Luis Videgaray en caballo de hacienda

Los itamitas diseñan 2018

Hace unos seis años -tibio está el audio aún- que, súbitamente, el patriarca de Bimbo exclamó ¡Pobre presidente!

No aludía don Lorenzo Servitje a ningún presidente de tantas instituciones de las que es miembro y en algunas lleva la voz cantante.

Se refería a Felipe Calderón, cuando éste chapoteaba en el océano de sangre que inundaba el territorio nacional y su “buque de gran calado” (el de la economía boyante) registraba gruesos boquetes y no encontraba obreros para calafatearla.

No sabemos si a don Lorenzo se le agotó la piedad, o la paciencia, y no le hemos escuchado similar expresión de compasión en estos sombríos tiempos pinoleros.

Por aquellos días, el michoacano había contratado un comisario de facto de medios y había impuesto a más de 600 empresas de comunicación mexicanas un compulsivo voto de autocensura.

Era la señal de que, en Los Pinos, los responsables del área de opinión e imagen presidencial (engolfados en contratos a agencias de relaciones públicas de las que eran socios), demostraban su novatez, ineficacia y fracaso en el manejo de una estrategia de comunicación social para salvar a su jefe del naufragio.

El mandatario panista que instituyó el diagnóstico de “percepción” para valorar el sentir de los mexicanos que no veían que, “aunque no lo parezca, vamos ganando la guerra”, terminó en 2012 por rembolsar al PRI la Presidencia de la República.

La película vuelve a exhibirse nuevamente cuando el mexiquense Enrique Peña Nieto transita con el traje de luces desgarrado el tercer tercio de su catastrófica faena.

El difunto René Avilés Fabila escribió en los sesenta la fábula de El solitario de Palacio para describir el estado emocional de Gustavo Díaz Ordaz en los negros días de La matanza de Tlatelolco en el 68. Fábula, porque sus detractores presentaban al poblano como un gorila.

Su antecesor, el mexiquense Adolfo López Mateos, había catalogado el tercer tercio de su mandato como una especie de liberación: Se desembarazaba, por fin, de sus aduladores que, en su condición de trepadores sexenales, ya andaban arrimando su sardina a los fogones de los precandidatos a la sucesión.

De cómo mandaban los que mandaban

Corre video: Hasta el periodo de Luis Echeverría, el huésped de Los Pinos solía confiar la funcionalidad de su administración a los secretarios encargados de despacho. Pero siempre, los mandatarios solían tener cerca a lo que los observadores llamaban “ministro sin cartera”. Una suerte de asesor áulico súperpoderoso.

Los tiempos cambiaron y los presidentes neoliberales pretendieron atajar el ímpetu de la caballada sucesoria, ampliando el abanico de la selección con el diseño de un gabinete paralelo. Al menos servía para poner nerviosos a los secretarios que se sentía presidenciables. Tascaban el freno.

Peña Nieto, hasta la fecha, no ha podido encontrarle la cuadratura al círculo. Su intemperancia lo ha empujado a podar un mes sí y otro también el equipo original con el que arrancó su sexenio. Algunos han sido enrocados y otros fueron mandados a retiro.

En un lugar de San Ángel, de cuyo nombre no puedo acordarme

Cambio de página: Maliciosos analistas sospechan que se confirma el ensayo de Vicente Fox -gobierno de empresarios, por empresarios y para empresarios- e insinúan que la tendencia a privatizar el poder presidencial parece a galope.

Aunque los primeros indicios se dieron en el sexenio de Carlos Salinas de Gortari, en el actual periodo presidencial ha cobrado verosimilitud: La irrupción de la secta de Los Itamitas como poder tras el trono.
Con esa etiqueta se identifica a cuadros tecnocráticos formados en el privado Instituto Tecnológico Autónomo de México (ITAM).

El tronco de esa formación lo fertilizaron alumnos de ese plantel que han terminado con el rango de patronos. Abrieron la brecha pública personajes como Miguel Mancera Aguayo, quien fungió como director general del Banco de México, del que en su última etapa fue gobernador.

