Comida chatarra y comida basura

 

Como suele ocurrir cada año, esta semana la prensa local nos regaló un espectáculo inmoral y obsceno para el que no existe justificación, y peor aún, al cual nos hemos acostumbrado y solemos verlo como a la lluvia cuando no nos moja.

Ante la caída de los precios de productos agrícolas frescos (por exceso de oferta, por baja demanda… por lo que sea), los agricultores sinaloenses tiran sobre las orillas de las carreteras toneladas de hortalizas, cuyo único defecto es no existir alguien que las compre, a veces puede ser tomate, otras pepinos, de repente calabaza, etc. Esta vez, las páginas de los diarios nos mostraron fotos donde toneladas y toneladas de tomate, yacían regadas sobre la vera de los caminos de nuestros valles, una evidencia documental sobre la facilidad con que los sinaloenses podemos cometer, con gran indiferencia, la peor de las infamias: tirar a la pudrición una excelente comida. Luego nos andamos extrañando por tanto matón, y lo queremos arreglar con marchas donde lamentamos la pérdida de los valores.

Los productores no trabajan para combatir el hambre de los mexicanos, lo hacen para ganar con que vivir, es su modus vivendi…y nada más. En cambio, el gobierno mexicano (federal, estatal y municipal) sí tiene entre sus obligaciones atender esa necesidad, por primordial y estratégica para cualquier país que se precie de serlo, así que resulta pertinente preguntarnos ya, sí no es mucho el retraso para atender una necesidad ante la cual se presenta una oportunidad que vale la pena aprovechar.

A los propios agricultores, les afecta tener tirada esa hortaliza en las inmediaciones de sus campos, pues es fuente de plagas y enfermedades vegetales, la pregunta entonces es ¿por qué no tenemos, al menos desde Culiacán hasta Ahome, programas municipales o estatales para impedir ese derroche? Cuestión de distraer unos días cuanta camioneta tenga el gobierno, para cargarlas de productos y regalarlas por pueblos y colonias; esto no es factible, es obligado cuando, repito, estamos tirando la comida no al bote de basura sino a la calle, donde todo mundo lo vea.

¡Pues qué chingados queremos presumir! Perdón por mi francés pero es demasiada la indignación.

Hasta eso que los reclamos no nada más deben ser para nuestros gobiernos, también nosotros no hemos querido entender que Sinaloa, con cada día que pasa, se va convirtiendo en una región más depauperada, más pobre y más miserable (esto último en términos morales y no económicos) donde, pese a ello, sigue siendo general la pretensión de aparentar más de lo que en realidad se tiene: nadie es capaz de ponerse a hacer su propio puré, su propia pasta de tomate, su propio tomate deshidratado, etc. Todo se compra en el supermercado, no vayan a pensar los demás que andamos necesitados de hacer ahorros.

De hecho, honor a quien honor merece, al único que en su momento le he oído tocar el tema con propuestas de solución incluidas, es Héctor M. Cuén Ojeda, quien en su momento nos ilustró sobre las propuestas e iniciativas que trae el PAS al respecto, una de ellas también harto interesante e inexplicable no se haya hecho antes: promover lonjas de agropecuarios en todo el estado, donde los consumidores podamos comprarle directamente al productor. Así de fácil, así de sencillo.

Nada más falta aclarar por qué no lo hemos hecho. A lo mejor somos demasiado inteligentes.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.