¡Ahí vienen los gringos!

Al sonoro rugir del cañón. Toque a zafarrancho: ¡Ahí vienen los gringos!

En tributo a la sacrosanta Libertad de Expresión en México, podríamos hablar de El ciudadano Kane, del genial Orson Welles.

Tentador, pero preferimos un poco de realismo mágico del que nuestra Historia tiene sobradas dosis.

Si se trata de magnates del periodismo amarillo, de Kane demos su verdadero nombre: William Randolph Hearst.

Y digamos que, hace un siglo, don Guillermo era el tercer más poderoso latifundista en Chihuahua: 350 mil hectáreas.

Tenía mucho que defender ese paladín de la Libertad de Prensa.

En abril de 1915, se había reculado en la ocupación armada de México por tropas navales estadunidenses, que tomaron el puerto de Veracruz: No fue precisamente voluntaria esa reconsideración.

Un ya olvidado patriota nacido de Atlacomulco, Estado de México, Isidro Fabela era su nombre, era consejero del constitucionalista Venustiano Carranza. Ambos defendieron, de veras, la dignidad y soberanía nacional. No como ahora dicen los mexiquenses.

Retornaron a sus bases en los Estados Unidos los marines invasores. La crisis interna, sin embargo continuó.

Para el “periodista libre” William Randolph Hearst, lo del 15 era una humillación inadmisible. Empleó su cadena de medios, tratando de sonsacar a la Casa Blanca, ocupada por Woodrow Wilson, para que volviera a la carga  contra  territorio mexicano e impusiera presidente, de preferencia un ciudadano estadunidense.

Va a hacer 97 años, este mes,  que el secretario de Estado, Robert Lansing, le cursó una carta al provocador “periodista libre” pero amarillo:

Tenemos que abandonar la idea de poner en la Presidencia mexicana a un ciudadano americano, ya que eso conduciría otra vez a la guerra. La solución necesita de más tiempo: Debemos abrirle a los jóvenes mexicanos ambiciosos las puertas de nuestras universidades y hacer un esfuerzo por educarlos en el modo de vida americano, en nuestros valores y en el respeto al liderazgo de Estados Unidos.

México necesitará administradores competentes y, con el tiempo, esos jóvenes llegarán a ocupar cargos importantes y eventualmente se adueñaran de la misma Presidencia.

Y sin necesidad de que Estados Unidos gaste un centavo o dispare un tiro, harán lo que queramos, y lo harán mejor y más radicalmente que lo que nosotros podríamos haberlo hecho.

Ya somos Estado libre aherrojado

Cinco décadas después, la estrategia recomendada por Robert Lansing cristalizó con creses: En México arribaron al poder los jóvenes ambiciosos formados por las universidades norteamericanas en los valores de los Estados Unidos  y en el respeto (sumisión) al liderazgo de la potencia imperial.

Esta semana, rencarnaciones de William Randolph Hearst, volvieron al ataque desde Nueva York: “Washington enviará tropas para liquidar a los malosos mexicanos”.

El acero aprestad y el bridón. Si de distractores se trata, ¿Por qué mejor no resucitamos a El chupacabras y al Mochaorejas? Así la Casa Blanca no tendrá que gastar un solo centavo ni disparar un solo tiro. Es cuanto.