Lo que hizo prender fuegos labiales a Torquemadas

(Desde un quietecito pendular)

Analistas deducen y reducen a duda en microscopio causales de asesinato: ¿Por qué victimaron a Colosio, para qué la vida le partieron si era parte del partido?; ¿Cuál sería el fondo sepulcral que hizo decidir a don Gustavo Tlatelolco el genocidio aquel 2 de octubre, si su comisión negociadora aún sostenía pláticas con el estudiantado?; ¿A qué o a quién se debió la inmolación de Martin Luther King, si éste mantenía diferencias con otros antisegregacionistas -Panteras Negras, Malcolm X…- que ideólogos del racismo aprovechaban para fundir y confundir a quienes combatían la discriminación?…

Históricos parangones del crimen

Comentaristas han encontrado similitud en las muertes de Luis Donaldo Colosio y John F. Kennedy: “Informes” oficiales del “asesino solitario”; el proyectil proyectado en pleonasmo mortal entre una multitud; los “fiscales especiales” tan coincidentes en la increíble saudade del orate que dispara sin motivo como si se tratara de tortas disparar al crédulo azar de algún comensal…

El deceso de Colosio Murrieta, empero, con quien en calca casi se asemeja es con el atentado a Obregón: Una tarima para discurso y comelitona; música entre bocado y trago, en Lomas Taurinas a todo volumen La culebra con la Banda Machos en versión aniquiladora de la sierpe del gran Beny Moré; en La Bombilla, en vivo (y en muerte) El limoncito preferido de don Álvaro, con la orquesta de Esparza Oteo, además de temas del yucateco Guty Cárdenas que el festejado gorgoreaba entre aclamaciones de gorriones de postín, postre y pedigrí; en Tijuana, el acto lo organizó el que sería en quesería de requesón coordinador del Pacto “por México”: José Murat, de porro de la prepa cinco a la porra con hurras y zurras en el virreinato oaxaqueño, planeador del mitin junto a Jorge Schiaffino, diputado de la defeña asamblea y alguna vez presidente del Partido “Revolucionario” Institucional en los mismos capitalinos lares; en San Ángel, en 1928, Aarón Sáenz fue uno de los preparadores del obregoniano huateque, magnate azucarero, insigne polako sin varsovias de cómo vincular I.P. con puestos públicos en ratonsísima armonía; en 1994, el general Domiro García era el responsable de cuidar la integridad del candidato: fue premiado igualito que Rodolfo Herrero tras el crimen contra Carranza y Jesús Guajardo luego-lueguito de que fue asesinado el gran Zapata; de brigadier el colosense “protector” pasó al generalato de brigada, y despuesito jefe de Seguridá en Veracruz con el macabro virrey Javier Duarte….

Las similitudes abundan, sea suficiente con señalar dos más: la permisión para el acercamiento en la proximidad de un tiro de gracia altamente desgraciado… del dibujante León Toral, quien ya preso fue interrogado en secreto sin confesión por Plutarco Elías Calles y la cercanía también tan redundantemente cercana del revólver en la sien del candidato que más de un reseñista -entre re-cuento y deducción- puso una interrogante en boca de Colosio: “¿Eres tú, Carlos?”; y despuesito, en otra inconfesable secreteada, fue interrogado Aburto por Manlio Fabio Beltrones, virrey entonces sonorense, de sonora son ora Sonora, como Obregón, como Calles, como la turbiedad tan reciclada.

También derecha contra diestra se tunden sin brindis el cruzado derechazo

Sí, Calles “visitó” a León en lo Toral de la tiniebla; sí, Beltrones hizo lo mismo en la misma oscuridad abortada con uno de los Aburtos clonados; la hipótesis que vincula a Carlos Corleone en aquel individual tiroteo no se finca en disensiones ideológicas, sino en imprevisibles acontecimientos que lo apartaron del sonorense que aparentaba ser ideal para reeditar el Maximato; el levantamiento zapatista que encueró al salinismo en una radiografía; las ocho columnas de aquí y del mundo publicando la acción revolucionaria; la desesperación carlanga que al final de la usurpación sexenal en primera plana pondría el diario Reforma (muchos le dan rol, rollo y papel de posesión salinera): El “coordinador” de campaña de Luis Donaldo -Ernesto Zedillo- en epístola intimidatoria, de amenaza sin grandes ambages ni merodeos, le ordenaba cuadrarse ante CSG en la sumisión más esquinada, más ovillada; “coordinador” puesto e impuesto por aquél; “coordinador” que no asistió el 23 de marzo de 1994 a Tijuana pese que se asumió bajacaliforniano por predilección, como el chilango Agustín Lara jarocho por meritita voluntad; el discurso en el monumento a la Revolución el 16 de marzo no atacó al morador de Los Pinos pero tampoco lo incensó, y sin la mirra en la mira quedaría después de una semana nada santa.

