Clouthier y la bandera del insulto

Parafraseando la conseja popular: Padre tesonero, hijo marrullero, nieto tracalero ¿Cómo se arma una carrera política, sin ningún ideario político, sostenida por el insulto y la traición? Simple: al grito de todos son pendejos y corruptos menos yo.

Todavía está por verse, entonces, si el diputado independiente Manuel Clouthier Carrillo pasa de la verborrea a los hechos en los casos de corrupción que le ha endilgado al ex gobernador Mario López Valdez, a quien en el 2010, alzó la mano, apoyo del que ha dicho estar arrepentido.

No falta la referencia: al arranque del siglo XX, de Sinaloa surgieron verdaderos titanes, tanto de la empresa privada como de la política, producto de la cultura del esfuerzo. De la política, los vástagos derrocharon las habilidades que pretendieron heredarles sus padres.

De los emporios privados, los sucesores despilfarraron el capital económico. Quebraron las empresas heredadas, unos, otros viven pegados, parasitando del poder, reclamando oxígeno a los gobiernos para la subsistencia de sus negocios.

En Mazatlán, de la veta industrial, algunos depositarios se enfangaron en los juegos de apuesta. Terminaron suicidándose.

En Los Mochis, el decoro y el prestigio de sus padres han sido en algunos casos manchados por sus retoños en la incursión en actividades criminales, tan generalizadas en nuestros días. En otros casos los vástagos perviven pegados a los presupuestos estatales y municipales.

En Culiacán, modelos de negocios agroindustriales boyantes, terminaron en terceras manos y sus detentadores hasta optaron por su conversión religiosa y emigraron al extranjero cercano.

De casta le viene al galgo, dice el refrán popular, y aplica a quienes, ostentando puestos de representación gremial, han basado su supervivencia y crecimiento en el tráfico de influencias.

En este perfil encaja el difunto Manuel de Jesús –El Maquío– Clouthier del Rincón. Su progenitor se preocupó por desarrollar sus aptitudes innatas, dándole oportunidad pulirlas y perfeccionarlas en instituciones de enseñanza superior.

En su ciclo vital, en el sector privado Clouthier del Rincón sacó rendimientos a su formación académica y empresarial. Multiplicó su heredad como pocos de los de su clase: un gigantesco latifundio y más de una decena de sólidas empresas productivas, auspicios a instituciones educativas y filantrópicas, le dieron la apariencia de ser generoso e indispensable.

Pero el hombre económico no tiene medida ni freno. En cuanto más creció su fortuna, más Clouthier del Rincón estrechó sus lazos de dependencia de los favores de los agentes del poder político.

En dos episodios, en el primero, uno de sus correligionarios en la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), don José María Basagoiti le llegó a reprochar que los cargos de representación empresarial no son para contemporizar con el gobierno, sino para combatirlo y acotarlo.

En el otro, un personaje que había sido su colaborador en el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), lo llegó a tipificar como un riesgo para ese sector, por sus actitudes desafiantes al gobierno en grado de provocación.

Contaban sus cercanos que, en el despacho gerencial en las plantas de El Palmito, Clouthier del Rincón exhibía una fotografía en la que aparecía con el presidente José López Portillo. Lo consideraba su amigo.

Fue precisamente en ese periodo presidencial, cuando directivos de asociaciones agrícolas del estado lo acusaron de recibir tratos preferenciales -fiscales y financieros- de la Federación, que desviaba a  destinos diferentes para los que le fueron asignados originalmente.

No obstante su aparente autonomía como prestigiado hombre de negocios de talla nacional e internacional, para cuya protección creó su división periodística, a El Maquío le picó el gusanillo de la política. Pretendió prescindir de los gestores en el gobierno para convertirse en el gobierno mismo.

Su fallido ensayo en busca de la gubernatura de Sinaloa en 1985, no lo amilanó para tratar de convertirse en Presidente de la República en 1988. Tras su derrota, pareció invulnerable en su condición de demócrata cuando convocó a la resistencia civil contra el fraude electoral, no obstante la descalificación de sus métodos por los dirigentes del partido postulante, el de Acción Nacional.

En este capítulo, Clouthier del Rincón  entró a la leyenda negra. Sus detractores lo acusaron de haber transado con el gobierno de Carlos Salinas de Gortari mediante el finiquito de un viejo conflicto con otro hombre de empresa culichi, por el que recibiría una cuantiosa compensación por “sus gastos de campaña” a cambio de desistirse de una demanda en proceso en tribunales judiciales.

El Maquío murió en octubre de 1989. Entre sus hijos que pretendieron mantener en alto sus banderas, destacó Manuel Clouthier Carrillo. Sin los reconocidos talentos de su padre, Manuel hijo se metió a la aventura política. No fue casual su repentina “vocación”.

