La Salud, industria de la muerte

Los negocios hospitalarios en México

Sólo para ilustrar nuestro optimismo, dos rasgos de su perfil profesional y sicológico: Hace diez meses, al presentar a Miguel El Piojo Herrera como imagen de la campaña nacional de vacunación, destacó sus atributos: Tiene carisma y más credibilidad que cualquier funcionario público.

Hace unas semanas, El Piojo fue defenestrado como técnico de la Selección Mexicana de Fútbol por inveterada y criminal conducta agresiva y, por supuesto, los pobres resultados de Los ratoncitos verdes en torneos internacionales.

Quien, con aquellas calificaciones, ponderó las virtudes del entrenador de la Selección, fue la priista secretaria federal de Salud, Mercedes Juan López, subsecretaria de Regulación y Fomento Sanitario del gobierno de Carlos Salinas de Gortari, diputada federal y secretaria de la Comisión de Salud, Población y Desarrollo de la Cámara de Diputados (LVII Legislatura) en la gestión de Ernesto Zedillo, y comisionada de Operación Sanitaria para la Protección contra Riegos Sanitarios en presidencias panistas.

Mercedes no niega la cruz de su parroquia

Al retornar a la actividad privada, en 2009 se alzó con la presidencia de la Fundación Mexicana para la Salud, constituida en mayo de 1985 por poderosos hombres de negocios: Panaderos, banqueros, contratistas del gobierno, superabarroteros, etcétera. De esa institución, Enrique Peña Nieto la reclutó para hacerse cargo de la Secretaría de Salud.

No estorba nombrar a los socios constituyentes de esa Fundación: Lorenzo Servitje Sendra, Carlos Abedrop Dávila, Rubén Aguilar Monterde, Ernesto Amtman Obregón. Jerónimo Arango Arias, Jaime P. Constantiner, Jorge Chapa Salazar, Enrique Robinson Bours Almada, Ignacio Aranguren Castiello, José Barroso Chavez, Gilberto Borja Navarrete, Enrique Bremont Pellat, José Carral Escalante, Manuel Sánchez Navarro Shiller, José Miguel Nader y Guillermo Salas Peyró.

Los hombres de negocios llegaron a este mundo para hacer negocios. Con esos avales, ¿quién les iba a negar el control del Sector Salud por interpósita persona: Mercedes Juan López?

¿Hombres de negocios? A Servitje Sendra le basta con ser conocido como Don Bimbo. Carlos Abedrop Ávila fue el tercero que, con Manuel de Jesús Clouthier del Rincón y José María Basagoiti, hace 33 años abandonaron iracundos el Palacio Legislativo de San Lázaro cuando José López Portillo decretó la expropiación bancaria.

Las prendas de la familia Miguel

Unas cuantas palabritas sobre “don” José Miguel Nader, penúltimo nombre de la lista trascrita y patriarca mexiquense: En el estado de Morelos, el Instituto Mexicano del Seguro Social fundó un balneario recreativo para sus asegurados: Devino en Parque Acuático Oaxtepec.

Por esas cosas tan ordinarias de las transas privatizadoras, la concesión de ese negocio cayó en manos de la empresa Promotora de Centros de Esparcimiento, propiedad del patriarca mexiquense José Miguel Nader. Hacia 2011 la administración de tal parque fue sujeta de una denuncia por impago por parte de la empresa Infomin, que logró el embargo de las instalaciones.

Sorpresas te da la vida: La empresa Infomin, denunciante, es propiedad del mismo dueño de la denunciada Promotora de Centros de Esparcimiento. Kramer contra Kramer. Cosas de la justicia a la mexicana.

Pero “don” José tuvo un hijo: Alfredo Miguel Afif, cuyo nombre apareció en la podrida panza del Fobaproa. En 1997, Miguel Afif fue presidente del Comité de Financiamiento de la campaña de Alfredo del Mazo González (ex patrón de David López Gutiérrez) a la jefatura del Gobierno del Distrito Federal. Fallida, obviamente.

En 2000 Miguel Afif puso al servicio la campaña de Francisco Buenaventura Labastida Ochoa uno de sus aviones. Fallida, no faltaba más. Pero en 2002, ese célebre hombre de negocios se volvió aún más célebre: Se le abrió causa fiscal por evasión de impuestos de las empresas Contrataciones y Servicios, Grupo Mina, Servicios Ejecutivos de Personal y Grupo Integral de Personal, todas del Grupo Miguel.

El mazatleco secretario de Hacienda de Fox, Francisco Gil Díaz les sacó el buey la barranca.