Zedillo y Salinas se confrontarían en lo personal porque en lo político ambos son entenados del hotdog y la hamburguesa, más entreguistas que una certificación inmediata; no sólo está el duelo de película Kramer contra Kramer, sino la derecha versus la derecha sin pantalla, como lo acaecido recientemente en San Cristóbal de las Casas, donde chiapanecos del PRI se enfrentaron a tiros a chapanecos del Partido Verde, la mismidad fogueada en una balacera; o recientemente en Monterrey: miembros de la CROC versus miembros de la CROC en croar de empistolados sapotes sin zapotes; en las disputas internas de la extrema diestra gringa, el gobierno de la revolución cubana descubrió y desbarató en la isla un plan de fascistas imperiales para matar al fascista imperial Ronald Reagan; antes, Hitler y Mussolini tuvieron al facho italiano Julius Evola y al facho francés Charles Maurras de rugientes tractores detractores.

Don Gustavo Tlatelolco en la insoluble solución del genocida

La más lubricante lucubración respecto a qué impelió a Díaz Ordaz lanzar tanques de guerra e infantería contra estudiantes inermes a la Plaza de las Tres Culturas el 2 de octubre del 68… aceita y cree que acierta que se debió al nerviosismo del régimen por la cercanía de las olimpiadas; así, según tales deducciones se preparó con bastante antelación el crimen masivo contra quienes apenas se asomaban a la vida; otras especulaciones que hieden a boletín de Gobernación editorializaron que el genocidio se suscitó por la infiltración de la KGB, hasta un senador (Víctor Manzanilla Schaffer) poco después del múltiple asesinato se trepó a la tribuna pa’expectorar que prefería ver en las calles de México tanques mexicanos que tanques soviéticos, qué tanque tan que mata; otros, con la misma hediondez semántica salida de Bucareli, lombardianamente toledaban y toleteaban a maquinazos que el multihomicidio se suscitó para enfrentar a la CIA entremetida y entrometida en el Consejo Nacional de Huelga; esas “suposiciones” de voladas plumillas de alquiler, no se las tragó ni el más insaciable glotón de credulidades.

GDO hondo temía lo consabido: su inmudable estancia en el santoral de genocidas; por ello, en su siguiente informe presidencial, con la eufemística intención de que se entendiera lo contrario… en lo “personal” e “histórico” se agenció para su puritito coleto la responsabilidad ante la “legislativa” ovación que focal como focas lo enfocaban en una aplaudidera furibunda, gemebunda y pudibunda.
Hay un hecho insuficientemente abordado en el análisis del causal del genocidio: cuando se izó en el Zócalo la bandera rojinegra, el gobierno de inmediato preparó un acto de “desagravio” con decenas de miles de empleados federales, trabajadores aparentemente devotos, dóciles ante cualquier ordenamiento extralaboral, una sucesión inacabable de camiones de redilas al descubierto los conducía a la Plaza de la Constitución, armados con un arsenal de matracas y constreñidos en los apretujamientos colindantes con la asfixia… de aquellos transportes sin toldo irrumpieron baladas en paradójico cardumen lanar: “¡Beee! ¡Beee! ¡Beee!”… en coro de decenas de miles que casi al alimón entonaban: “¡Somos acarreados!” “No vamos… ¡nos llevan!”; “¡Beee! ¡Beee! Beee!”; no había profetas ni directores orquestales, eran los laborantes mismos en una insurgencia entonada, el burocrático pilar del charrismo cabriolaba en su cuaco con todo y los jinetes de las cuotas sindicales, con el “líder obrero” Fidel Velázquez que se tronaba los dedos con todo y el maraquear de su artritis; lo anónimo que hace cambios y revoluciones se entrelazaba: brigadistas, operarios fabriles, colonos de zonas marginales en un etcétera que empezaba a crecer en andén de puntos suspensivos… Allí está la tesis de la criminal causalidad, el fondo literalmente sepulcral del genocida proceder.

