Tres Ríos

La falta de cuadros del Partido Revolucionario Institucional se refleja en la precaria batería con que este instituto político cuenta en el estado de Sinaloa.

La suciedad de algunos de los diputados locales del Revolucionario Institucional se hizo acto de presencia desde el primer minuto de este año 2017 y tuvo como telón de fondo el caso del aumento de los combustibles disparado a mansalva por el gobierno federal con aplicación inmediata en cada uno de los hogares de los mexicanos.

Aunque ya había sido pronosticado por los sinaloenses, los diputados locales coagulados con el PRI vandalizaron sus actos y causaron destrozos en las esperanzas de los habitantes de la entidad al oponer resistencia a la propuesta de un punto de acuerdo para reclamar los incrementos a los combustibles.

El impacto en el bolsillo de los consumidores definitivamente será en seco, ya que el salario mínimo no se ha movido a nivel globalizado ni en términos de lo que marca la Ley Federal del Trabajo para tener satisfechas las necesidades de toda familia y por tanto es violatorio de los derechos humanos, al permitir que el sueldo de un día se vaya en menos de cinco litros de gasolina.

No es curioso ni casualidad que los diputados priistas se desgarren la vestidura por su presidente nacional, pero la realidad es que ni siquiera matizaron con argumentos su negativa a dicho punto de acuerdo.

Mejor optaron por mayoritear y enviaron al refrigerador la propuesta presentada por el legislador Roberto Cruz, quien asegura que es doloroso el trance para el gobierno federal, pero resulta más penetrante para los pobres que tendrán que cargar con el pago de la medida gubernamental.

Uno de los que se subió al ring sin argumentos y salió vapuleado duramente, fue el diputado novato José Menchaca, pupilo de David Epifanio López, que acreditó así que no sirve para domesticar tormentas en materia social y legislativa.

José Menchaca confundió las cosas al decir que Roberto Cruz estaba en plena campaña, pero la realidad es que para la elección de gobernador falta mucho y la tormenta perfecta de la crisis es actual y pavorosa, lo que pone en evidencia de que al legislador priista le falta escuela política y literatura de contenido patriota y nacionalismo.

El colmo de los males es que ningún legislador priista muestra tablas para ofrecerlas en el congreso del estado.

Dan lastima. Es que fueron producto del fraude, exactamente igual que el gobernador del estado y, con evidencias que se magnifican con los hechos, hasta el presidente del país.

Y es lastimoso también su papel.

Conste, Roberto Cruz no es santo de nuestra devoción, pero hay que reconocerle que está mostrando preocupación de que a los sinaloenses del llano solo les toquen las patadas y a los políticos y ciudadanos vip se les llene el buche y las entrañas con los destellos de la plata.

El Partido Revolucionario Institucional debería alimentar a sus legisladores al menos con sopas de letras para que conozcan el contenido de la Constitución Política del Estado, así como las leyes que de ella emanan.

De no hacerlo, la bancada estará actuando bajo la regla de Aquimichu (Aquimichu la mi burrita da un paso para adelante y da cuatro para atrás) y eso no conviene e un estado democrático ni va acorde al espíritu con que nació el muy H. Congreso del Estado.

Por cierto, llama la atención que otros diputados locales panistas, por ejemplo Zenén Xóchihua Enciso, Juan Pablo Yamuni Robles, Sylvia Treviño Salinas y Francisca Henríquez Ayón, se hayan quedado callados y no hayan insistido en defender la exigencia ciudadana de que al menos se dijera en el congreso que los legisladores estaban de parte de la caja chica del gobierno, es decir, de los pobres que pagarán el aumento de los combustibles.

No se necesita consultar las aguas premonitorias ni los librillos de los pitonisos políticos para saber que la propuesta no tendrá los esteroides necesarios para despertar los redobles legislativos y es casi un hecho de que el punto de acuerdo propuesto por Roberto Cruz Castro morirá en el refrigerador del Congreso del Estado.

Así se las gastan los modernos defensores de los intereses ciudadanos que vegetan en el congreso estatal bajo el ropaje tricolor.

Ya acabé.