José Revueltas en un trazo a máquina maquinado

(Desde un quietecito pendular)

A toda biografía se le podría describir a lo Balzac y su Comedia Humana donde don Honorato sistematizó que en una vida hay muchas vidas, por ejemplo, la existencia del lector que aterrice sus de apipizca en lo paradójico (Desde un quietecito pendular)… posee un múltiple existir y cada uno de éstos resulta material para un novelar cuantitativo: novela a la hora de leer, qué publicaciones prefiere, qué descubre entre alguna parrafada, cuál reflexión queda tatuada para siempre en el mistral de los resuellos; novela en su ámbito familiar, la sazón y la desazón, la sabrosura y el amargor entre los suyos; novela evocada jamás equivocada junto a condiscípulos rememorados sobre un pupitre de neblina; novela de mano emanada respecto al púber quehacer de la manida sastrería; novela al lado de su juventud que con talón y con Aquiles idea el trascender; novela frente a su vejez que le grita la hecatombe en cualquier espejo; novela referente al amor que le compensa el haber estado aquí…

Revueltas en la literatura, en la militancia, en la mazmorra…

Así, a José Revueltas Sánchez se le vería en un atisbo de lápiz o plumín, el José polígrafo, escritor casi desde el principio de la vida y apresado también casi desde el principio de la vida; Revueltas hermanado con la música, la actuación, lo pictórico; Sánchez el autodidacta que es símbolo y materia cultural en universidades…

De don Gregorio y doña Romana, padres de los Revueltas, se ha dicho poco, muy poquito en dosis homeopáticas, dizque ni él ni ella se dedicaron a menesteres artísticos como harían sus afamados chilpayates, empero, el arte fue parte versada y substancial en la pareja, la bellísima señora Romana les inculcó la lectura, sin presiones o insistencias, los libros nada más en el anaquel al alcance de la mano y la mirada, con los lomos de las obras ansiosos de ser montados y transmontados; el señor Gregorio era buhonero, el vender que se desplaza como la dramaturgia de Arthur Miller-Death of a salesman- La muerte de un vendedor (por acá traducida en viajero); buhonero que se aborda poético en versos de Whitman o Borges; buhonero don Goyo en símil del gran Eufemio Zapata, fratelo del igualmente grandioso y asimismo calumniado Miliano; buhonero al estilo del enorme revolucionario Aquiles Serdán, tan maltratado en estampitas de estampida, a quienes hagiógrafos de santuarios de aluminio insisten en envolver en ene de nada ni nadie en la fútil pretensión de taparle a lamparazos su ser revolucionario; buhonero como lo fue en México el gran Che Guevara en el oficiar del “cambaceo”: el ofrecer libros puerta por puerta y retina por retina, poco después de ejercer el oficio de fotógrafo ambulante en la defeña Alameda central en unión del también antimperialista Julio Roberto Cáceres, el inolvidable “Patojo” guatemalteco; buhonero en sintonía con Juan Rulfo, antes de oír Los murmullos de titular anterioridad a Pedro Páramo de adioses reencontrados en el sitial de la escarcha que ya no cupo en los vitrales…

Qué padre tan ídem don Gregorio y qué madre tan a toda ídem la hermosa doña Romana, que en épocas de jauja enviaron a sus hijos al particular Colegio Alemán y cuando las escuálidas vaquitas retornaron a su era, la escuela pública fue el relevo, luego las clarabellas del destino engordaron un poquito, y la nena Rosaura aprendió el alemán y cuando creció en guapa y superlativa nenota se fue a la RDA, a la entonces República Democrática Alemana a estudiar en el Berliner Ensamble de Bertolt Brecht y despuesito a estelarizar La sal de la tierra, cinta dirigida por Herbert Biberman que a él y a Rosaura les ocasionó quedar recluidos en la lóbrega y lúgubre lista negra del macartismo, del que también el polígrafo Brecht fue victimado por Las brujas de Salem que en paráfrasis de aquelarre abordara el ya citado Arthur Miller; qué papá don Goyito tan gregario y qué mamá la señora Romanita tan romántica y tan bellísima… que a José le permitieron dejar la secundaria en sus inicios para dedicarse de verdad al autodidactismo, y a Fermín y Silvestre, que así eligieron, otorgarles lo necesario para que estudiaran pintura y música en la Unión Americana; de los nueve seres procreados a ninguno le fue puesto y menos impuesto el Goyo sin Kafka ni La metamorfosis ni el eufónico gentilicio femenino de la capital de Italia: Romana; ¡qué gran jefecito y qué grandiosa, Gran Diosa, jefecita!

