Quirino y Cuén: Punto de encuentro entre lo deseable y lo posible

Para los políticos maduros y realistas, que apuestan al avance y al éxito en su brega por perfeccionar el régimen democrático, un imperativo irrenunciable es discernir juiciosamente entre lo deseable y lo posible, según el cuadrante en el que se mueven.

No perder el piso, pues, con espejismos. Proceder en sentido contrario, es una incitación al suicidio en el que el riesgo es llevarse entre las espuelas a los seguidores.

Todo lo deseable se presenta en una campaña electoral en que no caben en el portafolio lo que en el llano se conoce como “las demandas más sentidas del pueblo”.

Todo lo posible es lo que la realidad política, social y económica dicta a los beligerantes en el proceso electoral, lo mismo si resultan triunfadores, que si se esperan para una siguiente oportunidad.

Hay análisis políticos que suelen hablar de aquellos que ganan perdiendo. No es un simple retruécano. Suele ocurrir cuando el ganador despierta de su encanto victorioso y se topa con la pregunta: ¿Ahora cómo le hago? El contrincante sabe que la vida sigue.

Un estadista de tremenda talla, el inglés Winston Churchill, no se amilanó en sus tiempos de supuestas derrotas: Declaró que la oposición gobierna -si confía en su fuerza real- oponiéndose.

La convicción de Churchill, terminó dándole la razón: El gordo del puro permanente en sus labios pasó a la Historia con mayúsculas como uno de los genios de la política de altura y de la diplomacia como uno de los grandes genios-operadores.

Es entonces la política de altura la que conduce a la búsqueda de lo deseable entre lo posible. Esto se llama equilibrio: El que pone en su sitio el la inteligencia contra la reacción visceral. Ésta que incita al radicalismo estéril.

No es un mero choro darle esa introducción al acontecimiento que en estos días mueve y conmueve a la opinión pública sinaloense: El diálogo, que algunos reventadores oficiosos creían imposible, entre el líder del Partido Sinaloense (PAS), Héctor Melesio Cuén Ojeda, y el gobernador electo del estado, Quirino Ordaz Coppel.

La lucha de los contrarios, para el caso, se da en el terreno electoral. El balance final conduce esa lucha, de ser civilizatoria, al terreno de la concertación y el consenso.

Ordaz Coppel procede en la condición de próximo gobernante, de acuerdo con sus fortalezas y debilidades. Cuén Ojeda, maneja como capital no negociable el saldo de los resultados del pasado 5 de junio como potencial de futuro.

El punto de encuentro lo establece la realidad política, social y económica que vive Sinaloa, un cuadrante para la carta de navegación en la que no se puede ir en solitario.

No existe aún en el texto constitucional la figura de gobierno de coalición. Pero, digámoslo de esta manera: Todavía como operador de la Cámara de Diputados de la LXII Legislatura federal, Manlio Fabio Beltrones describió el Pacto por México como argumento de una reforma a la Carta fundamental para instituir la coalición como modelo de gobierno.

Ello es así, porque los gobiernos emanados de una elección constitucional en México llegan lastrados por el rango de una primera minoría, producto de comicios más competitivos cuyo desenlace final cuestiona la legitimidad del futuro gobernante.

Dicho sea de paso, ahí encontramos que asiste la razón a Cuén Ojeda cuando, para prevenir los riesgos de ingobernabilidad, promovió la iniciativa ciudadana para instituir la
Segunda Vuelta electoral-

La semana pasada, por cierto, leímos en la prensa metropolitana comentarios de al menos dos autorizados politólogos que, en la perspectiva de 2018, recomiendan legislar el tema de la segunda vuelta, antes de que el control se salga de madre.

Y bien: Hablamos del encuentro de Cuén Ojeda con Ordaz Coppel. Ninguno de los dos exigió a su interlocutor la rendición. Si hay causas, podemos interpretar por nuestra parte, hay que darle cauce institucional en una situación en la que la sociedad sinaloense está de por medio. Y por lo que observamos, esa situación no es la más amable.

Quirino estableció el compromiso: Sin colores, la exigencia de la sociedad es “estar de la mano, hacer equipo, porque lo que queremos, es ser constructivos: Hay muchas necesidades, hay muchos rezagos y creo que es fundamental la comunicación…” para superarlos.

La comunicación es una ancha avenida de ida y vuelta. El líder del PAS estableció: “Hoy vamos a poder cogobernar con las nuevas autoridades para llevar más progreso a la población, en especial a los que menos tienen”.

Ante un imperativo social y político de esa magnitud, importa menos si un encuentro fue casual o concertado. Las campañas electorales quedaron atrás. Aunque suene a lugar común, la operación cicatriz es una exigencia impostergable del cuerpo colectivo.

Pongamos un caso ilustrativo: En los años ochenta, el gobierno del priista Francisco Labastida Ochoa no logró acreditar su estabilidad por la irreductible intransigencia de su opositor panista Manuel de Jesús Clouthier del Rincón, incapaz de asimilar y “administrar” su derrota.

Desde entonces, ni política, ni social ni económicamente a los sinaloenses les ha ido bien. Es el resultado de jugar al todo o nada. Al poder por el poder mismo.

Por supuesto, los típicos -y no tan gratuitos- amarradores de navajas pretenden seguir sonsacando las mezquindades y generar un choque de trenes, cuya primera víctima sería el conglomerado sinaloense.

Cuén Ojeda, un académico que ha preferido actuar cerebralmente, no ha caído en la provocación. Ordaz Coppel, formado en otro sector, sabe discernir entre pérdidas y ganancias cuando se actúa al dictado del instinto, que no es el mejor consejero en disciplinas que no decide el individuo, sino el ser colectivo: El pueblo.

No hacemos abstracción del enorme reto que la actual circunstancia de los sinaloenses todos entraña. Lo que decimos es que sentarse en la mesa del diálogo, es mejor opción que tirarse al monte.

Para Quirino Ordaz Coppel vendrá un periodo en el que tendrá que demostrar temple de carácter y, sobre todo, libre voluntad personal y política de hacer del poder publico un servicio a la sociedad y no un servicio para bien propio. Las malas compañías son un pesado lastre para todo aquél que tenga sentido de la Historia. Juez implacable de yerros y aciertos. Siempre, esa vieja maestra de la sabiduría tiene reservado un basurero para depositar a los que se equivocan.

Para Héctor Melesio Cuén Ojeda, vendrá, por encima de transitorios acuerdos de conciliación, la expectativa de futuro del Partido Sinaloense (PAS), al que los sinaloenses le endosaron el crédito de segunda fuerza electoral en el estado.

Lo dice la vieja y acertada conseja popular. Y lo dice bien: En casos críticos, vale más un mal arreglo que un buen pleito. Los sinaloenses padecen en carne propia fenómenos atroces de alta densidad como para sentarse frente al espectáculo de las mezquinas escaramuzas personales o grupales.

Si nuestras modestas nociones de la condición humana nos permiten, podemos otear en el paisaje sinaloense una etapa en la que se pasará de la politiquería a la política de altura; la de cabotaje nos tiene en la estacada. Es la hora de dar el salto de la barbarie a la cultura productiva. Los sinaloenses están aptos para emprender esta inaplazable empresa. Sólo los contumaces no lo entienden.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.