Las ganancias de Jesús Aguilar Padilla

Del mismo modo que el circuito cerrado de TV del hotel Sheraton Alameda de la Ciudad de México (hoy Hilton), grabó los sigilosos encuentros de 2010 del senador priista Mario López Valdez con los perredistas  Manuel Camacho Solís y Jesús Ortega Martínez, y el panista  César Nava, las cámaras de seguridad del hotel Meliá (hoy Kristal) registraron seis años antes algunas escenas en el restaurante Miró.

En matinales videos del segundo hotel, también de la Ciudad de México, se observan en la misma mesa al sinaloense Jesús Aguilar Padilla y el regiomontano Héctor Gutiérrez de la Garza.

Gutiérrez de la Garza no era un cliente común. En sus mocedades políticas, fue consejero jurídico del gobierno de Nuevo León durante la gestión de Sócrates Rizzo García, defenestrado por órdenes de Carlos Salinas de Gortari después de haber caído de su gracia.

En los días de sus encuentros con Aguilar Padilla, Gutiérrez de la Garza era el número 2 del gobernador de Nuevo  León, José Natividad González Parás, quien lo promovió a la diputación federal en la LIX Legislatura federal.

A la legislatura federal llegó por tercera vez la presidenta del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), Elba Esther Gordillo Morales quien, al iniciar el periodo trienal le arrebató la coordinación de la bancada tricolor, reunida en Puebla, al sonorense Manlio Fabio Beltrones.

Beltrones se confabuló con el mexiquense Emilio Chuayffet Chemor para derrocar a la chiapaneca, quien permaneció en la cámara no precisamente como “una del montón”.

Por cierto, de aquella legislatura federal fue miembro el sinaloense Jesús Vizcarra Calderón. Jesús Aguilar Padilla era diputado al Congreso estatal de Sinaloa.

La sombra de José Natividad González Parás

¿Qué oscuros móviles inspiraban la cercanía del diputado sinaloense Aguilar Padilla con el diputado federal regiomontano Gutiérrez de la Garza? ¿Quién fue el enlace para sus conciliábulos en la Ciudad de México?

La primera pista la ponemos en este posterior escenario: El gobernador de Nuevo León, José Natividad González Parás, padrino de Gutiérrez de la Garza, fue de los opositores más rabiosos a la candidatura del tabasqueño Roberto Madrazo Pintado a la presidencia de la República en 2006.

Hoy -digámoslo no precisamente de paso-, Gutiérrez de la Garza forma parte del equipo del peñista secretario federal de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer.

Si se nos concede la licencia, proponemos el siguiente entremés. Consideramos que hace sentido a nuestro tema: En la década de los noventa, fue éxito editorial en Europa la obra El elogio de la traición/El arte de gobernar por medio de la negación, de los franceses Denis Jeambar e Yves Reocaute.

La tesis de ese texto dice que todos comprenden que es muy loable que un príncipe cumpla con su palabra y viva con integridad. “No obstante, la experiencia de nuestra época demuestra que los príncipes que han hecho grandes cosas no se han esforzado en cumplir su palabra”.

Para los autores, los protagonistas de su trama traidores son el rey Juan Carlos, de España, el soviético Michael Gorbachov, el francés Francois Mitterrand, etcétera.

Una traducción personal de aquel texto fue hecha para Carlos Salinas de Gortari por su amigo y colaborador Joseph María Cordobà Montoya.

Las huellas de Elba Esther Gordillo

Cuando Elba Esther Gordillo Morales era coordinadora de los priistas de la Cámara de diputados en 2003, una reducida edición en español estaba agotada. Se hizo un pedido especial a la editorial Gedisa para obsequio a los amigos de “la maestra”.

Se cita el dato, sólo para recordar que Gordillo Morales se hizo del liderazgo del SNTE durante el gobierno de Salinas de Gortari, traicionando a su mentor e impulsor político (desde la sección 36 del sindicato en el Estado de México), Carlos Jonguitud Barrios, quien en aquel sexenio recibió la misma fulminante receta que le fue asestada al líder petrolero Joaquín Hernández Galicia en enero de 1989.

Carente en el arranque del nuevo siglo del mando presidencial, el PRI tuvo en 2002 elecciones de dirección nacional. En dupla llegaron a la dirigencia Roberto Madrazo Pintado y Gordillo Morales.

La ex presidenta del tricolor, María de los Ángeles Moreno describió el resultado de aquella elección como “una operación de la delincuencia organizada”.