Revueltas en letras de sonoridad leída

La poligrafía fue su signo, que en el cuento El signo de los escorpiones se significa, a su novelística José Revueltas quería englobarle en un título novelado no velado: Los días terrenales, según expresó a Margarita García Flores al ser entrevistado, congregación creativa al estilo balzaquiano, o al español Benito Pérez Galdós y sus Episodios Nacionales que en lares mexicanos Victoriano Salado Álvarez denominó Episodios Nacionales Mexicanos, o en Francia Marcel Proust y el rastreo de mancos relojes de manecillas y abrazos extraviados En busca del tiempo perdido, o Luisa Josefina Hernández y su serial dramatúrgico de once puestas en escena ceñidas sin ataúdes en Los grandes muertos, o Alejandro Dumas y Los tres mosqueteros con una sucesión 20 abriles después con arrugas, papada y la jorobita de tanto enmochilar la vida, o Mariano Azuela y la Mala Yerba primero continuada en otro libro nombrado sin hemorragia Esa sangre, o las 27 novelas del galo Jules Romains bajo el bautismo unilineal de Los hombres de buena voluntad, o el Wilhelm Meister de Goethe que en triangulito crecería o…

Novelar revueltiano sin revolturas, de prosa que exuda el apunte poético, la metáfora versada y conversada en dialogar de estetas; en otras líneas y ocasiones es el filosofar que descuella de cuello y cogote compaginado, unas más se da de seda sedado lo descarnado del verbo más allá del esqueleto y de cualquier radiografía, ejemplar josesista en que la temática de la Novela de la Revolución Mexicana se asoma, que en buena parte, en buenísima partitura de orquestación leída… surgen y resurgen reverberaciones de la cristiada, donde El luto humano representa la oquedad del alma que recluye al revoloteo, en que Los motivos de Caín llegan y llagan, bordan y abordan su bíblico tejer, costura de nuestros carnalitos del aquel laredo, donde Los muros de agua ahogan de tanto valladar y El apando es la dantesca inmersión a los sótanos más flamantes y flameantes contra la doliente inmortalidad del ser, el encierro del encierro en la oscuridad de la oscuridad tan íntima, con la tortura de uno mismo contemplada en vidrios de niebla y vaho crecidos en llamarada.

En el novelar de Revueltas están, amén con todo y pecado concebido de Los días terrenales… Los errores, no las fallas literarias, la literatura sola que sin ficción lo condujo a una palinodia, a la retractación dispuesta por jerarcas dizque de overol del PCM, ordenamiento dado entonces por Enrique Ramírez y Ramírez, a quien re apellidaría “Maromas y Maromas” Margarita Michelena, buena poeta y mala ideóloga re-cargadísima a la derecha, marometa apelativa impuesta por el traslado de aquél al Partido “Revolucionario” Institucional; en una novela posterior, El nudo ciego, expulsado ya del Comunista, que jamás del comunismo… sin ambages desplegó acerbas críticas contra la burocracia “marxiana”, invención creativa y realidad sufrida en afiladísima simbiosis, sin contar el descontón causado con sus obras analíticas, verbigracia, Ensayo sobre un proletariado sin cabeza y El fracaso histórico del PCM, en que certeros ganchos de izquierda, a lo “Kid” Azteca y a lo “Ratón” Macías”, dejó a los pesimistas pecemitas con el hígado más aplanado que una disertación de don Enriquito.

