), a los plutócratas que tienen cientos de miles de millones de dólares o euros en depósitos e inversiones en el extranjero, si están dispuestos a repatriarlos.

El reverso de la dorada medalla

El reverso de esa dorada medalla, es el siguiente: El diez por ciento de los mexicanos con más altos ingresos se embuchaca el 53 por ciento de la riqueza nacional: Unos nueve billones de pesos.

Más de 110 millones de compatriotas tienen que conformarse con el 43 por ciento de la riqueza “restante”. Calma, no sean codiciosos: Tendrán justicia en “la otra vida”.

Otro enfoque se ilustra de la siguiente forma: Los mexicanos en aptitud de trabajar suman unos 50 millones de individuos, lo que se denomina técnicamente Población Económicamente Activa (PEA).

De aquella cifra, más de 30 millones se ocupan en la economía informal. Los tecnócratas le llaman acertadamente “economía negra”. Ocupación no es empleo. Las prestaciones al empleo, regido por contratos colectivos, son permanencia y Seguridad Social.

Los “informales” carecen de esas garantías consagradas en el artículo 123 constitucional y en la Ley Federal del Trabajo. El propio Instituto Nacional de Geografía y Estadística (Inegi) tiene un casillero reservado a casi tres millones de personas ocupadas que no reciben ingreso.

Si se trata de estadísticas, el dato es desgarrador: Existen en México más siete millones de jóvenes etiquetados como ninis. No estudian, ni trabajan. No por su voluntad, sino por falta de soporte económico.

Con un agravante: Entre algunas categorías de “desocupados”, 48 por ciento acredita títulos de Enseñanza Media y Superior: Se ocupan en el ambulantaje, de taxistas o de meseros.

En otro rango están más de tres millones de niños sometidos a la explotación laboral; la mayoría de ellos acasillados en campos de concentración en predios agrícolas; de preferencia en campos de agricultura de exportación.

Los transterrados a los Estados Unidos

A partir de la década de los noventa, la contrarreforma agraria ha incrementado el jornalerismo rural y la expulsión de campesinos hacía las áreas metropolitanas de ciudades mexicanas, donde desempeñan ocupaciones precarias,  y hacia los Estados Unidos, donde realizan  labores que “ni los negros quieren hacer” (Vicente Fox dixit). Grandes segmentos forman el ejército de reserva del narco.

Aquellos mexicanos transterrados aportan al PIB mexicano unos 23 mil millones de dólares anuales, superando el ingreso por petróleo y turismo. Ahora se defienden las remesas, no la seguridad de permanencia de esos trabajadores en los Estados Unidos.

El despojo a los indígenas de su patrimonio secular

En fotografía aparte, están unos 13 millones de indígenas, cuyo patrimonio secular, titulado incluso desde La Conquista por la Corona Española, ha sido expropiado y expuesto a la depredación de filibusteros nativos y foráneos; especialmente en la industria extractiva.

Ahora, el dispensador de favores tiene para ellos, la Cruzada Nacional contra el Hambre.

El anterior sombrío cuadro retrata en toda su brutalidad las formas de colonialismo interno.

Carlos Slim, igual que Petronila

A propósito del reparto del ingreso per cápita, calculado siempre en dólares (unos ocho mil anuales), la ecuación es bastante simple y cínica: Están juntos Carlos Slim Helú, el hombre más rico de México y uno de los ocho más ricos del mundo, y la “chacha” Petronila  N., que sirve a aristocráticas familias en las zonas residenciales más exclusivas. Justicia Social era el nombre.

Esos 123 millones de mexicanos, sin excepción de clase,  han sido convocados a un acuerdo de unidad nacional para enfrentar tiempos tempestuosos que soplan furiosamente desde el norte. La Patria es Primero. Que San Francisco de Asís les haga el milagro a los convocantes. Es cuanto.