San Lázaro en llamas

También el PRD cumple 25 años

La mañana del 5 de mayo de 1989 no perturbó la agenda presidencial. Aquél día, el usurpador Carlos Salinas de Gortari se trasladó con su gabinete militar y parte del gabinete civil a la ciudad de Puebla, a la celebración de un aniversario más de la Batalla de Puebla.

Esa misma mañana, en la Ciudad de México, en el predio de la vieja terminal ferroviaria de San Lázaro, humeaba el Palacio Legislativo de la Cámara de Diputados a la LIV Legislatura federal, cuyo Colegio Electoral de calificación de la elección de Presidente, en estado de crispación y bajo sitio armado, había sancionado ocho meses antes el asalto de Salinas de Gortari a Los Pinos.

Una de las primeras líneas de investigación del siniestro recogió la sospecha de que la conflagración habría tenido como móvil la quema de los paquetes electorales de las elecciones del 6 de julio de 1988 que daban fe del fraude electoral. Esos paquetes fueron incinerados en la siguiente legislatura, con el consentimiento del coordinador de la bancada del PAN, Diego Fernández de Cevallos.

De las cenizas del Partido Comunista

De aquella tristemente histórica legislatura, formó parte el Partido Mexicano Socialista (PMS), producto de la fusión del Partido Socialista Unificado de México (PSUM) -que recogió los residuos del añoso Partido Comunista Mexicano- y el Partido Mexicano de los Trabajadores (PMT), del ingeniero Heberto Castillo Martínez, quien en aquel proceso electoral había declinado su candidatura presidencial en favor de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, abanderado del Frente Democrático Nacional (FDN).

El PMS, colgado del FDN, tuvo en 1988 la más pequeña de las minorías parlamentarias: Alberto Anaya Gutiérrez (después fundador y dueño del Partido del Trabajo, diputado en la actual LXII Legislatura), Rodolfo Armando Armenta Scott, Gerardo Ávalos Lemus, Carlos Enrique Bracho González, Osiris Manuel Cantú Ramírez, Marcos Carlos Cruz Martínez, José del Carmen Enríquez Rosado, Amalia Dolores García Medina (nuevamente diputada después de haber pasado por la gobernación de Zacatecas), Pablo Gómez Álvarez, Juan Nicasio Guerra Ochoa, Santiago Daniel López Nelio, Ciro Mayén Mayén, Carlos Navarrete Ruiz (ahora en la pugna por el control del PRD), Patricia Olamendi Torres, Jesús Ortega Martínez, José Antonio Ríos Rojo, Reynaldo Rosas Domínguez y Margarito Ruiz Hernández.

Los comunistas Pronasol

De aquellos sedicentes izquierdistas, algunos de ellos se perdieron en la noche de los tiempos; otros, se convirtieron en bien engrasados comunistas Pronasol -la talega del Programa Nacional de Solidaridad-; Olamendi cayó rendida a las botas de Vicente Fox y Guerra Ochoa terminó pintado de un azul intenso. La mayoría olvidó a San Lázaro en llamas, que puso a la LIV Legislatura en la condición de Cámara itinerante, con la que Salinas de Gortari logró, para empezar, la privatización de la banca mexicana. Esos son los macabros saldos del misterioso incendio del 5 de mayo de 1985.

Cuatro años después, el PMS fraguó su suicidio: El 5 de mayo de 1989 cedió su registro oficial como partido nacional para endosar su cara franquicia al naciente Partido de la Revolución Mexicana (PRD), nuevo juguete electoral de Cárdenas Solórzano.

Sin la menor intención de hacer un ajuste de cuentas con su propio y sórdido pasado, el 5 de mayo, en el teatro de la Ciudad de México, el PRD “festejó” su primer cuarto de siglo, no obstante que en el sexenio de Salinas de Gortari perdió -asesinados- a más de 600 militantes.

Tope en ello, Cárdenas Solórzano porfió en la candidatura presidencial, la tercera, después de abandonar el gobierno del Distrito Federal, cedido por Ernesto Zedillo Ponce de León al PRD.

Del fraude electoral de 1988 nació la Alianza Estratégica del PAN con el usurpador Salinas de Gortari. Doce años después, la traición a Manuel de Jesús Clouthier del Rincón (ya difunto éste) le redituó al PAN con la presidencia de la República en la persona de Vicente Fox.

Después de más de veinte años, ya en manos de la rapaz tribu de Los Chuchos mangoneada por Jesús Ortega Martínez, el PRD no se conformó con ser fauna de acompañamiento de la Alianza Estratégica. Con el propio Ortega Martínez como orquestador, Jesús El tragabalas Zambrano Grijalva, exigió en 2012, y logró, su rebanada del pastel en el Facto por México peñista, que en 2013 culminó el proyecto de largo alcance saliniano para entregar el patrimonio nacional al extranjero.

Del PRD fue presidenta nacional, la impresentable enamorada Rosario Robles Berlanga. Hoy, es la regenteadora de Pronasol-Oportunidades con Enrique Peña Nieto. Hace una semana sentenció a las indígenas mexicanas al castigo por tener más de tres hijos, acusándolas de procrear sólo para aumentar el monto de la caridad que se les arroja en el rostro. ¡Que tiempos aquellos en los que los izquierdistas mexicanos cantaban por las calles A parir, madres latinas…!

Y el 5 de mayo pasado, Los Chuchos proclamaron que eso que queda del PRD -en el basurero de la historia- es la mejor opción de la izquierda mexicana. La opción mercenaria y cínica, para cuya administración tesorera enfilan a Carlos Navarrete Ruiz. ¿Cuál será la peor?

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