La perdedora en esa lid fue la cenecista Beatriz Paredes Rangel, muy cercana al sinaloense Francisco Buenaventura Labastida Ochoa desde que éste despachó como titular de la Secretaría de Agricultura del suplente presidencial Ernesto Zedillo Ponce de León, que desde el inicio de su sexenio rompió lanzas contra su antecesor Salinas de Gortari, quien a instancia del entonces gobernador Manlio Fabio Beltrones lo “destapó” a los días del asesinato de Luis Donaldo Colosio.

Gordillo era muy amiga de Juan Millán

Gordillo Morales ya había pasado por el liderazgo de la CNOP en un movimiento político en que fue auxiliada por el entonces secretario general del CEN del PRI, Juan Sigfrido Millán Lizárraga, quien le armó una cita con el número 1 de la CTM, Fidel Velázquez Sánchez, quien, siendo mandamás del sector obrero, era consultado sin embargo sobre cambios en los sectores popular y agrario y otras organizaciones nacionales priistas, sobre todo sindicales.

Fue en esa posición cenopista en que a Gordillo Morales se le acusó  por primera vez de haber operado en favor del panista Vicente Fox en contra del candidato presidencial priista Labastida Ochoa.

Hacia 2004-2005, meses en que ubicamos el inicio de esta narrativa (encuentro de Aguilar Padilla con Gutiérrez de la Garza), Madrazo Pintado declaró su intención de contender por la candidatura presidencial. La suplencia la asumió Mariano Palacios Alcocer, pero Gordillo Morales había pretendido tomar en encargo “por ministerio de ley”. No lo logró.

Gordillo Morales, desde el SNTE, ya estaba embarcada en los preparativos para el registro de su propia franquicia, el Partido Nueva Alianza (Panal), a la que el Instituto Federal Electoral (IFE) le concedió el fíat en julio de 2005. Alguna vez confesó su intención de ser la primera Presidenta de México.

Arturo Montiel y Enrique Jackson

En 2005, el conflicto interno en el PRI por la candidatura presidencial se exacerbó. A Madrazo Pintado le jugaron las contras el gobernador del Estado de México, Arturo Montiel Rojas, y el senador sinaloense Enrique Jackson Ramírez.

Montiel Rojas, en vías de entregar el mandato mexiquense a su sobrino Enrique Peña Nieto, desde 2004 convocó a gobernadores antimadracistas a formar el frente Todos Unidos contra Madrazo (Tucom). Jackson Ramírez se pertrechó en la corriente Unidad democrática.

Gordillo Morales maniobró por su lado sonsacando al gobernador priista de Sonora, Eduardo Bours Castelo, para que se colara como cuarto en discordia por la nominación presidencial.

El escenario tricolor era un tanto complejo. En la pugna participaban gobernadores que estaban por cumplir su sexenio y los que entraron o entrarían al relevo. Jesús Aguilar Padilla estaba entre los segundos. Los pescadores a río revuelto actuaban en su elemento.

Con el sonorense Bours Castelo y el mexiquense Rojas Montiel, aun sin declaración expresa hicieron causa común contra Madrazo Pintado los gobernadores de Nuevo León, el ya citado González Parás, y los entrantes de Hidalgo, Miguel Ángel Osorio, Chong y de Tamaulipas, Eugenio Hernández. (Ojo).

En principio, los gobernadores aliados a Madrazo Pintado fueron los de Oaxaca, Ulises Ruiz (con visibles resistencias ya en su estado donde se pedía su destitución); de Tabasco, Manuel Andrade Díaz (con sus propios temores por el ascenso del PRD); de Colima, Jorge Hurtado de la Madrid; de Puebla, Mario Marín Torres (cuya solidaridad al tiempo fue puesta en entredicho).

Merece mención especial el gobernador de Coahuila, Humberto Moreira Valdez, dada su relación institucional con el SNTE y personal con Gordillo Morales. En la misma línea estuvieron el de Nayarit, Ney González, y el relevo de Hurtado de la Madrid, Silverio Cavazos.

Hicieron un doble juego los gobernadores de Veracruz, Fidel Herrera Beltrán (ni Madrazo ni González Parás); el de Chihuahua, José Reyes; del Estado de México, Enrique Peña Nieto, más interesado en hacerse de luz propia, aunque no muy alejado del Tucom, por razones obvias.

Aguilar Padilla, ¿ni con melón ni con sandía?

