Aurelio Nuño: Su declaración de principios

Es del conocimiento común que, en todo montaje televisivo, los protagonistas son citados a sesiones previas de maquillaje.

Ese sólo requerimiento, sin contar con los obligados ensayos, absorbe buena parte del tiempo de producción.

Por imperativo de nuestra tarea editorial, uno se ve obligado a monitorear la uniformada diversidad de las pantallas televisivas a lo largo del día, todos los días.

Sólo por excepción, en esa feria del gacetillazo electrónico se ven y escuchan a actores de la sociedad civil.

En cambio, en la casi totalidad de las barras “informativas” se tiene uno que chutar el prolongado desfile que abre el Presidente, lo siguen los secretarios encargados de despacho, los subsecretarios, algunos directores generales y, por supuesto, funcionarios del gabinete ampliado. No faltan los gobernadores favoritos.

En ese caso, al tiempo dedicado a las sesiones con el maquillista, esos protagonistas adicionan el que tienen que dedicar a sus imagólogos; los fabricantes de imagen, que tienen que ver con la selección del traje, la corbata, los calcetines, el calzado, etcétera.

La visita a cualquier dependencia federal sirve para confirmar que el personal asiste a una jornada de siete horas al día y disfruta de su merecida semana inglesa. Esto es, de cinco días.

Cuando uno computa el tiempo que los mandos de la alta burocracia dedican a preparar su aparición en la televisión y el aplicado a la grabación o presencia en tiempo real, se pregunta, ¿y a qué horas trabajan esos burócratas para devengar los 140 salarios mínimos diarios que cada quincena les abona la Tesorería de la Federación?

Si es con el Opus Dei, ¡dialogo Sí!

En la loca carrera en pos de la candidatura presidencial de 2018, la agenda de los secretarios encargados de despacho está cargada de todo tipo de ocurrencias con tal de capitalizar el tiempo que tienen asignado en los medios electrónicos.

Al público interesado o necesitado de la escucha de esos servidores públicos, cuando bien les va, se le pretende satisfacer al través de boletines de prensa o algún mensaje de twitter, hoy tan de moda.

Un cómputo preliminar de los últimos seis meses, permite concluir que el más avanzado de los secretarios presidenciables en la competencia por su “posicionamiento” mediático, es el de Educación Pública, Aurelio Nuño Mayer.

El pasado fin de semana, por ejemplo, Nuño Mayer (que separó el área cultural de sus funciones, “por falta de tiempo” para atenderla), caracterizado por su nula voluntad para recibir directamente interlocutores a fin de tratar los graves problemas que congestionan al sector educativo, se dio un generoso horario para un encuentro especial.

El contenido retórico de ese encuentro se presentó bajo un título que privilegia la palabra Diálogo. Según nuestra Madre Academia, diálogo es conversación entre varias personas. Es lo que demandan maestros de educación básica disidentes y, en los últimos meses, la comunidad del Instituto Politécnico Nacional (IPN). Pero con ellos no hay diálogo.

Ya en el amable recinto de ese encuentro, Nuño Mayer confesó “de verdad un gusto” por visitar la primera universidad privada, “alma mater del Presidente de la República…”.

Esa institución privada es la Universidad Panamericana (UP), creada en México por el fundador del Opus Dei, el Marqués de Peralta Josemaría Escrivá de Balaguer y Albás, consejero espiritual del dictador español Francisco Franco y, en su oportunidad americana, idólatra del primate chileno Augusto Pinochet.

Del Opus Dei son también los auspicios al Instituto Panamericano de Alta Dirección de Empresas (Ipade), “una gran escuela, la mejor escuela de negocios…”, quiso precisar Nuño Mayer.

Con el rector de la UP, José Antonio Lozano, y el profesor Ernesto Bolio, el responsable de la Educación Pública se sintió como pez en el agua. Toda una declaración de principios.