El segundo fue Gustavo Petricioli Iturbe, quien recorrió la escala en varios puestos públicos del área financiera, hasta llegar a la Secretaría de Hacienda y culminar su carrera como embajador de México en los Estados Unidos.

Se les puede catalogar a ambos como el pie de cría de la secta. Ambos egresados del ITAM obtuvieron postgrados en la enigmática Universidad de Yale, sede de otra secta: La de Huesos y calaveras.

Otro Itamita es el mazatleco ex secretario de Hacienda de Fox, Francisco Gil Díaz, quien de su lado prefirió la Universidad de Chicago, la de Milton Friedman.

¿Camaradería o conspiración?

Vámonos recio: Durante el gobierno de Miguel de la Madrid, alcanzó fama la residencia de Arturo 8, en el selecto barrio de San Ángel, de la Ciudad de México.

No era una casa clandestina, propiamente, pero los miembros de La familia feliz la usaban para tener ahí sus reuniones privadas, alejadas del mundanal ruido y de la indiscreción de los medios.
Cercano a aquel domicilio, en la zona de Altavista, funciona un restaurante de postín, donde sus clientes pasan previamente por el derecho de admisión.

No es esta una incitación a una visita turística guiada. Es una excursión reporteril para concluir que en dicho desayunadero se convocan a cónclave conspicuos tecnócratas en activo en el que se dirimen cuestiones de orden político-económico.

La figura gurú en esos convites es el patrono del ITAM, Miguel Mancera Aguayo. Vale recordar que éste renunció a la dirección del Banco de México, colérico por la expropiación bancaria decretada por José López Portillo, de la que no fue consultado; a los meses fue restituido.

Lo sabroso de esta narrativa, es que uno de los comensales asiduos a esos cónclaves, es otro distinguido egresado del ITAM, con posgrado en el Instituto Tecnológico de Massachussetts (USA), Pedro Aspe Armella, secretario de Hacienda de Salinas de Gortari y operador de la reprivatización del sistema de banca y crédito mexicano.

Asiste también otro de la secta itamita, el esférico doctor de reincidente apellido Agustín Carstens Carstens, ex secretario de Hacienda de Calderón y actual gobernador dimitente del Banco de México.
No agotaremos la lista: El personaje que interesa para efecto de estos comentarios, es Luis Videgaray Caso, otro ilustre formado en el ITAM y -como Aspe Armella, con postrado en Massachussetts-, primer secretario de Hacienda de Peña Nieto. Aspe Armella fue considerado mentor y padrino del actual secretario de Relaciones Exteriores.

“Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud”

No resulta difícil adivinar cuáles son los temas de la agenda, dada la especialidad de los miembros de dicho club.

Subrayaremos, sin embargo, dos cuestiones de palpitante actualidad: La crisis económica y la relación con el presidente de los Estados Unidos, Donald Trump.

Videgaray fue denostado por haber sido el gestor del encuentro entre Peña Nieto y Trump en el verano pasado Fue aparentemente defenestrado. El magnate republicano llegó a la Casa Blanca. Videgaray fue reivindicado como canciller, con credenciales para tratar directamente con Trump.

Citemos un principio establecido por la Constitución: Se deposita el Supremo Poder Ejecutivo de la Unión en un solo individuo que se denominará Presidente de los Estados Unidos Mexicanos. ¿Será?
¿Qué andan haciendo miembros del gabinete explorando en huertos ajenos?

Corolario: A Luis Videgaray Caso, al ser defenestrado, se le consideró excluido de la sucesión presidencial de 2018.

Los muertos que vos matáis, gozan de cabal salud. En un potrero donde pasta una caballada flaca y acorralada, desde hoy se puede proclamar: Con padrinos de tan larga y diestra carrera en la vida pública de México, ¡Candidato habemus! Al tiempo. Es cuanto.