Jesús Aguilar Padilla, ya en funciones; Félix González, de Quintana Roo e Ismael Hernández, de Durango, exhibieron actitudes vacilantes, pero al final de cuentas se les vio más inclinados hacia el grupo González Parás.

Eso explicaría los encuentros comentados de Aguilar Padilla con el regiomontano Gutiérrez de la Garza.

Como sea, a la hora de la verdad, según confesiones posteriores del entonces presidente del PAN, Manuel Espino Barrientos, el 2 de julio de 2006 al menos seis gobernadores priistas operaron en favor del candidato del PAN, Felipe Calderón.

No escapa, en las declaraciones de Espino Barrientos, el gran poder ejercido por Elba Esther en el ánimo de Calderón.

No es para menos. En las elecciones internas del PAN, al parecer obedeciendo consigna de Vicente Fox, Elba Esther había ofrecido su apoyo al ex secretario de Gobernación, Santiago Creel Miranda. Mientras éste desojaba la margarita fingiendo ciertos prejuicios, “la maestra” negoció con el michoacano.

No fue barata la factura presentada al candidato presidencial panista por Elba Esther: 40 posiciones en el próximo Congreso de la Unión, entre candidatos plurinominales y de mayoría.

Los representantes que por parte de Calderón negociaron las concesiones a Elba Esther fueron Juan Camilo Mouriño (+) y la coordinadora de su campaña, Josefina Vázquez Mota, hoy de regreso a sus calenturas electorales, buscando el Estado de México, después de haber fracasado en la presidencial de 2012.

El ahora gobernador panista electo de Chihuahua, entonces senador Javier Corral Jurado coincide con Espino Barrientos (tenemos textos editoriales de prueba) en que, particularmente Vázquez Mota, arrimó su sardina al fogón de Televisa para, a cambio de que en el Senado se planchara la Ley Televisa, se “le diera calor” a Calderón en la difusión de encuestas, colocándolo puntero en la ruta a Los Pinos.

La gran coartada: El peligro para México

La gran coartada de 2006, que ahora se repite, era evitar que en Los Pinos se instalara un Peligro para México: Andrés Manuel López Obrador. La otra pinza la operaron Carlos Salinas de Gortari y Diego Fernández de Cevallos, con el complot que fue documentado con pelos y señales por el argentino Carlos Ahumada.

Ahumada nombra en su Derecho de réplica a Enrique Peña Nieto, Elba Esther Gordillo, Manlio Fabio Beltrones y Emilio Patrón Gamboa, entre otros.

De la conjura de 2006 queda la resistencia del presidente interino del PRI, Mariano Palacios Alcocer, quien desautorizó inicialmente la publicación de un desplegado periodístico de los gobernadores priistas dando su reconocimiento al triunfo de Calderón, cuando aún el proceso no pasaba del Instituto Federal Electoral al Poder Judicial de la Federación para la sentencia final.

De acuerdo con versiones de aquella temporada, los gobernadores priistas se dieron cita en Toluca, Estado de México, para firmar el documento de consagración de Calderón como Presidente.

Tiempo después, el gobernador priista de Tamaulipas, Eugenio Hernández, fue puesto en cartelera en conversación con Elba Esther grabada la misma noche del 2  julio de 2006. A qué repetir el diálogo. No hizo prueba para ningún efecto.

¿En qué paró la denuncia de Mario López Valdez?

De traición en traición, en 2010 en Sinaloa el PRI fue traicionado otra vez, ahora por Mario López Valdez.

¿Dónde quedó el folio 00003 5212 con registro en la Procuraduría General de la República, abierto después de la denuncia de Malova contra Jesús Aguilar Padilla, por enriquecimiento inexplicable (de entrada unos 47 millones de pesos en propiedades inmobiliarias), ampliada documentalmente por el regiomontano Felipe de Jesús Cantú?

Dos años después de aquella denuncia, el ex gobernador del Estado de México, Enrique Peña Nieto, ya en Los Pinos, cobijó a Jesús Aguilar Padilla en el edificio central de la Sagarpa en el Distrito Federal. Por algo sería.

No le fue tan bien a Elba Esther Gordillo Morales, ahora vestida de jaula. De ella no se acuerda ya ni su  yerno, Fernando González, quien de las trapacerías de 2006 resultó subsecretario de Educación, otra de las monstruosas concesiones de Calderón a “la maestra”. Es cuanto.

 

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