De padres le viene al galgo

Nieto de “don” José, hijo de Alfredo es José Miguel Bejos. Mexiquense, pues, director del Grupo Prodi. Para decirlo pronto, el socorrido nieto se ha visto favorecido con contratos por más de 13 mil millones 600 mil pesos, sólo en el nicho de la Secretaría de Comunicaciones y Transportes, envuelta en las trapacerías del Grupo Higa,  su afamado Juan Armando Hinojosa y las controvertidas residencias pinoleras.

“Don” José Miguel Nader, dijimos, socio constituyente de la Fundación Mexicana para la Salud, de cuyo directorio llegó al gabinete de Peña Nieto Mercedes Juan López.

Superhospitales y gente sin servicio

Hace poco más de un año, en su alegre gira semanal que Enrique Peña Nieto hace por el Estado de México, su patria chica, se acercó a Ixtapaluca, donde la alcaldesa Marcela Serrano Hernández le echó a perder su matinal digestión.

Peña Nieto iba autocomplaciente a supervisar uno de tantos proyectos de infraestructura vial tan abundantes en Edomex. Pero a la peatona doña Marcela no le interesaba tan magna obra y aprovechó la oportunidad para decirle al Presidente: “Tenemos un  superhospital… y la gente sin servicio”.

Se refería la alcaldesa de Ixtapaluca al Hospital de Alta Especialidad proyectado para dar servicio a la población de 94 municipios de los estados de México e Hidalgo, y  que para ese momento, después de casi cinco años de iniciado, tenía apenas un avance de entre 10 y 15 por ciento. Requiriendo mil 500 plazas de personal, sólo era atendido por dos enfermeras.

Se los firmo y se los cumplo”, respondió el visitante. Dos semanas después, el histórico hospital regional Pedro López, que ofrecía servicios para la atención de embarazos, pediatría, medicina interna y cirugía, fue desmantelado por órdenes de Mercedes Juan López para concentrar personal y servicio en el Hospital de “Alta Especialidad” de Ixtapaluca,  reducido ya de tercer a segundo nivel, y sigue sin operar cabalmente. Así terminan los grandes proyectos de infraestructura para la Salud.

El cuñado de Carlos Salinas al ataque

Lo que nos remite a otro negocio: Dicho proyecto, es de los denominados público-privado. Por supuesto, más privado que público. Y la contratación durante el gobierno de Felipe Calderón se otorgó como Inversionista Proveedor a la empresa DOIHI, y su filial GIA-A, en cuyo capital es figura prominente Hipólito Gerard Rivero, cuñado del Salinas de Gortari, quien tuvo como subsecretaria de Regulación y Fomento Sanitario a Mercedes Juan López.

Pero Gerard Rivero tiene otro poderoso cuñado: El director general del IMSS, José Antonio González Anaya, casado con la hermana de aquél, Gabriela.

Más importante aún: A Gerard Rivero se le atribuyen vínculos con el corporativo Promotora y Desarrolladora Mexicana, propiedad de Olegario Vázquez Raña, dueño de la cadena de hospitales Ángeles, (ahora concesionario televisivo) y contratista del gobierno federal en el ramo de construcción y administración de hospitales. ¡Que tal!

Favorecido del Peñismo, bajo las zarpas del cuñado de Salinas de Gortari y sospechoso de sociedad de Vázquez Raña se ha colocado la operación del Hospital General de Mazatlán. A fin de cuentas, Gerard Rivero ya tiene otros contratos otorgados por el gobierno del estado de Sinaloa. Seguramente con muy buenos resultados, pese a la maledicencia de la diputada Imelda Castro Castro.

El neoliberalismo adoptó a título de slogan aquello de servicios de “calidad y calidez” en materia de Salud. Tope en realidades como la denunciada por la alcaldesa de Ixtapaluca, la falacia sigue siendo la marca del Peñismo en esa asignatura.

Todo empezó con Vicente Fox

En el depósito al alto vacío de Vicente Fox, su secretario de Salud, Julio Frenk le colocó la iniciativa para darle la puntilla al IMSS: La privatización de las políticas de Salud y Seguridad Social, creando el Seguro Popular.

Desde los enunciados de esa iniciativa, Frenk mostró el cobre: Sería “un sistema de financiamiento” de la atención a los más infelices  del infelizaje. Del mero rubro se colige que los servicios no serían precisamente gratuitos. El autofinanciamiento tendría como soporte a potenciales pacientes que no alcanzan atención en el IMSS y el Issstse.