El soñador discurso de Luther King en la vigilia

Su alocución de 1963, Yo tuve un sueño, ante una multitud en marejada, se halla inserta en imborrable antología universal…. pese a que no agradó a otros combatientes del racismo, a Panteras Negras y, en particular, a Malcolm X -enorme antisegregacionista también- quien por poco y lo “sobrineaba” con la definición de “Tío Tom”, personaje centralísimo de una novela de Harriet Beecher Stowe, mote que se endilga al servilismo y que en la chicanidad tiene su vertiente bautismal en “Tío Taco”.

Esas disensiones eran aprovechadas por los jerarcas del prejuicio, entre éstos Edgar Hoover, que al frente del FBI y siglas distintas que a lo mismo antecedieron, duró casi medio siglo ejerciendo una labor que la esposa de Franklin Roosevelt, doña Eleanor, catalogó de nazi, a lo Gestapo destapado; el ultraderechismo de aquél situaba en sus deformes informes secretos desde activistas a miembros de la farándula sin políticos queveres, como los orejas de alquiler que de oídas de aretes se ponen nombres y re-nombres, señas y sañas.

Desavenencias asimismo se suscitaron entre el doctor King y el presidente John F. Kennedy, especialmente por la oceánica marcha rumbo a Washington en donde pronunció Yo tuve un sueño; disentimientos igualmente con el hermano del mandatario, con míster Robert, bien encumbrado en el gabinete, por desacuerdo de éste respecto al contenido discursivo de don Martin Luther; ya está más que reseñado lo que pese a tales inconformidades acaeció a los consanguíneos; el fascismo no aporta reglas ni reglazos pero sí plomazos.

Lo real es que míster Hoover cercaba de orejones el deambular de Luther King, empero, lo que a don Edgar y sobre todo a quienes sus ensalivados desempeños destilaba, el discurso que a magnates y políticos entretejidos en hilachos de ahorcadero alteró el latir en taquicardia de frenético bongosero, fue el intitulado Es tiempo de romper el silencio, referente a la invasión gringa en Asia, externado el 4 de abril de 1967 al interior de un templo sin templete aunque con la tesitura que traspasa murales y vitrales: “… si el alma de Estados unidos llega a quedar completamente envenenada, una parte de la autopsia se debe leer en Vietnam…”; la otra porción del ánima emponzoñada en la morgue de los espíritus, agregaba el orador, se localiza en el discriminar y el explotar, en lo infinito del infinitivo hasta los estallidos de la desesperación, de la depauperación en todos los matices; la cita, traducida y sintetizada por este tecleador, se halla en la revista Freedomways (Caminos de Libertad), de 1973.

Qué fechas y qué fachas de los fachos asesinos: El discurso referido, se reitera, se dio el 4 de abril, y el asesinato contra el inolvidable pastor se dio ¡el 4 de abril!, en 1968, un año justo, un año injusto, en el calendárico mensaje del auténtico matón, de los auténticos matones, Hoover y sus sostenedores magnates y políticos entretejidos en hilachos de ahorcadero.
¡Un par de abriles posteriores al crimen en la capital inglesa!, en el aeropuerto londinense, detuvieron a Earl Ray, lo extraditaron a la Unión Americana, le enjaretaron a chaleco de tortura el homicidio, el cual negó… hasta que le dejaron de disyuntiva dos vereditas nada tropicales: la silla eléctrica… o aceptar la responsabilidad del hecho a cambio de 99 años de cárcel, con un apotegma emparedado: Hay más tiempo que vida y más reencarnaciones que carne a espolvorear.

Sí, crimen de Estado; sí, crimen perfecto, como el de John Kennedy, como el de Robert Kennedy, de los que Edgar Hoover tenía conocimiento y cocimiento; sí, crimen de magnates entretejidos en hilachos de ahorcadero; sí, crimen perfecto, el cometido contra el gran Malcolm X en 1965, ante la legalidá sin más pistas que sus pistolas; sí, crimen perfecto de Torquemados que prendieron más que fuegos labiales, masque masticado el historial. pinopaez76@yahoo.com.mx