Buenas acciones

El país atraviesa momentos difíciles. Abundan los rumores y la sociedad es presa de la incertidumbre y la desesperación que desembocan en crispación. A este mal humor social contribuyen medidas como el gasolinazo, la devaluación del peso y la inflación.

Frente a este escenario confuso emerge la necesidad de contar con un liderazgo que sea guía y finque expectativas, así como sea capaz de señalar rutas que produzcan esperanza a quienes están sumidos en el desaliento.

Desafortunadamente en el México actual no parece existir alguien así. Desde el ámbito formal la función de liderazgo debería ejercerla el presidente de la nación, pero todos sabemos la poca aceptación de que goza el mandatario.

El  país parece dirigirse a un callejón sin salida. Con marchas en la mayoría de los estados que reflejan la inconformidad por el alza de las gasolinas y con la amenaza de tener un presidente en Estados Unidos que se ha declarado enemigo de los mexicanos.

Y, ciertamente, en el horizonte no se avizoran rasgos para ser optimistas, a menos que el presidente de todos los mexicanos se animara a dar un golpe  de timón. Es decir, que entendiera, de manera plena, que su investidura formal implica un ejercicio de liderazgo que hasta ahora ha quedado en entredicho.

Y desde este miradero hay mucha tela por donde cortar. Podría darse un primer paso con un anuncio de reducción a los salarios súper elevados de la alta burocracia; seguir con la implantación de un programa de austeridad en todas las oficinas públicas; establecer criterios transparentes para el manejo de los recursos económicos; hasta continuar con el adelgazamiento del financiamiento a los partidos políticos.

Este sería un ejercicio verdadero y con visión de Estado, que le atraería en automático, el aprecio y la solidaridad de los mexicanos. Se tendría que renunciar a las Casas Blancas y al manejo discrecional y favorable a empresas como Higa, que acusan conflicto de intereses; y muy especialmente, alentar un trato digno ante Donald Trump que produjo un daño a la dignidad de los mexicanos.

Si se emprenden medidas a fondo sobre los anteriores aspectos  fundamentales, las cosas en México serían diferentes. De entrada todos veríamos un México con dirección y horizonte definido. Con obstáculos enfrente pero con un líder que lleva con firmeza la estafeta de los destinos de todos los mexicanos.

Por cierto, en 1938, en ocasión de la expropiación petrolera a las compañías extranjeras noteamericanas, el presidente Lázaro Cárdenas se dirigió al país y le habló con la verdad. El pueblo reaccionó y lo apoyó sin restricciones, desde los más humildes, hasta los más encumbrados. Todos a una sola voz apoyaron a su presidente y entendieron que eran momentos de sacrificio. Pero las buenas acciones comienzan cuando con ellas se pone el ejemplo. Y eso lo hace quien es un líder de verdad y ejerce su liderazgo.