Durante el sexenio de Ernesto Zedillo Ponce de León, y siendo procurador general de la República el panista Fernando Antonio Lozano Gracia, cayó en manos de éste un pliego en el que se le informaba de la solicitud de averiguación de presuntos fraudes imputados por inversionistas canadienses a los socios de Arrocera El Palmito.

Entre los involucrados, aparecían miembros de la familia Clouthier Carrillo. El nombre de Manuel era uno de ellos. Lozano Gracia ordenó, en principio, a la Delegación de la PGR en Sinaloa, continuar la averiguación con la intención de turnarla a instancias de administración de justicia.

Antes de que Lozano Gracia fuera defenestrado de su encargo de procurador, el expediente respectivo fue extraviado o cerrado sin explicación pública.

Fallecido El Maquío, el espectro político regional fue marcado por el clouthierismo como frente de vanguardia del panismo sinaloense. Obviamente, Manuel hijo era el portaestandarte de esa corriente. Acaso porque en 1988 la dirigencia nacional del PAN traicionó a su candidato presidencial, a manera de compensación el propio partido reclutó a Manuel para hacerlo, poco después, por primera vez diputado federal.

Fue así como arribó a la legislatura federal. Por una concesión fúnebre. Avaló y apadrinó su ascenso el entonces presidente panista Felipe Calderón Hinojosa. Es ungido Clouthier diputado del PAN en la LXI Legislatura Federal

Imitando burdamente el estilo intemperante de su padre El Maquío, Manuel hizo más fama pública por sus baladronadas que por su producción legislativa. El pujante clouthierismo se empezó a marchitar. El legado fue dilapidado a fuerza de puras poses mediáticas,  efectistas.

Antes de cambiar los tiempos y los huéspedes de Los Pinos, Clouthier Carrillo insultó a su padrino Felipe Calderón porque no le regaló la candidatura al Senado de la República y después desertó del PAN y en la coyuntura se acogió a la sombra de la figura de “candidato a diputado independiente”.

En la ruta del insulto y con el apoyo de una facción del PRI que cerró filas para impedir el arribo a la diputación federal de Ricardo Hernández Guerrero y lo que parecía su virtual candidatura a la alcaldía en el 2016, el hijo de El Maquío se conviertió en tribuno por el V Distrito de la LXIII Legislatura Federal en la que sus rurales expectoraciones le siguen dando presencia en los medios metropolitanos.

Pero algo pasó en el recorrido con la gestión empresarial. Aun con el fuero, el Servicio de Administración Tributaria (SAT) tendió sus redes sobre el complejo de negocios de la familia Clouthier.

La presa más vulnerable fue la casa editora NOROESTE, contra la que el SAT fincó en 2016 el embargo de bienes físicos por créditos fiscales insolutos ¿El asunto es cosa juzgada? No. La deuda está viva. Sin embargo, la apuesta es que el gobierno del Estado en poder de Quirino Ordaz Coppel pague trianguladamente ese pasivo empresarial.

En lo que parece ser la primera negociación para cubrir los adeudos, Clouthier ya abrió espacios periodísticos para los incondicionales de quienes ahora manejan la obra pública y la “vigilancia” del desarrollo urbano de Culiacán, principalmente de fraccionamientos, en donde tiene arraigados intereses.

Clouthier Carrillo ha tomado, como lo hizo en el 2010 con Malova, el atajo aparentemente más conveniente a sus intereses. Dejados atrás los bravos tiempos de combate panista, su raro y dócil estilo son los escarceos con  Quirino Ordaz. Fuero de por medio ¿la nueva táctica le ofrecerá la cosecha apetecida? El tiempo y Quirino lo dirán.

Para congraciarse repetidamente manda la señal de su violenta distancia con el ex mandatario, a quien desde el 2015 viene acusando de corrupción y enfilando el reclamo de que debe ser investigado, sin pasar nunca a la figura  de la demanda penal, únicamente blandiendo palabras que no están por encima del ejercicio legal.

Desde junio del 2015, Malova exhortó a Clouthier a que si tiene  una lista de nuevos millonarios de integrantes de lo que fue su gabinete, por hacer mal uso de los recursos, que se lo haga saber o bien que ponga una denuncia ante las autoridades correspondientes. El diputado independiente no ha acudido a ningún tribunal pero insiste hasta la saciedad en señalar al anterior gobierno de corrupto.

La misma estrategia recorrió o usó en sus deslindes con Francisco Labastida Ochoa, Renato Vega Alvarado, Juan S. Millán, Jesús Aguilar Padilla y con quien fuera candidato del PRI al gobierno de Sinaloa, Jesús Vizcarra Calderón.

Al final de su jornada gubernamental, Quirino Ordaz puede correr la misma suerte: terminar por ser calificado de corrupto por Manuel Clouthier. En la noche de los tiempos ha quedado el padre comerciante. Le sobrevive el hijo “caballero” que ha convertido en su bandera política el grito de “todos son pendejos y corruptos menos yo”.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.