Del plato a la boca…

Otro caso, este mas dramático para el personaje que se quedó a un paso de concretar su añeja aspiración, es el de Ernesto Millán Escalante.

Originario de Culiacán hizo su carrera política en México, en donde afianzó relaciones de amistad con otros que con el tiempo ascenderían a altas posiciones.

Uno de ellos, de quien se hizo compadre: Miguel de la Madrid Hurtado.

Desde que fue Director general de la Compañía Exportadora e Importadora Mexicana, S.A. (CEIMSA) que luego se transformaría en CONASUPO, Millán Escalante soñaba con regresar a Sinaloa para ser Gobernador.

Lo conocí en los primeros meses de 1982 cuando llegó a radicarse en Culiacán como avanzada del que sería candidato a la Presidencia de la República, Miguel de la Madrid.

Una mañana llegó a la redacción del periódico en que este reportero trabajaba en Culiacán, solicitó pasar a la Dirección y lo recibimos.

“Vengo a conocerte y a que me conozcas” me dijo como saludo a la vez que estrechaba mi mano y añadía “si me permites, vamos hablándonos de tu”.
Yo le dije que ya tenía antecedentes desde que fue director de la CEIMSA; me preguntó por mi trayectoria periodística y así iniciamos la amistad y la confianza mutua.

Se llegó el proceso electoral del 82 y su candidatura al Senado con la que recorrió todo el Estado.

Antes de cada salida acudía conmigo y me pedía información sobre los personajes mas importantes, tanto políticos como empresariales de cada municipio al que iría.

Por esa época, en Guamúchil había dos grupos políticos confrontados, los “tecolotes” y los “perfumados”. Millán iba de gira por esos rumbos y me pidió orientación para sumarlos.

Organiza la reunión en la casa del Efrén Gallardo Fuentes. Todos lo estiman, le dije.

Así lo hizo y reunió a los dos grupos políticos antagónicos en una cena.

Ya en el Senado, Millán Escalante regresó frecuentemente a Sinaloa. Preparaba el terreno para la gubernatura con el visto bueno del Presidente De la Madrid.

Francisco Labastida Ochoa era el Secretario de Energía, Minas e Industria, operando la política energética del país y relacionándose con los principales petroleros del mundo.

Estaba muy bien posicionado para la sucesión presidencial pero se le atravesó Carlos Salinas de Gortari y lo sacaron de la jugada enviándolo como candidato para gobernar Sinaloa.

Cada vez que venía a Sinaloa Millán Escalante pasaba a saludarme y me platicaba de sus actividades haciendo énfasis en las relaciones amistosas con su compadre De la Madrid quien vino de incógnito a Mazatlán en varias ocasiones pasando fines de semana en una de las villas de lo que hoy el complejo turístico Estrella de Mar.

Incluso me mostró fotografías del Presidente, su esposa Paloma y sus hijos, todos en traje de baño en las playas de la isla de la Piedra.

A las 7 de la mañana del 17 de abril de aquel 1986 me encontraba en Saltillo asistiendo a una reunión de la Asociación Mexicana de Editores (AME) cuando me llama por teléfono Policarpo Infante Fierro, que era asistente de Millán Escalante para comunicarme: “de parte del Senador… el bueno es Labastida. Le agradecerá a todos sus amigos que le den su apoyo”

Ese mismo día volé a México, por la tarde, lluviosa por cierto, traté de entrevistar a Labastida en el edificio del PRI pero nos dijeron que la entrevista sería hasta el día siguiente por la tarde.

Otro día, el 18 de ese abril fui al Senado buscando a Millán Escalante. Su secretaria me dijo que no iría, que no recibía a nadie, pero que le llamaría para informarle que ahí estaba. Y lo hizo.

Millán le dijo que me pasara a su despacho y lo esperara, pero le advirtió que no recibiría a nadie mas.

Afuera, rondaban varios sinaloenses, de El Fuerte, de Guasave, de Escuinapa, etc. todos con rostros tristes.

Casi una hora después llegó Ernesto. Su rostro reflejaba las huellas de una terrible cruda.

Me abrazó y soltó el llanto.

“Son chingaderas José Angel… son chingaderas!!!”

Y me dijo que un día antes de la decisión a favor de Labastida Adolfo Rojougo, que era el Presidente del CEN lo invitó a Oaxaca, que tenía elecciones ese mismo año, y que al regreso, al bajar del avión le dijo que estuviera muy pendiente porque el caso de Sinaloa salía en las próximas horas.

“Y mira… mira lo que me hicieron… mi compadre… mi compadre me falló. Tu sabes lo que trabajé y todo con el visto bueno suyo… ¡para esto!”

“Y todavía me ordenaron que fuera esa misma noche a la casa de Labastida y que mandara a mi gente para felicitarlo y ofrecerle el apoyo… Y tuve que hacerlo”, añadió entre sollozos.

Así, una jugada cupular de última hora para sacar de la carrera presidencial a Francisco Labastida Ochoa truncó las aspiraciones de Ernesto Millán Escalante.

Como dice el dicho: del plato a la boca… se cayó la sopa!

Labastida se vino a abrir camino en Sinaloa y hacer campaña.

Se vino luego la selección de candidatos y había que reforzar la campaña de Labastida con candidatos fuertes.

Si mal no recuerdo fue Heriberto Galindo Quiñones quien le propuso que se designara a Millán Escalante para la candidatura de Culiacán.

No va a aceptar, dijo Labastida, pero Heriberto se propuso para convencerlo.

Y lo hizo.

Pero eso, son otros apuntes…