El Seguro Popular fue acompañado con la planeación de los hospitales de Alta Especialidad (HAE) dizque de tercer nivel. En la loca racha del contratismo, los proyectos hospitalarios se anunciaron como el Hospital Bicentenario de la Independencia, Centenario de la Revolución y otras mascaradas.

Así fueron aparecieron los HAEs de Guanajuato o del Bajío, Chiapas, Ciudad Victoria, Oaxaca, el citado de Ixtapaluca y de Mérida. Todos cortados con el mismo patrón: La construcción y administración hasta por 25 años por los contratistas favorecidos por el gobierno, aunque en ellos estuviera de por medio el Issstse.

El prototipo de corrupción sigue siendo el Hospital de Alta Especialidad del Bajío, concebido para dar servicio a población de Guanajuato, Michoacán y algunos municipios de Jalisco.

Terminado el sexenio de Felipe Calderón, de hecho ese centro se mantenía en obra negra; obviamente sin equipamiento ni personal. Lo que no obstó para que, entrado el sexenio de Peña Nieto, se le siguieran ministrando las amortizaciones por la construcción y una onerosa renta mensual que correrá durante un cuarto de siglo antes de que el complejo pase a manos del gobierno.

En toda la red, el santo y seña sigue siendo el mismo: En el caso del plantel de Guanajuato, los que tienen servicio de instalaciones del Issstse lo siguen prefiriendo a causa de los costos que implica el transporte y la inseguridad en el cumplimiento de las citas.

En el resto, se yergue la imagen del elefante blanco: Personal insuficiente e instrumental ausente, suministro de medicamentos escaso. Con una agravante: Pacientes en grado de urgencia afiliados al Seguro Popular son remitidos al IMSS y al Issstse, donde “el hambre le está pidiendo auxilio a la necesidad”. O la enfermedad a la epidemia.

Salinas de Gortari: “Ni los veo ni los oigo”

Poca memoria se hace ya de las campañas electorales, pero si se recogieran “las demandas más sentidas de la población” durante las campañas de 2015 en los 300 distritos federales, la más común es la de servicios de Salud y, en las zonas a las que supuestamente servirían los Hospitales de Alta Especialidad, degradados del tercer al segundo nivel, la exigencia es de que es hora de que las costosas inversiones empiecen a rendir sus frutos.

Vamos para cuatro décadas de neoliberalismo. Cuando a su paso de campaña  por Morelia, Michoacán, Salinas de Gortari pedía que “hablara México”, México habló en la voz de un obrero y le advirtió al candidato del PRI: “Si no se cambia la orientación de la política económica, más temprano que tarde no alcanzará todo el presupuesto público para hospitales y reclusorios a fin de atender a una creciente población enferma a causa del hambre o para encerrar a tanto compatriota empujado a la criminalidad por la pobreza”. México habló, el candidato hizo su clásica frase: “Ni los veo ni los oigo”.

Cuando todavía la Constitución mexicana privilegiaba los Derechos Sociales del Pueblo Mexicano, al Estado se le responsabilizaba de su tutelaje. “Toda persona tiene derecho a la protección de la salud”. Diez palabras que el Estado de bienestar tomó a título de fe y creó las grandes instituciones de Salud y Seguridad Social.

Ahora, el nuevo artículo Primero de la Carta Fundamental, eleva a rango constitucional los Derechos Humanos. Pero en las banquetas, los pasillos y los escusados de los hospitales públicos y centros de salud se mueren las parturientas y sus “productos” por la inhumanidad del personal pagado por los contribuyentes.

Es que la industria más rentable de nuestros días es la enfermedad, la atrofia del cuerpo humano, el dolor de los pacientes y sus familias. Es el negocio del siglo. Por eso, la Fundación Mexicana para la Salud y su gestora pública Mercedes Juan López siguen asociadas (quién sabe también si en las funerarias) en los megaproyectos de bellas fachadas arquitectónicas y alma de filibustero: El dinero no tiene olor… ni piedad.

PD: Antes de que termine 2015 -de hecho ya algunos corporativos lo están haciendo por la libre- los negocios hospitalarios y laboratorios farmacéuticos emprenderán un incremento de tarifas. Es que, ya sabe usted, equipamiento y patentes nos llegan del extranjero. Y mire cuanto cuesta ya el dólar. Por supuesto, los costos de los proyectos pendientes serán disparados automáticamente. Como si no bastara la práctica ya institucionalizada de dar una cotización para el contrato e inflarla conforme se cumple cada etapa hasta el final, en que la inversión original terminó hasta en 200 y 300 por ciento más. Y ya se sabe quién es el pagano. Es cuanto.

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