Desesperación en las Fuerzas Armadas del país

Fue en una reunión privada. En febrero pasado, el secretario de la Defensa Nacional, Salvador Cienfuegos, estaba exultante.

Habló con legisladores y encontró especial aceptación en la Comisión de Defensa Nacional de la Cámara de Diputados, donde le prometieron atender sus solicitudes y presentar las iniciativas necesarias.

¿De qué se trataba? De dar un marco legal a la participación de las Fuerzas Armadas, soldados y marinos, en labores de vigilancia que nos han encomendado. No podemos seguir en la indefinición en la que estamos –explicó.

Pero pasó el período ordinario de sesiones y no hubo nada.

Ni iniciativas, ni pronunciamiento y mucho menos cumplimiento de la palabra legislativa de acabar con la incertidumbre de soldados y marinos en la calle a expensas del doble fuego.

De un lado, los criminales con las armas apuntadas a los uniformes verde olivo.

Del otro, las organizaciones no gubernamentales cuya vida y apoyo –qué paradoja, de los recursos públicos– depende de criticar a las Fuerzas Armadas con el periodismo de pacotilla a su servicio.

Cuatro secretarios y ninguna respuesta

Tanta animadversión da para la condena prematura, insustancial.

Vea usted: Los familiares de los normalistas de Ayotzinapa han puesto su objetivo en el Ejército Mexicano cuando ninguna pista les da la razón.

Ah, pero en todos lados –Tlatlaya, Nochixtlán, etcétera– se habla de ejecuciones militares sin pruebas.

También de protocolos para policías federales y cuerpos castrenses, pero no se les da ninguna garantía para actuar ni para defenderse de los embates de los grandes capos y cárteles.

Ni siquiera el asesinato a mansalva de cinco soldados de élite en Sinaloa, cuando trasladaban a un criminal de altos vuelos cercano a Joaquín el Chapo Guzmán, ha motivado a senadores y diputados a elaborar leyes.

En ese contexto ha llegado la exigencia del secretario de la Marina, Francisco Soberón, para reclamar un ordenamiento bajo el cual actuar y al cual obedecer en el combate al crimen organizado.

Es, al menos, el cuarto secretario.

Antes hicieron la misma demanda tres secretarios de la Defensa Nacional: Clemente Vega (Vicente Fox), Guillermo Galván (Felipe Calderón) y Salvador Cienfuegos(Enrique Peña), sin ninguna respuesta.

Y conste, el almirante Soberón habló ante el presidente Enrique Peña, el presidente de la Suprema Corte, Luz María Aguilar, y el presidente de la Cámara de Diputados, el panista Javier Bolaños.

¿Servirá de algo? Doble contra sencillo: de nada