Dos modelos de gobierno

 

Todo gobernante busca imprimir su sello personal a su mandato, porque de éste dependerá su legado y el juicio de los gobernados a su quehacer gubernamental. Sirva de ejemplo el ex gobernador Mario López Valdez quien, desde su primera aparición, fijó expectativas muy altas de combate a la corrupción, disminución de la violencia y bienestar para la gente. La expresión que formuló era llamativa y afortunada “seré el mejor gobernador de la historia de Sinaloa” así lo afirmó, durante su toma de protesta como mandatario ante el pleno del Congreso y la algarabía de quienes lo escucharon.

Los sinaloenses le otorgaron el beneficio de la duda y se entregaron confiados a las promesas del pintoresco ex gobernador. Sin embargo, la historia no comenzó bien, pues desde el principio se detectó, en la composición de su gabinete, una proporción cuya lógica obedecía a los criterios de “cuotas y cuates”. Las cuotas claramente pretendían cubrir la parte del apoyo a los partidos que respaldaron su triunfo (PAN, PRD, Partido del Trabajo) y los cuates tuvieron acogida por padrinazgo y lazos amistosos. El resultado todos lo conocemos: el gobierno de López Valdéz se caracterizó por su opacidad e ineficacia.

El gobernador actual, Quirino Ordaz Coppel, ha tenido un comienzo distinto. Su estilo no es protagónico y se nota la decisión de designar, en los cargos principales, a exponentes con prestigio y reconocimiento. Se puede afirmar que la aptitud fundamental buscada en los designados es: capacidad con perfil adecuado. Quirino Ordaz anunció que iba por un “mejor Sinaloa, más seguro y con más empleo”. Nada hay aquí de grandilocuencia.

Un gobierno depende para sus logros de muchas causas. Ciertamente, influyen en los resultados, las condiciones económicas y naturales, pero lo fundamental es el talento humano. De acuerdo a este supuesto, es viable la existencia de condiciones más adecuadas, para la realización de objetivos y metas, en el gobierno de Ordaz Coppel.

Ya veremos de qué madera están hechos los funcionarios nuevos, cuando comiencen las presiones de grupos y asociaciones ciudadanas, o cuando detonen en el estado las consecuencias de medidas externas, que indudablemente nos afectarán, como el cierre de fronteras y la cancelación o renegociación del TLC; o bien, cuando tengan que enfrentarse a los descontentos con los gasolinazos y el aumento de la inflación.

El sexenio anterior fue asolado por fenómenos naturales como heladas, pero siempre hubo apoyos provenientes de la federación a través del fondo de desastres naturales (FONDEN); aun así, ahora nos enteramos de una manejo discrecional y opaco de los recursos públicos, según ha dado a conocer la Auditoría Superior del Estado, que ha provocado la suspensión de la Cuenta Pública del primer semestre del año 2016, por parte de una mayoría de diputados en el Congreso. El modelo de gobierno, basado en cuates y cuotas, ha dejado al descubierto, de la peor manera, sus fallas y limitaciones.

Ante los nubarrones que se ciernen sobre México y en particular en Sinaloa, en donde se suman el factor Trump y las emergencias nacionales, resultan positivos los nombramientos otorgados por el reciente gobernador, en áreas claves como economía, salud y educación. La tarea no es fácil. Pero si el equipo de gobierno evita las conductas de los funcionarios del sexenio pasado, sin duda estaremos del otro lado. Si no es así, “que la sociedad se lo demande”, como dice el juramento ansiado por muchos. También estará en juego el modelo de gobierno avalado en la profesionalización y el perfil de los servidores públicos.