De la falta de Respeto a la falta de miedo

En los países normales, de esos que no padecen de un estado fallido como es nuestro caso, los niños sueñan con ser bomberos o policías para “defender y cuidar de los demás”.

En los países normales.

Lo ocurrido este fin de semana en Rosarito B.C., donde un tipo se roba un carro para ir y estrellárselo a un piquete de federales antimotines, más que un acto de barbarie pareciera un sueño cumplido, algo así como los XV de Rubí.

No voy a negar la cruz de mi parroquia: no veo bien a nuestros cuerpos policiacos. De hecho los odio pero no gratuitamente, se lo han ganado a pulso con sus abusos, sus corruptelas y sus crímenes, por lo mismo no puedo clasificarlo como una manifestación de barbarie popular, porque barbarie, lo que se dice barbarie, es lo que hicieron policías de Guerrero cuando entregaron a 43 normalistas al crimen organizado (a sus patrones, pues), para que fueran asesinados y desaparecidos de la faz de la tierra.

Lo de Rosarito, me parece, es una muestra inquietante de hasta donde llegó el hartazgo de la población y aclaro: siempre y cuando no vaya a resultar que el tipo es un provocador pagado por el propio gobierno. Los policías en México hace décadas perdieron el respeto del público, desde que el “sistema” decidió que no estaban para cuidar y proteger al ciudadano común, sino para reprimirlo cuando se opusieran a los abusos y raterías de los mexicanos de primera, los de verdad, no los pelagatos como usted o yo. El hecho lo veo entonces, como evidencia de que ésta situación ya no tiene para atrás, el respeto a la autoridad no se ha perdido porque hace mucho desapareció, lo que si se perdió es lo último que les quedaba: el miedo. Peña Nieto acabó con el último adhesivo nacional, el irracional miedo de que pudiéramos estar peor; con cada día que pasa y conforme se acumulan evidencias, más me convenzo de que los mexicanos hicieron sus cuentas y concluyeron que a Peña no lo vamos a poder soportar en los dos larguísimos años que todavía le quedan, así que en un descuido esto va a terminar con su renuncia, y antes de que me tilden de tumbado del burro por plantear semejante solución, les menciono que la premisa que se vive en México es la recomendación de Maquiavelo al príncipe: más vale ser temido que querido. Sí, nada más que el consejo era para el príncipe no para sus achichincles, el escenario de hoy es que hemos perdido el miedo y después de eso cualquier cosa es posible.

Digo yo.

Jorge Aragón Campos

Jorge Aragón ha ejercido el periodismo radiófonico, televisivo y escrito. También ha publicado novelas, ensayos y artículos científicos. Sus columnas tocan temas que van desde lo político hasta lo cultural.