El PAS cruzó el pantano y ya es segunda fuerza política

Si en política resulta suicida tratar de quemar etapas, en una democracia puramente electoral, tan envilecida y cuestionada como la mexicana, lograr consolidar un partido estatal sostenible equivale a toda una hazaña para las formaciones jóvenes, sobre todo cuando la participación se desarrolla en una atmósfera contaminada por el fraude electoral.

El Partido Sinaloense (PAS) y su candidato a gobernador, Héctor Melesio Cuén Ojeda, a contrapelo de las trapacerías que antes, durante y después del proceso electoral maquinaron el PRI y sus aliados, lograron el 5 de junio remontar sus propias expectativas realistas y, contra todos los obstáculos imaginados e imaginables,  se posicionaron como segunda fuerza politica-electoral en el estado, por encima del PAN, que en otras entidades se constituyó en primera fuerza.

Parece misión imposible exigir que los órganos electorales locales y centrales se aboquen a limpiar la elección -como se han apresurado a hacerlo en la Ciudad de México, donde la votación favoreció a la oposición-, pero aun con los resultados sancionados por un Instituto Estatal Electoral (IEE) sujeto a sospechas de parcialidad, con evidencias de haber inflado la votación a favor del PRI, el PAS y Cuén Ojeda pueden blasonar que lograron cruzar El Rubicón, tan azolvado por el lodo vertido por los mapaches.

Haciendo abstracción de los números relativos soltados casi a fuerza por el IEE, en los números absolutos el PAS rebasó con creces su ruta de navegación que en agosto de 2014 se trazó, comprometiéndose a que en 2016 alcanzaría un nivel de 250 mil votos.

La candidatura a gobernador  de Cuén Ojeda -al margen de las artes de birlibirloque empleadas por el órgano electoral-, se alzó con 267 mil 29 votos, cifra que no concuerda con la alta votación en masa reportada y captada por el PAS en Culiacán, Navolato, Los Mochis, Mazatlán y otros municipios, pero que enlaza con la consulta ciudadana que hace meses promovió para las iniciativas de reforma constitucional de segunda vuelta electoral y revocación de mandato.

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El crecimiento en números

En la revisión valorativa de los resultados, es de destacar que el PAS se erigió en firme como la segunda fuerza política en Sinaloa, lo que le permitirá responder a sus votantes con el impulso a los objetivos y metas a los que se comprometió en su plataforma electoral para el periodo gubernamental futuro, que fue la más clara y de avanzada respecto de las que presentaron los partidos adversarios.

Tan importante como la instalación en el escenario estatal como segunda fuerza política, es el hecho de que el PAS podrá construir una estructura administrativa territorial ahí donde la función ejecutiva fue confiada por los votantes en los municipios de Mocorito, Angostura y Cosalá, a sus candidatos a alcaldes. El triunfo ahí en esas jurisdicciones fue irrefutable. Ni el PRI ni las autoridades electorales lograron revertir la votación de los ciudadanos.

Adicionalmente, en el espacio de mayor cercanía con las demandas más sentidas de la población, el PAS logró acreditar 47 regidurías en los ayuntamientos en los 18 municipios sinaloenses, que representan más de 20 que en la participación de su primera contienda en el 2013.

En el ejercicio electoral, el PAS alcanzó también 6 diputaciones, cuando de hecho y por derecho le corresponden 7, una de ellas regateada por las complicidades del PRI con las autoridades electorales.

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Tendencia de votos

Si se estima que el PAS, a los cuatro años de existencia, desafió a la estructura de los gobiernos municipales y los poderes estatal y federal, al PRI y al PAN, que acumulan 164 años de experiencia, mañas e inconfesable poderío económico para la compra de votos y enfrentó los maniqueísmos de las autoridades electorales, el balance de su segunda participación en procesos electorales estatales y locales es más que satisfactorio.

El PAS se prepara así para administrar ese vital capital político que puso en sus manos un electorado que fue sometido incesantemente a la coacción, la extorsión, la amenaza, la confusión y la malversación rigurosamente prefabricadas; en el margen de maniobra que se le permitió, el Partido Sinaloense no se doblegó al destino manifiesto que los rapaces beligerantes quisieron imponerle.

Subyace en la triunfante experiencia electoral del Partido Sinaloense en las jornadas del pasado 5 de junio, las pruebas de fe de una sociedad dispuesta a transformar y modernizar las viciadas relaciones políticas que imperan en México. El PAS dio el salto de una democracia puramente representativa a la democracia participativa, déficit e imperativo que no se atreve a enfrentar un decrépito y corrupto sistema de partidos que, como lo demuestran los resultados en 14 entidades de la República, se aferra a la fórmula de un bipartidismo acedo, corrompido y excluyente.

El análisis de la elección arroja que la consolidación del PAS como  fuerza democrática estatal y nacional de la lucha de los contrarios tiene, finalmente, un significado fundamental cuando el régimen tricolor se encamina velozmente a la instauración de un Estado totalitario sostenido en la ominosa y sistemática militarización del país y el esquema económico neoliberal que genera más hambre y mexicanos desposeídos

Dado su esfuerzo, el Partido Sinaloense demostró, en un  diagnóstico electoral, que en los comicios que acaban de pasar, fue el mejor partido, pues es el que tuvo una mayor participación política: creció del 14 al 26.42 por ciento; en su propia revisión, sí, encontró irregularidades en mil 16 actas, en donde es posible que pueda recuperar alrededor de 50 mil votos que no fueron contabilizados y sumados.

Mientras el PAS subió en preferencias electorales el PRI y el PAN  están a la baja y en un proceso de descrédito político y social irreversible y otros partidos nacionales en Sinaloa se moleculizaron. El partido estatal que recibió el voto limpio de los electores ya está en condiciones para competir en el 2018 por la primera fuerza política-electoral de Sinaloa.

Álvaro Aragón Ayala

Conductor del programa de radio Ruta Mexico y analista politico en Radio UAS, Diario de Sinaloa y Director Ejecutivo de Proyecto 3.