Emilio Chaufett y el expediente de la UAS

Dada la historia de cinismo que caracterizan la política “a la mexicana”, mañas que heredaron los políticos sinaloenses y analistas “inventores de su verdad”, el ingenio popular especuló hace unos años que si Franz Kafka hubiera nacido en México, habría sido un escritor perverso, dado a la fabricación de entuertos. Y es que, entre las reglas no escritas y los usos y costumbres, las leyes formales que en otros países son casi sagradas, en nuestro país sirven lo mismo para un barrido que para un fregado. Lo mismo encaja para el periodismo. Podríamos vaciar muchos contenidos “periodísticos” bajo el rubro de Picaresca, si no fuera porque el asunto de la formación de los poderes públicos y de las universidades entraña no sólo un imperativo cívico, sino la suerte de los 120 millones de mexicanos que somos ahora. La realidad: en el escritorio del secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, se ha colocado un expediente sobre la Universidad Autónoma de Sinaloa con el que el Gobierno federal le entra al análisis del tema desde cuatro aristas: uno, la intentona, feroz, del viejos activistas del Partido de la Revolución Democrática, que bajo ese ropaje, el de la Liga 23 de Septiembre, PCM o PSUM, mantuvieron secuestrada por muchos años a la universidad. Dos, la activación de ex militantes del PRD, ahora filtrados en Morena, interesados en tomar por asalto a la institución educativa; tres: las últimas cuatro auditorías practicadas por la ASF y la ASF en torno al eficiente manejo de los recursos públicos/presupuesto de la universidad, que pese a su estrechez han sido suficiente para sortear la crisis recurrente de la institución. Cuatro: los estándares de excelencia académica que han logrado instalarla en los primeros lugares en el ámbito nacional e internacional y su insistencia en lograr profesionales de excelencia para que se incorporen al mercado laboral. El expediente es sumamente favorable para la UAS que es amenazada por grupos “del pasado” con desestabilizarla y convertirla en ariete de movilizaciones callejeras y en un bastión político antigubernamental, anti-peña o anti-malova.  El secretario de Educación Pública, Emilio Chuayffet Chemor, sabe del control que ejercían en el pretérito grupos de presión de la izquierda y la de ultraizquierda y los esfuerzos que realizó, en el pasado reciente, el ex rector Jorge Medina Viedas, para lograr su reconocimiento institucional y ser considerada una universidad donde prevalecía la armonía y se privilegiaba la academia, en un ambiente en la que el gobierno federal consideraba la “época de la barbarie universitaria”. Medina Viedas es hoy el responsable de comunicación social de la Secretaría de Educación Pública y, por supuesto, de la imagen de Chuayffet, quien sabe también del viacrucis por el que han atravesado las tres últimas  administraciones rectorales, en apego a un programa de reingeniería de todos los niveles, para lograr instalar a la institución en los primeros planos nacionales e internacionales. “Regresar al pasado, no; sería la locura”, habría sido la respuesta contundente del titular de la SEP en un primer diagnóstico del expediente la UAS. Chuayffet le apuesta a la construcción de una generación de estudiantes dinámicos, participativos,  de alta excelencia académica, pero en las aulas, no a la reproducción de proles de vándalos que irrumpan en la calle, esas que dirimen sus diferencias con el gobierno estatal y federal  a través del insulto o la agresión, como ocurría en el pasado. Exacto: la SEP rechaza las “universidades de la agitación”. El Caso Ayotzinapa sirvió para realizar un análisis de la UAS y el importante papel que jugó en la estabilización de un conflicto de esta naturaleza. El asunto político y el rol que juega la UAS y los universitarios también pasa por el cedazo de la SEP: el resultado de las auditorías y sus avances académicos son  contundentes. Chuayffet entiende que en su deber ser de agente de cambio social la universidad no tendría razón de ser o no se explicaría sin la participación en el quehacer político. La democratización no es completa cuando la comunidad  universitaria permanece “enclaustrada”, encerrada en sus cuatro paredes. Así, pues, el  reto más profundo es conjugar y dirigir a la universidad para convertirla en instrumento de saber y de participación sociopolítica para el cambio. Ese trabajo admite la politización como actividad para potencializar la universidad, desechando los caducos moldes del caos académico y administrativo. Bien. Aquí, la participación activa de universitarios en sus horas no laborales semanales y en sus días de descanso es permitida para todos los miembros de la comunidad uaseña, milite en el partido que milite –PAN, PRD, PT, PRI, PAS, Morena, por lo que el secretario de Educación Pública no ve por ningún lado ni siguiera la presunción de utilización de la casa de estudios como ariete político del Partido Sinaloense y mucho menos la descomposición de los sistemas académicos de la institución. El diagnostico ve, sí, el desespero, del PRD y Morena por los tiempos electorales que se le vienen encima y su incapacidad por “manipular”, como en el pasado lo hizo, la conciencia de los universitarios, de ahí, pues, la insistencia, según el resultado del análisis, de los ataques insistentes y persistentes contra la UAS y el nuevo partido que gana las simpatías de los universitarios y de la sociedad toda.  Sí. Es cierto. No falta por ahí quienes sueñan con el retorno del pasado universitario –donde hasta las banquetas se colapsaban y los baños semejaban incluso zahúrdas y los maestros permanecían de pachanga perenne-. Son aquellos que se quedaron pegados a anquilosadas mañas políticas, contando con el apoyo de “analistas” que distorsionan el escenario universitario. Lo escrito al principio: si Franz Kafka hubiera nacido en México, habría sido un escritor costumbrista, demasiado perverso, dado a la fabricación de entuertos y a la destrucción de honras.

 

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