Trump recibirá al Primer Ministro de México

 

La sedicente “clase política” agotó los últimos gramos de racionalidad y escrúpulos, y a la casta tecnocrática se le agotó la pila: La nave del fáctico Pacto por México se ha perdido en el espacio. La NASA especula que tal vez se desintegró y posiblemente su tripulación se quedó sin oxígeno.

Aclaración obligada: Por “clase política” y tecnocracia debe entenderse una burocracia incompetente y acerdada.

La inescrupulosa partidocracia y los tres Poderes de la Unión, aislados de la realidad donde existen 123 millones de mexicanos, siguen encerrados en su burbuja mediática.

En todo el espectro electrónico nacional, esos agentes del Estado, sin excepción, en una misma e incoherente partitura, siguen emitiendo millones de spots con los que se pretende convencer a los compatriotas de que son víctimas de alucinaciones, acaso producto del cambio climático.

Haciéndole al aprendiz de sicólogo, afirman que todos los fenómenos adversos que les calan en carne y hueso, son meraspercepciones.

¡Despertad!, mexicanos: Darse cuenta que por primera vez México ha sido elevado al Nirvana.

Todo, dicen aquellos millones de spots, es paz, prosperidad y felicidad… para las calendas griegas porque, hoy, cada escena de horror que se pasa en las pantallas televisivas o se describen en  los medios impresos corresponden “al resto” del mundo. México es el mero paraíso.

“Calles como infierno”, escribiría el poeta muerto José Emilio Pacheco. Pero la burocracia mexicana no lee a los poetas-filósofos. Está abstraída fabricando matrices insumo producto en descuadradas gráficas que se confeccionan en computadoras, cuyo disco duro está invadido por virus maliciosos.

Vuelven los ecos del discurso populista

En tal grado de alienación han caído los portavoces del Estado, los públicos y los de grupos privados de poder real, que -detractores del aborrecido populismo-, se apropian sin embargo de exhortaciones a las que, desde la década de los 70, los del viejo régimen apelaban desde las trincheras del voluntarismo  para tratar de aquietar el embravecido océano.

¡Unidos en lo esencial”, se les escucha exclamar un día sí y otro también. La proclama la lanzó desde 1976 el populista Luis Echeverría, apenas cuatro meses después de abortada la Conspiración de Chipinque (Monterrey, Nuevo León), por la que se pretendió derrocarlo.

Argumentaba Echeverría entonces que “es más lo que nos une, que lo que nos divide. Encontremos las convergencias”.

El discurso de Echeverría tuvo un eficaz resultado, al menos electoral: Su sucesor, José López Portillo llegó a Los Pinos en 1976 con la más alta votación que haya logrado un Presidente desde la elección de Lázaro Cárdenas del Río en 1934.

Para 1994, el PRI, en sus tres denominaciones, había vencido en doce votaciones presidenciales, 24 votaciones para legisladores federales, 360 votaciones para gobernador y 54 mil 600 para presidentes municipales. Se dice pronto.

Las aguas mansas no vuelven a su cauce

Con el mismo método retórico se pretende ahora que las otrora aguas mansas vuelvan a su cauce.

Pero los diques están rotos: Ayer mismo -haciendo abstracción de la carnicería registrada el fin de semana en varios municipios de México-, en los estados más convulsionados del país continuaron las protestas contra los gasolinazos y su más subversiva consecuencia: La galopante carestía de los artículos y productos de consumo necesario en el llano.

Las cajas de resonancia le bajaron de tono a esas acciones populares. Optaron por privilegiar la movilización sabatina de mujeres contra el machismo de Donald Trump.

En las mismas horas, en el mercado de jarritos para la baba se anunció que el 31 de enero el republicano ya en funciones recibirá en Washington a Enrique Peña Nieto. El vocero de la Casa Blanca lo identificó como Primer Ministro de México. Tal es la seriedad con la que la nueva presidencia gringa toma a su patio trasero.

De todas formas, entre barra y barra noticiosa, hoy todavía se denostaba al demonio anaranjado. No es suficiente para catalizar la convocada unidad nacional.

Veremos con que nos topamos el 1 de febrero. Es cuanto.