Coppel: crónica infernal

El dolor es lo único que les queda a los familiares de las seis mujeres
que murieron hace cuatro años en el incendio de la empresa Coppel

No tiene nombre ese dolor. Lo recuerda y la tristeza le llena la vida, le rebosa de agua los ojos.
La verdad es que tras cuatro años de la tragedia en la Coppel Hidalgo de la capital de Sinaloa, nadie ha podido disipar las nubes de esa desolación y por el contrario la impunidad de los responsables de la muerte y el encierro de seis mujeres trabajadoras, los consume peor que el fuego que se las comió a ellas.

Era noviembre del 2010, como olvidarlo si pasaron toda la noche hasta la madrugada esperando saber de ellas hasta que sacaron a la primera. No fueron las balas las que se les llevaron. Esta vez no fueron ráfagas asesinas. Solo el humo de la muerte, la negligencia y el abuso. El fuego de la explotación laboral.

Los huérfanos las ven solo en fotografías. Ahí las besan. Solo entre sus manos duermen con ellas. Ya no los bañaron, ni los mandaron a la escuela tras renegar porque no querían.

Su ausencia la empiezan a notar más porque ya no preguntan desde el encierro de los días de inventarios si ya los chillones se habían dormido. Los huérfanos tienen abuelos, padres y tíos. Pero no, no tienen mamá.

“Justicia de a peso”

Nadie se la va a devolver. Era su hija. A la fecha no puede evitar los ataques de desespero. Esa falta de sueño con un apretón de alma que no lo deja estar quieto ni un ratito.

“Y los Coppel deben estar tan tranquilos, comiendo bien y viajando con todo lo que le sacan al pueblo”, lamenta.
Sí, por supuesto está muy cansado de lo que ocurre en Sinaloa. La muerte solo acarrea desgracias en las familias pobres y no asoma ni de chiste su cara de justicia.

“Si queremos justicia no va a haber. Una empresa muy grande nunca te hace justicia”, repite una y otra vez con ganas de que alguien si los escuche.

“Nadie quiso hacer nada ni las autoridades ni menos derechos humanos para intervenir y con las amenazas mejor dejamos que pasara el tiempo”, afirma.

Se queda viendo con unos ojos que dan frío. Esa mirada, es solo la imagen de la desesperanza, de la marca del poderoso para acallar las desdichas.

En el 2010 uno de los familiares de las víctimas dijo que había sido una marranada. Los años no paran de confirmarlo.

Coppel mejora tu vida…

Coppel se la llevó a una mejor vida. Ya no tiene que sufrir vejaciones laborales por dos mil pesos a la quincena.
Cada mañana después de los encierros por inventarios ya no pasa malos humores ni regaña a los niños por cualquier berrinche.

El humo acabó con ella en la sucursal Hidalgo. Los bomberos batallaron más con las humaredas que los dueños de esas tiendas con el escándalo.

Sus padres la miran en la foto y piensan que a otras el fuego las consumió como el dolor ahora y tras varios años, les calcina el alma.

Coppel calcina tu vida…

No quiere que nadie sepa su nombre. No quiere recordarlo.
Tiene el pedazo de varios periódicos de la ciudad en sus manos del 10 de noviembre del 2010.
“Seis trabajadoras de la empresa Coppel murieron en un incendio ocurrido en una tienda ubicada en la calle Miguel Hidalgo, en el centro de esta capital.

La conflagración se inició alrededor de las 21:50 horas del martes y fue controlada 13 horas después por decenas de bomberos de tres municipios y elementos de Protección Civil”.

Los lee como si fuera la primera vez para no olvidar la infamia. Son letras húmedas.
“Las empleadas realizaban un inventario en la planta alta del inmueble, donde todos los accesos estaban cerrados con candados.

Al parecer el fuego se debió a un cortocircuito y se propagó rápidamente en el primer piso, donde consumió llantas, muebles, ropa y artículos de plástico, informó Francisco Miguel Díaz Angulo, director de Protección Civil”.
Tiene varias copias de la publicación y una de ellas la trae cerquita del pecho en la camisa, doblada con más cuidado que una sábana de un hotel de cinco estrellas de Culiacán.

“Las víctimas fueron identificadas como Ariana López Soto, de 24 años; Carmen Selene Moreno Zazueta, de 36; Verónica Picos Bastidas, de 22; Claudia Yaneth Bernal Delgado, de 25, y Rosa Imelda Félix Gamboa. Todas eran residentes de Culiacán.

Las empleadas pudieron comunicarse con socorristas y familiares para avisarles que estaban atrapadas porque los accesos a la sucursal, así como ventanas y escaparates, estaban cerrados por fuera, con candados y cortinas de acero”.

La afrenta de muchas familias se mantiene en la impunidad, nadie ha sido sancionado aun y ‘las tiendas de la llavecita’ mantienen la misma práctica de esclavitud para realizar sus auditorías nocturnas.