Lento arranque de Quirino; perdió tiempo en paseos que era de planeación

Intocable aun el oscuro negocio de la cerveza; casos de Cárdenas y Pérez

Ni con tirios ni con troyanos. El gobierno descolorido, lento y tibio de Quirino Ordaz Coppel muestra falta de interés en servir a sociedad, incluyendo a los priistas, a los que prometió una ventanilla VIP para todos sus asuntos.

Es un funcionario distante de las inquietudes y requerimientos de la sociedad.

El viajero frecuente en el periodo de transición, de la jornada electoral de junio al Año Nuevo, ya dio la razón a quienes sostuvimos que perdía lastimosamente el tiempo en ese periodo que debió ser para organizar su arranque de administración con hechos que avalaran sus promesas, de trabajar con intensidad desde el principio.

Nada acostumbrado en su trayectoria de servidor público a sudar la camiseta, Quirino quiso pisar alfombras rojas en México y el mundo, en lugar de preparar un inicio ciclónico de gobierno, que le ganara el reconocimiento de un pueblo que tiene presente su llegada al poder por la vía antidemocrática y de fraude descarado, en una elección de estado.

La etapa del turismo oficial sin sentido, cobra su factura al heredero de la fortuna, con un gobierno que comenzó lento, sin chispa y, lo más importante, carente de hechos, no sólo por falta de organización previa sino por la caja vacía que le dejaron en la tesorería y con muchas cuentas por pagar en el corto, mediano y largo plazo.

Pero esta circunstancia debió obligar al mandatario a hacer un ejercicio de imaginación para suplir la falta de recursos financieros.

En su hoja de servicios no se encuentra ningún antecedente de función dinámica y creativa, siempre en la inercia burocrática para no hacer ruido y no trascender. Funcionario de corte palaciego, que convence con el halago y no con resultados, nunca con paso firme y constante, no supo siquiera mover a su gabinete para entrar en actividad, mientras él terminaba de deshojar la margarita me muevo-no me muevo.

El gabinete en pleno, que carece de un capitán de campo, el secretario de gobierno o el tesorero, está en espera de que el gobernador se mueva primero para conocer si es trote o paso pausado. Y todo sigue en compás de espera, porque el semestre del año pasado fue de regodearse en el resultado del fraude y buscar aplausos, aunque fueran hipócritas.

Las consecuencias las paga Sinaloa.

GRANDES INTERESES COMERCIALES Y DE MANIPULACIÓN POLÍTICA frenan un proyecto para llevar la ola de liberalización de insumos y servicios al comercio de la cerveza, a fin de poner fin al arcaico esquema de expendios que son punta de iceberg de un negocio oscuro, corrupto, de grandes tajadas de beneficios para funcionarios en busca de ese filón de oro que enriquece y envilece.

El gobierno del estado no conoce aún el perfil de ejecutivo que decida desprenderse del redituable sistema de control que les permite obtener grandes comisiones de las empresas cerveceras.

En estados donde la venta de cerveza no tiene las restricciones vigentes en Sinaloa, el negocio se vuelve más transparente y permite reducir el consumo de la bebida, además de que fortalece al pequeño comercio y no a políticos, familiares de políticos y cuates de políticos, periodistas y empresarios que forman cadenas comerciales en torno al producto “gancho”.

En los gobiernos de Francisco Labastida Ochoa y Renato Vega Alvarado, la concentración de permisos de expendios en familiares y amigos fue más acentuada. En el segundo caso, cabe aclarar, quien repartió autorizaciones fue el entonces secretario General de Gobierno, Francisco Frías Castro.

Así compró adhesiones y compromisos personales, no hacia el estado, aprovechando la buena fe del mandatario que confió en él más de lo que merecía Frías. Pero esta es otra historia.

El asunto de la cerveza es una fuente de beneficios para funcionarios sin escrúpulos.

Con Mario López Valdez tuvimos dos casos emblemáticos. Uno, el subsecretario de Normatividad e Información Registral, Bernardo Cárdenas Soto, favorecido con la llave del negocio de la cerveza en Sinaloa.

Sin perfil político ni empresarial de relieve, nombrado sólo por ser hijo de un gran cuate de Malova, Cárdenas Soto pasó por los pasillos oscuros de palacio para no mostrar sus limitaciones y dedicarse a cobrar favores a las cervecerías a través de la barandilla de Alcoholes, donde todo abuso fue posible.

Así fue Cárdenas el enlace conveniente del mandatario con el selecto círculo de los distribuidores de las grandes marcas que controlan el mercado sinaloense.

Segundo caso, ya expuesto en este espacio.

A la sombra de la cerveza se dan grandes casos de corrupción, como el del Instituto Promotor del Deporte, donde el empresario radiofónico Manuel Francisco “Pelón” Pérez Muñoz, tuvo permiso de Malova para cobrar, desde esa pantalla de falsa institución privada, un diez por ciento de la venta de cerveza en horario nocturno en Sinaloa, es decir, de las 10 de la noche a las 4 de la madrugada, con mano libre para disponer del 30 por ciento de ese ingresos para sus “gastos administrativos”, fuera de toda fiscalización oficial. Sólo Malova, Cárdenas y Pérez saben cuánto dinero pasó por esas manos.

Es la forma de mantener abierta la “línea directa” del medio radiofónico con la divulgación informativa que convenga al gobernador. Así pasó antes y así quieren que siga pasando.

Por supuesto que el PIDS no es organismo privado porque maneja recursos que corresponden al estado.

Y si se considera que Pérez Muñoz realizó como constructor la obra deportiva del pasado régimen, grande, mediana y pequeña, y, además la administra, entonces se tiene la medida exacta del negocio que regaló Malova a su cuate.

Pero eso no es todo: el señor de la “línea directa” puede imponer al gobierno del estado y también a los municipios, ventajosos convenios de publicidad.

Si consideramos que en Ahome logró cobrar más de 2.6 millones por año a la Junta de Agua Potable y Alcantarillado para difusión de sus noticias, y una cantidad tres veces más grande al municipio gobernado por Arturo Duarte García, no podemos menos que considerar el pesado lastre financiero que representa para el gobierno la relación con “El Pelón” Pérez.

Y falta agregar la utilidad de las obras en los Centros de Usos Múltiples, con costo de 330 millones de pesos, por cada una.

Estos datos nos llevan al comentario inicial de que en torno al negocio de la cerveza se realiza un extendido manto de corrupción que en realidad sólo beneficia a unos cuantos personajes siniestros que concentran los afectos del mandatario.

Lo que la bebida ambarina representa como fuente de ingresos, parecidos en opacidad a los de algunos zares de la droga, debe obligar a una reforma a fondo del sistema que resiste a todos los vientos de cambio.

Pero cambiarlo afecta intereses que todavía no hay gobernador de Sinaloa que se atreva a tocarlos.

Mientras este saqueo siga adelante, las promesas de combatir la corrupción son nada más que patrañas y distractores de la opinión ciudadana, papeles para que autorice el Congreso leyes que no traen justicia, sólo para contener el exacerbado nivel de hartazgo colectivo ante la impunidad institucionalizada en el gobierno.