Alberto Camacho y la politica de comunicación social

La inauguración o debut del gobierno de Quirino Ordaz Coppel es opacado por el gasolinazo y su desmedido manejo mediático que, paradójicamente, no desplaza de la mente de los sinaloenses la idea de que heredó un gobierno saqueado y sumido en la corrupción.

En el escenario incendiado por el alza al precio de los combustibles el gobernador no ha logrado tampoco mandar a la sociedad un mensaje de liderazgo que haga entender a los sinaloenses que está listo para emprender los grandes desafíos de la administración estatal.

La percepción generalizada es en el sentido de que Quirino podría rayar en la tolerancia y olvidarse de las evidencias de las riquezas inexplicables de algunos funcionarios del gobierno de Mario López Valdez.

Otra impresión de la sociedad es que el actual gobernador estaría dispuesto a aceptar la “limpieza” de los expedientes de los funcionarios corruptos, labor que podría desarrollar la Auditoría Superior del Estado y la Comisión de Fiscalización del Congreso Local.

Otra apreciación social es la que permea en las altas cúpulas políticas: Que Malova y Quirino sellaron un pacto político. Que en ese acuerdo va la detención de cuando menos dos funcionarios de primer nivel del gabinete de Mario López para legitimar el gobierno quirinista, y proteger al resto de los integrantes del sexenio pasado.

En ese pacto, si es que en verdad se selló, se conjugaría el respeto al grupo malovista para que “concurse” en el reparto de posiciones político-electorales en el 2018.

De los resultados, entonces, en parte, del dictamen de las cuentas públicas y la decisión de ir o no a fondo en el combate a la corrupción dependerá el grado de credibilidad y de aceptación que alcance Quirino Ordaz Coppel entre la población.

Pieza clave en ese gran desafío del gobernador de Sinaloa es su coordinador de comunicación social, Jesús Alberto Camacho García, sobre todo en la responsabilidad de construirle a una imagen fuerte, de líder, y lograr que su voz o sus mensajes impacten en la sociedad sinaloense.

La tarea de Alberto Camacho es difícil. Complicadísima. No son pocos los analistas que le atribuyen el haber creado ya un Club de Aduladores de Quirino Ordaz Coppel, lo cual, encajaría en el viejo y caduco modelo propagandístico, y chocaría con la dinámica o velocidad con la que se mueve la información, falsa o cierta, en las redes sociales y en los propios medios de comunicación.

Por medio o a través del Club de Aduladores, Quirino Ordaz lograría únicamente que le susurrasen al oído, trayendo a sus panegiristas, de la ceca a la Meca, elogiándolo, alimentando su ego, rindiéndole Culto a su Personalidad. La estrategia al final le traería saldos negativos.

Los comunicadores especialistas en la cosa pública son de la idea de que además de los “golpes de timón” o de “alto impacto” el gobernador de Sinaloa necesita de Alberto Camacho para que aproveche de él sus fortalezas y cubra sus debilidades, difunda las facetas del quehacer público y de su vida cotidiana para potenciar su propia personalidad.

Para definir, en pocas palabras, los rasgos o la individualidad del jefe del Ejecutivo Estatal. El encargado de la imagen de Quirino debe aprovechar los factores culturales, demográficos, socio-económicos, de tiempo y espacio, para construirle una personalidad emblemática, retadora, libre, divertida y madura. De un personaje que amalgame una naturaleza propia con las características de gobernador, líder social, emprendedor y humanista.

No es entonces con base en el Culto a la Personalidad como Quirino Ordaz se ganaría la confianza y el aprecio de los sinaloenses. No es con alabanzas ni la glorificación de los mandatarios como se resuelven los problemas ingentes. Alberto Camacho está entonces de cara ante un desafío: construirle a Quirino Ordaz la figura de Estadista o de fetiche.

Debería Camacho aprender en cabeza ajena si es que no lo sabe aún: en Sinaloa, México y el mundo hay miles de políticos que sucumben ante la adulación. Que se alimentan de la lisonja pero terminan siendo los peores líderes, gobernadores o presidentes.

Si nos atenemos a los resultados del Culto a la Personalidad, en Sinaloa hay decenas de fetiches, estatuas y monumentos que deben derribarse porque son un verdadero insulto a la sociedad, porque se levantaron para rendir tributo a fariseos o falsos estadistas o gobernadores que pisotearon a sus pueblos.

Las efigies al final de la jornada no sirven para nada, salvo para que los políticos acudan a lanzar discursos o a practicar la demagogia. Los auténticos gobernantes, líderes sociales, políticos, empresarios, que coadyuvan a la construcción de una sociedad más igualitaria y justa no necesitan monumentos, homenajes o premios porque sus ideas traspasan el tiempo y la distancia.

La política de comunicación social del gobierno del Estado, si en verdad se quiere apoyar a Quirino, debe transmitir la figura de un gobernador que quiere y ama a su pueblo; que es buen servidor y líder; que no es avaro y codicioso; que busca rodearse de personas sabias, con experiencia; que es humilde, sobrio e instruido.

La sociedad debe percibir que en Quirino se manifiestan los elementos suficientes para dirigir a Sinaloa no para confrontarlo y dividirlo, sino para unirlo, y que sabe lo que va a hacer y a dónde quiere guiar a los habitantes del estado.

Alberto Camacho, coordinador de comunicación social es quien al final decidirá qué tipo de imagen le quiere y puede construirle al gobernador. El gasolinazo, el escenario incendiado, la corrupción, la percepción de un posible maridaje Quirino-Malova, deberían ser rebasados con una eficiente y contundente política de comunicación social, para que la agenda y la figura del gobernador este por encima de estos sucesos y otros más.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.