La delicia de ser voceros de la línea

¿A quién engañan los medios de comunicación que se roban la verdad para ofrecerla como producto propio?.¿Qué delicia perversa encuentran en la doble cara social cuando solo llevan pesos a sus bolsillos y a sus empresas, y poco, exageradamente poco, a las causas nobles y a quienes de verdad lo necesitan?. Es, sin lugar a dudas, una perogrullada aseverar que no puede hallarse en un medio de comunicación una genuina independencia editorial sin una situación económica sana. Lamentablemente la mayoría de los medios informativos no son completamente rentables si quieren independencia. Y por antítesis, con compromisos desde luego no aspiran ni siquiera a ser independientes y son descubiertos, tarde que temprano, como voceros de las líneas oficialistas. Datos internacionales confirman que a los periodistas, se les “invita tácitamente” en muchos casos a proteger los intereses de sus aliados políticos y empresariales que son el sustento del negocio de la libertad de expresión. Si la publicidad comercial y gubernamental es la fuente principal de los ingresos para las publicaciones occidentales, se genera una lucha encarnizada por obtenerlo y desde luego que la corrupción se constituye en una de las reglas del juego, porque se vuelve instrumento para regatear o incluso para el chantaje. La política y los negocios de la comunicación tienen lazos muy estrechos. Complicidades que requieren de un sistema de intercambio de favores para que a todos les vaya bien. Si, en un acto de constricción hay que reconocerlo. Solo que todo eso, la mayoría de los medios lo ocultan bajo sus enaguas para no acabar su negocio… Aunque pregonen lo contrario. La verdad no tiene dueño. Por las verdades se pierden los amigos y definitivo: la verdad propia es para quedársela, porque la de cada uno no sirve si no se busca en conjunto. El negocio entonces por volver las mentiras a verdades es muy lucrativo. Tarea que los medios de comunicación no desprecian y hasta abusan ya que en lo público y en lo privado la mentira es un instrumento de seducción y trampa. En ella caen todos, incluso los que afirman ser dueños de la verdad, y los que la blanden contra otros. Con mediana inteligencia no se pueden así confiar en los que se aferran en vender solo sus verdades. Basta conocer de cada medio de comunicación su independencia económica y/o sus compromisos forzados para precisar que la mentira abunda y la verdad escasea.