Malova saca a Aguilar de la campaña de Quirino

Persiste división en el PRI: la candidatura del mazatleco se “reforzó” con malovistas para atajar  ambiciones del aguilarismo

Las fuerzas combinadas de Jesús Aguilar Padilla, Jesús Vizcarra Calderón y David López Gutiérrez, no alcanzaron para evitar que el malovismo se convirtiera en el grupo llamado a fortalecer, incluso con aparentes “panistas de cepa”, la débil candidatura de Quirino Ordaz Coppel. Así se extiende al presente y al futuro la división, el enfrentamiento, que llevó al PRI hace seis años a perder la gubernatura del estado.

Aun en etapa de aproximación con los priistas de Sinaloa, es visible ya que la fuerza dominante en el equipo de campaña del hotelero mazatleco se refleja con las incorporaciones que llegaron del gobierno del estado en  una resonante y sorpresiva maniobra gubernamental tras la entrevista del presidente Enrique Peña Nieto con el gobernador Mario López Valdez, donde habría de exponerse el alto riesgo del proyecto político del señor de Los Pinos.

En un plano inferior han quedado, en apenas una semana, las figuras del aguilarismo, desde el propio ex gobernador, hasta sus más cercanos adeptos oportunistas y convenencieros, quienes constituyeron hace seis años el peor lastre que afectó la opción de Vizcarra Calderón y lo hizo perder la contienda electoral en el 2010.

La candidatura de Quirino Ordaz Coppel está convertida en objetivo y plataforma económica de grandes caciques empresariales, del sur, pero también es arena en que los adversarios priistas del 2010 reeditan aquel  pleito, factores ambos que acrecientan el rechazo popular a esa oferta política que mezcla intereses políticos con capitales en busca de una mayor cuota de poder.

El malovismo y su expresión de doble o triple franquicia política disponible en una coyuntura histórica favorable con presidente panista, fue ganador de la elección de hace seis años, bajolas siglas PAN-PRD-Convergencia,  y vuelve a situarse en ventaja sobre los aguilaristas y vizcarristas., ahora con la venia presidencial, pero con el camuflaje de priistas redimidos, de regreso al redil tricolor. Lo más certero es que Peña Nieto percibió rápidamente el paso en falso que dio con Ordaz Coppel.

Así vuelve a manifestarse la superioridad del grupo del PRI que se desprendió del bloque sumiso a Jesús Aguilar Padilla para llevar a Mario López Valdez a la gubernatura.

Queriendo ser salomónico, cayeron en un error mayor

La cercanía de Jesús Vizcarra Calderón con Quirino Ordaz Coppel por la amistad personal con el presidente Enrique Peña Nieto, le obliga a prestar apoyo al candidato impuesto por “el dedo” superior; pero, carece de estructura que lleve adelante una campaña exitosa.

En su carrera política que culminó en un fracaso inesperado para sus torpes estrategas, no alcanzó a crear un bloque político más allá de la amistad con el primer mandatario y con la aceptación en las encuestas públicas, debida ésta a la opinión de la sociedad de que tal vez merecía una segunda oportunidad.

Vizcarra se fue de Sinaloa en el 2010 dejando al garete a los priistas de base y a cabezas de grupos políticos afines a su proyecto; retornó con el diputado del PVEM, Quirino Ordaz, convertido en candidato del PRI, por la vía de la imposición. En las encuestas siempre apareció como el “favorito” de la “sociedad priista” en la ruta del 2016; un diagnóstico de ese fenómeno reveló que “esas tendencias tenían como soporte la creencia de que Vizcarra  habría sido mejor gobernador que Malova”.

Y como los habría no existen y la candidatura no se le dio a Vizcarra, el desaliento entró por la puerta grande al PRI con el “dedazo” a favor del mazatleco.

A fines de 2015, Vizcarra había autorizado a su ex jefe y socio, Jesús Aguilar, a hacer proselitismo en su nombre, por lo que debió aceptar sus recomendaciones para pulsar la respuesta de la clase empresarial, antes de que la alternativa “verde” arrojara el desenlace.

Así comenzaron a friccionarse los aguilaristas con sus adversarios en el gobierno estatal, a pesar de sus orígenes comunes en el PRI, al empalmarse en tiempo y lugar reuniones “de unidad”. Queriendo ser salomónico, el presidente Peña fue empujado a cometer un error mayor.

Sin influencia política dentro del partido, convertido en aquellas jornadas en cueva de traidores, Vizcarra dejó a Aguilar las ruinas de la derrota y ahora poco puede hacer en la campaña, nada que no sea solamente el consejo de cómo no confiar en los priistas supuestamente “leales” o “institucionales”.

Pero en el operativo de una campaña otra vez en riego, que aun no encuentra rumbo ni acierto, poco puede aportar para complemento de las más cotizadas experiencias del malovismo, con mezcla de panismo y priismo.

La fuerza de Malova, la mejor engranada dentro del PRI, fue llamada directamente por Peña Nieto a ser protagonista alrededor de Ordaz Coppel, cuya debilidad ya es apreciable en el centro del país, donde se tomó la decisión de postularlo a pesar de su más bajo nivel político comparado con los cuadros priistas incluidos en las consultas internas, mismas que el “dedo” todopoderoso llegó en un golpe de autoridad a echar debajo de la mesa todas las opciones reconocidas.

Malova tampoco pensaba en Quirino

El compromiso de Malova con Peña Nieto y el PRI lo lleva a posicionarse como primer círculo conductor de la campaña, sin que todavía pueda considerarse un readmitido en las filas del partido que le dio la espalda por empecinamiento político del ex gobernador.

Pero el jefe máximo del instituto político en el poder confirma que López Valdez tiene más que ofrecer en términos de organización de grupo y de estructura que el aguilarismo.

Esto explica las incorporaciones ya largamente comentadas de Francisco Córdova y Gustavo Zavala, más el intento, frenado de momento, de subir al mismo carro a Elisa Pérez Garmendia y Sergio Martel.

Estas son piezas que, aun careciendo de cualidades políticas, sobre todo de transparencia y capacidad, ofrecen mejores expectativas al medir resultados que el equipo que rodea al ex mandatario en 2005-2010.

La camarilla no ofrece mas que descrédito

En el proyecto impuesto por el presidente de la república al PRI en Sinaloa, las piezas aguilaristas sólo pueden ofrecer el descrédito político acumulado en aquel sexenio. Y deben hacerse a un lado ante los nuevos refuerzos.

En cuanto se conoció la voluntad presidencial para su partido en el estado, Aguilar Padilla pretendió mostrar a Quirino como su propuesta, basado en la relación de trabajo que el abanderado desempeñó como secretario de Administración y Finanzas. Atrajo a Vizcarra a respaldar esta maniobra, que los presentara como adelantados de la decisión, inesperada e  inconveniente, para el futuro inmediato de la entidad.

Luego fue el coordinador de la bancada priista en San Lázaro, David López Gutiérrez, quien pretendió atribuirse el “destape”, por así convenir a sus planes de construir un cacicazgo monopolizador del poder político para compartir exclusivamente con amigos y familiares. Aun pretende “El Pecuni” explotar en su provecho un acuerdo de su jefe con el grupo empresarial de lazos familiares con Quirino.

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