De Dormir en tierra al enterado despertar tan enterrado

Dormir en tierra es un cuento anclado en jarochas marejadas, aquí José Revueltas sigue con el torpedo de su plumín, el acaecer tan rutinariamente dramático de una Doncella del Talón, humildísima, que alquila su sacramental herida de mujer para que estibadores y desembarcados desalojen la homeopática privacidad de sus océanos; en el texto el vocabulario se poetiza en prosa que muestra las ámpulas reventadas de la explotación en la fatalidad del escurridero; tema desarrollado en Veracruz en el mismito sitial en que, durante 1920, se suscita una mayúscula e histórica protesta contra los expoliadores, versus caseros, en su mayoría españoles, que alquilan pocilgas cuyas rentas constantemente elevan en espiral; la batalla inicial la producen las Musas del Zangoloteo, quemando públicamente su instrumento de trabajo: El colchón, resistencia histórica no sólo por ser la primera gran batalla en el mundo ejercida por las Amazonas del Pujido, sino que atrajo el combatir de otras estatales víctimas de la inquina del inquilinato, que redondo redundó en el Sindicato de Inquilinos Revolucionarios, en que tanto destacase la participación de Herón Proal y María Luisa Marín, una enorme feminista que vinculaba el accionar por el respeto a la mujer con la lucha de clases; en Veracruz la movilización de los moradores integró a obreros, cañeros, labradores, tamemes portuarios… el gobernador Adalberto Tejeda, al comienzo, se comportó comprensivo frente a la protesta, pero ésta rebasó confines veracruzanos, el presidente Obregón se quitó máscara y mascarilla de pro proletario, el mandatario estatal apresó a Proal y a Marín, la demagogia quedó desenmascarada.

Lo anterior encaja también ¡y tan bien! en las aportaciones postmarxistas de Revueltas, para quien no necesariamente la clase obrera es el detonante de la revolución, puede brotar del estudiantado, de la rebelión indígena, de la negritud, de los campesinos… Eso lo vislumbraron asimismo Fanon, Mariátegui, Mao… el resistir ha procedido incluso del ambulantaje, así ocurrió en Panamá por los gringos tan hollada, cuando un callejero vendedor de frutas exigió a unos güeros y hueros marines le liquidaran lo consumido, lo único que liquidaron fue al trabajador, lo que levantó al instante una tempestad heroica de anónimas GRANDEZAS.

Revueltas fue uno de los aportadores en el rubro analítico de la “Sociedad civil” la que antes desarrollara Gramsci y con mayor antelación aún, Hegel, con diferente pitagorismo en derroteros sin derrota; regresando insomnes y marítimos a Dormir en tierra donde las Samaritanas del Catre pujan sin subasta… la genialidad supina de un cuentazo, con un prefinal de simbolismo majestuoso al final de la Ballena blanca, al Moby Dick de Melville, en que sólo la angustia del ser humano posee la dimensión del mar, el añil que se torna inacabable tonalidad violeta sin flor mas con la inquisición de los ahogos… el gran José, el entrañable Revueltas, en esa tragedia portuaria tuvo desconfianza del hipotético lector, de que no captara el corolario, y la obra de arte se atoró en un buen cuento, estupendo, pero sin la genialidad aquélla, cercada entre las alambradas del desconfiar.

A este apachurrateclas (Desde un quietecito pendular), le causaba curiosidad que lo obvio del dormido final no estuviese copioso en las reseñas, en sus cursos de literatura nada más un alumno redactó en su ejercicio, el malogrado epilogar… hasta que los oclayos se toparon con una nota referente a Sergio Galindo, escritor y responsable entonces de ediciones de la Universidad Autónoma de Veracruz, quien le dio a Revueltas su opinión desfavorable por esa terminación cuentística tan desconfiada, y José coincidió con ello, añadiéndole, por la vía epistolar, que realizara lo conducente, sólo que lo conducente y lo consecuente estribaba en que el propio autor de propios puño y letra o de propia goma hiciera su magnífico prefinal un final de magnificencia, lo que no se dio lo que no sucedió, y Galindo respetuoso del verbo que no emergió en géiser de su mismísimo tintero, dejó Dormir en tierra sin confiar en la retina que descubre del naufragio la lectura de una luz que alumbra sin zozobrar lo que un eco de bendiciones recuperadas proclama en la otra orilla. pinopaez76@yahoo.com.mx