El Papa Francisco y el Presidente Peña Nieto

Enrique Peña Nieto nació en 1966. Lo cual, per se, no es mérito ni novedad: Todos los seres vivos pasaron por ese experimento. Lo que ocurre es que el mexiquense nació un año después de que el papa Pablo VI clausuró las sesiones del Concilio Vaticano II. Y desde aquí, es donde empieza a ponerse buena la historia.

Si los veleidosos manes no disponen cosa diferente, el 7 de junio Peña Nieto viajará a Roma para encontrarse con el italoargentino Jorge Mario Bergoglio, fan del San Lorenzo de Almagro, y quien desde el 13 de marzo de 2013 despacha como jefe del Estado Vaticano de la Ciudad y Príncipe de la Iglesia Católica, efecto para el cual escogió el nombre de Francisco, heredero del trono de Pedro. Nada menos.

Reporte del Estado Mayor a Roma

Resulta que, en mayo, viajaron en racimo a la capital italiana los integrantes de la Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM, cuyo estado mayor está formado por seis cardenales y 16 arzobispos), y de viva voz y por escrito le informaron al papa Francisco, que 117 millones de mexicanos desfallecen entre una lacerante  desigualdad socioeconómica y la violencia criminal e institucional. Así, lo han dicho  en sus asambleas regulares y extraordinarias los dignatarios, se pierde la fe y, por supuesto, huyen las vocaciones sacerdotales.

De repente, días después, con sordina, se propaga la noticia de que el jefe de Estado y Gobierno mexicano tendrá audiencia con uno de los más poderosos líderes de la humanidad. Como suele ocurrir frente a un suceso de esta magnitud, católicos, masones, analfabetas, letrados, religiosos, laicos y hasta los ateos “por la gracia de Dios”, se calzan los binoculares para observar lo más cerca posible las incidencias del encuentro, enmarcado en una agenda que inauguró Luis Echeverría en los años setenta.

¡Claro! que el estado de ingobernabilidad que vive México, con una sociedad mayoritariamente católica, explica la atención colectiva sobre el evento, sobre todo si se toma nota de que -en su primer  periplo papal por Latinoamérica-, Francisco no incluyó a nuestro país, dato de no poca monta dado que, por ejemplo, Juan Pablo II fue asiduo al México, siempre fiel. Y hasta se declaró mexicano.

Compañía de Jesús versus Opus Dei

Si se toma en serio la especie de que la Iglesia de Roma es el “partido más viejo del mundo”, pongamos a los protagonistas de la próxima cita bajo estas dos entidades formativas: Don Jorge Mario, es militante de la Compañía de Jesús (alma mater de los jesuitas) y, don Enrique, es egresado de la Universidad Panamericana, una de las instituciones del Opus Dei (“obra de Dios”), reclutadora, preferentemente, de civiles empoderados económicamente.

La Compañía de Jesús, fue fundada por Ignacio de Loyola en 1839. El Opus Dei, en 1928, por Josémaría Escrivá de Balaguer de Abas. Si damos el salto cronológico para ubicarnos después del Concilio Vaticano II -ecuménico por excelencia-, encontraremos en la primera orden a don Pedro Arrupe, Superior General, ninguno después de sus antecesores, mejor identificado como el Papa negro.

Don Pedro, “blanco y alto como el Fuji”

Vale aclarar, que ese denominativo originalmente se usó para diferenciar la negra vestimenta de los jesuitas, para distinguirla de la blanca del papa. Con Don Pedro, se aplicó en forma peyorativa para exagerar la capacidad de intriga jesuítica.

En los setenta del siglo XX, en el sur de la Ciudad de México, tuvimos la oportunidad de saludar al Papa Negro. “Era blanco y alto como El Fuji”, para usar la estampa que hizo de él uno de sus novicios japoneses. (Se refería al monte Fujiyama.)

Su contraparte, Escrivá de Balaguer y Albas, impartió aguas sacramentales al franquismo español a cambio de privilegios recibidos del generalísimo Francisco Franco. En sus andanzas por América Latina, Josémaría se encariñó con el golpista general chileno Augusto Pinochet.

La adscripción y militancia de ambos personajes deben de subrayarse porque, después del Concilio Vaticano II -convocado por el Papa bueno, Juan XXIII, quien no vivió para su clausura-, los jesuitas encarnaron el progresismo católico. Corrientes como el Opus Dei representaron el integrismo, el fundamentalismo del catolicismo.

De  los jesuitas, emergieron los cuadros que impulsaron la posconciliar Teología de la Liberación, que en América Latina (Brasil y México en especial) tuvo su más esperanzador laboratorio. Los opusdeistas combatieron esa vertiente doctrinaria, asumiendo su descalificación como “marxismo recalentado”.

En México, los polos universitarios de esas dos nociones religiosas tienen su afincamiento en la Universidad Iberoamericana y la Universidad Panamericana, respectivamente.

Inteligencia mata inteligencia

Una caracterización más: La Compañía de Jesús, fue instrumentalizada por Roma para enfrentar los movimientos reformistas en Europa, bajo la lógica de que “inteligencia mata inteligencia”. Tales servicios le merecieron a la orden presencia cercana al solio papal, desde donde dieron fundamento a la Doctrina Social de la Iglesia.

Después del envenenamiento del efímero papa purificador Juan Pablo I, en 1978, tomó el principado Juan Pablo II, el papa que vino del Norte.
La significación de este acontecimiento estriba en que Juan Pablo II se adhirió a la neoliberal Revolución Conservadora, convocada en los ochenta por la británica Margaret Thatcher y el dormilón de la Casa

Blanca, Ronald Reagan. Se integró el eje Londres-Roma-Washington.

Citamos líneas antes que Josémaría Escrivá de Balaguer y Albas se identificaba con los tiranos Francisco Franco y Augusto Pinochet.

Cambio de favorito en El Vaticano

Pues bien: En la línea regresiva del Concilio Vaticano II, transitada por el polaco Karol Józef Wojtyla (padre de Solidaridad anticomunista en su país), se produjo el golpe de timón: Don Pedro Arrupe cayó de la gracia pontificia. Se coló a la recámara papal Esrcrivá de Balaguer y Albas.

El revisionista Juan Pablo II hizo un magistral uso del doble discurso. Verbigracia: Recordando a León XIII, podía postular que “sobre toda empresa, pesa una hipoteca social”. Pero en los hechos bendijo el proyecto neoliberal de globalización de la economía, en el que la tecnocracia mexicana embrocó al país.

Página semifinal: Francisco, el Papa aún enigma, fue Superior Provincial de los jesuitas en Argentina. Desde el 13 de marzo de 2013, ejerce el encargo del Apóstol Pedro, El pescador de almas. Francisco recibe a Enrique Peña Nieto el 7 de junio.