PAN: El buey en la barranca

Desde que -en los estertores del régimen revolucionario-, en que las crisis económicas en México se volvieron endémicas y devinieron crisis social y política, en ese orden, los demagogos del sistema, empedernidamente optimistas, lanzaron la rueda de molino aquélla de que “crisis es oportunidad”.

Lo que ha ocurrido de cierto es que, esos demagogos y sus publicistas -los mismos que sobrevivieron al antiguo régimen y se ayuntaron con la tecnoburocracia triunfante-, nunca aceptaron sus errores que metieron a México en camisa de once varas, y porfían en repetirlos como aquél que invita a “tómate otra botella conmigo”.

Pasado de la “oposición leal” a componente del sistema que combatió rabiosamente durante medio siglo, el Partido Acción Nacional (PAN) se acogió a las mismas corruptas prácticas del establishment priista, las aclimató en sus estructuras internas y envileció su heroica trayectoria que alguna vez le mereció el rango de “alternativa católica de la Revolución mexicana”.

La mascarada azul dominical

Acabamos de presenciar -el domingo 18 de mayo- la fase culminante del proceso azul para la elección de su jefatura nacional. El dato central de los resultados es el siguiente: El partido, que todavía en la década de los ochenta se ponía bajo la égida de Francisco I. Madero, y con la No Reelección combatía la odiosa hegemonía tricolor, cayó rendido al reeleccionismo.

En la década citada, quien se abanderaba con el maderismo era Pablo Emilio Madero, que blasonaba de su sobrinazgo del Apóstol de la democracia. Quien ahora se beneficia del reeleccionismo, Gustavo Madero Muñoz, hizo carrera partidaria presentándose como nieto de don Evaristo Madero González, hermano del prócer. Que manera de matar el poeta.

Por salud mental, no perderemos el tiempo en la retórica/basura que el chihuahueño, empollado en la ultraderechista Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex), expectoró la pasada noche dominical.

Con independencia de los métodos aplicados al proceso electoral panista -al fin y al cabo aceptados mansamente por el rival de Madero Muñoz, Ernesto Cordero Arroyo-, conviene subrayar el instinto sadomasoquista de los casi 90 mil azules que, según la Comisión Nacional Electoral, le dieron su voto al chihuahueño.

Gustavo no ha dejado piedra sobre piedra

Madero Muñoz asumió la jefatura nacional en diciembre de 2010, en lugar del defenestrado calderonista, el michoacano César Nava. Para no abundar en el bosque electoral, pongamos la mirada en un solo árbol: Michoacán, cuna familiar de los Calderón Hinojosa. Don Luis fue del tronco fundador del PAN y su apasionado biógrafo.

Aunque no salió de su establo, Felipe Calderón Hinojosa confió a Madero Muñoz la encomienda de hacerse de Michoacán en 2011, por razones varias:

  1. En la década de los noventa, los michoacanos humillaron a Calderón, negándole el voto para ser gobernador;
  2. Michoacán fue el estado piloto escogido por Calderón, en 2006, para poner a prueba su guerra contra el narco.
  3. Para el proceso general de 2011, Felipe puso en manos de su hermana Luisa María, el rescate del honor familiar, lanzándola como candidata a la gobernación del estado.
  4. El PAN -ya jefaturado por Madero Muñoz- y Luisa María sufrieron una enésima afrenta, ahora en manos del peñista Fausto Vallejo y Figueroa, quien cinco años antes había contendido por una senaduría y fue refundido al tercer lugar.

Es la temporada en que, por efecto dominó, el PAN fue echado de los palacios de gobierno de Querétaro, San Luis Potosí y Aguascalientes. Después seguiría Jalisco, etcétera.

2012: La gran debacle azul

Pero fue también el sombrío preludio de 2012, en que, después de dos sexenios de arrogancia, estulticia y corrupción, el PAN -ya asimilado por las tepocatas, víboras prietas y otros alimañas tricolores que Vicente Fox había ofrecido fumigar-, fue echado de Los Pinos.

Para decirlo pronto, el padrón de socios del PAN, al margen de su autenticidad previa, fue vaciado por cientos de miles de desertores, hasta dejarlo en unos 300 mil. (En la elección del domingo se dice que participó sólo 72 por ciento del padrón. De éste, poco más de la mitad le dio el voto al nuevamente ungido).

Todo ese oscuro balance queda en el debe de Gustavo Madero Muñoz. Sus correligionarios -aquí encaja el sadomasoquismo-, le han pagado el peaje para que continúe en la jefatura hasta 2015.

El primero en celebrar jubilosamente el refrendo a Madero Muñoz es el peñismo. Desde finales de 2012, el hoy reelecto ha hecho jugar al PAN el papel de escudero del PRI, sobre todo en el momento en que el tricolor más lo requería: En la ofensiva del Facto por México, como extensión transexenal de la Alianza Estratégica que, en 1988, el PAN pactó con el usurpador Carlos Salinas de Gortari.

El PAN, pues, seguirá en la barranca. Pero ya lo dice el ranchero: El que por su gusto es buey… hasta la coyunda lame.