El Fuerte, entre el crimen y el desempleo

Tiradero de cadáveres en la zona norte y crímenes de alto impacto social

El Fuerte, Sin.- Ante los ojos oficiales El Fuerte no es generador de cadáveres: estos parecieran ser importados de manera clara de Ahome, Guasave y Sinaloa de Leyva, ya que los grupos delincuenciales han encontrado en las tierras de este municipio áreas propicias para sus clandestinas actividades, envolviendo con un manto de terror a los ciudadanos que residen en esta zona a quienes les dejan los muertos.

Las condiciones orográficas y el hecho de ser un punto de confluencia de varios municipios en el tránsito vehicular a la zona serrana, ha propiciado la visión que el municipio de El Fuerte tiene ganada a fuerzas de tantos muertos que han sido regados a la vera y las cercanías de la carretera turística a lo largo de estos últimos tres años, en donde lo mismo han quedado cadáveres embolsados, desmembrados y otros pendiendo de cordeles cuyo cabo pasa por el brazo de algún árbol mientras la rigidez les llega por el cuello.

Y la violencia se ha dado el lujo de hacer meditar sobre las acciones en contra de las fuerzas del gobierno, al haber diseñado, preparado y ejecutado, las emboscadas a los cuerpos de seguridad, a las que han convertido en escombros desde el año 2011, cuando el vuelo de la muerte se abatió sobre la zona de San Blas, considerada el ombligo de la persecución de los delitos por un factor relevante: allí están las raíces del procurador de Justicia de Sinaloa, Marco Antonio Higuera Gómez.

Ese ingrediente mórbido seduce a los actores de la violencia que campea, se despliega y lacera asazmente a los ciudadanos del cabo sur del municipio de El Fuerte, en donde está izado el pendón del desespero generado por la violencia que como oleadas de mar sube y baja su intensidad en pausas desesperantes.

Otro flagelo, el desempleo

Aquí la gente vive acorralada por los cuatro puntos cardinales. No hay trabajo y ello ha traído, además, problemas de descomposición familiar que se reflejan en el inexorable éxodo migratorio de los habitantes que buscan mejores alternativas de seguridad, justicia y trabajo en otras regiones, dentro o fuera de Sinaloa.

El presidente municipal, Marco Vinicio Galaviz, exhibió su preocupación ante los acontecimientos: este asunto de la seguridad y la procuración de justicia social, debió haberse atajado desde hace mucho. Y allí está, resurgiendo cuando más tranquila estaba la ciudadanía luego del cambio de gobierno municipal.

A los ojos del novel político, a quien se le atribuyen oscuras relaciones empresariales con el sistema político de Sinaloa, la impronta que se le trata de troquelar a El Fuerte es errada. La situación en la órbita económica, seguridad y obras desde su punto de vista es salvable. Pero no dice cómo hacerle para “sacar al buey de la barranca”. No encuentra la fórmula para lograrlo.

Mientras tanto, porque la violencia alcanza niveles de crueldad que aterrorizan al pueblo, en sectores sociales que se suponía ajenos al crimen, como el magisterio, se convoca a las dirigencias sindicales a permitir que sus integrantes sean sometidos a controles sicológicos para evitar riesgos de que se repitan sucesos como el acontecido en un poblado cercano a San Blas, El Fuerte, Sinaloa, en donde un profesor se convirtió en herramienta asesina para victimar a una menor de edad que era su alumna.

Por las circunstancias que mediaron en este crimen su impacto fue mayor en la sociedad que las acostumbradas ejecuciones de la delincuencia organizada.

En estos tres últimos años, muchas de las historias de El Fuerte se han escrito con sangre. En ocasiones las expresiones violentas se presentan con alto saldo de victimas. En otros momentos, son el grado de crueldad utilizada lo que marca la transfiguración de una muerte, a la que se le añaden virulencia sádica, según el grado de enajenación que los actores tengan o el nivel de miedo que se pretenda inducir.

Todo ello imanta la atención del presidente municipal Marco Vinicio Galaviz que con un halo de resignación matiza el papel de El Fuerte, Sinaloa en la vertiente de los asesinatos que a balazos se han venido escenificando en su territorio, con especial énfasis en su frontera sur, es decir con Ahome. En el cabo de ese lado, es donde el ábaco de la muerte tuvo su génesis.

El problema en las cuentas son las ecuaciones de división de responsabilidades, nadie las asume como propias.

Apenas el 20 de abril a espaldas del rastro de San Blas, El Fuerte, Sinaloa fueron encontrados los cuerpos de dos personas que fueron ejecutadas. El 10 de abril había sido localizado otro ejecutado mas, en esa sindicatura y el 27 de abril en Huepaco, se tuvo de nuevo la visita de la muerte.

Estas victimas se suman a una larga lista de fallecidos en la ruta de los últimos tres años en que a nivel estatal también los policías se han convertido en víctimas de la delincuencia. La cuenta había iniciado en el gobierno de Jesús Aguilar Padilla.

Saldo de 181 policías en el estado

Tan solo en este trienio, según la Secretaria de Seguridad Publica Estatal, han sido asesinados 181 policías municipales y estatales, en los frentes de combate a la delincuencia. La impunidad envuelve la mayoría de los casos.

Entre estos hechos se recuerdan dos hechos que fueron paradigmáticos y que tienen el denominador común de haber sido bajo ataques en emboscadas.

El 8 de julio del año 2012, fueron acribillados y muertos en el lugar conocido como Tetamboca siete agentes ministeriales de un grupo especial que circulaba en vehículos por la carretera a la ciudad colonial y garantizaba la seguridad en Choix, Sinaloa, en donde unos meses antes se habían suscitado hechos que tiñeron de rojo esa alcaldía y que hicieron exigible la incursión del estado en las labores de prevención y persecución del delito.

En la escenografía del crimen, yacían también cuatro individuos del bando contrario que cayeron en respuesta de los agentes. El día de los hechos, el panorama era de tristeza porque precisamente tenia lugar en las cercanías de San Blas, El Fuerte, lugar que se creía blindado , además que el final de la lucha no se veía cerca, como lo demostraron hecho violentos ulteriores en que han caído policías en diversas celadas en diversos puntos del norte de Sinaloa.

Otros casos anteriores ejemplificaron desde un principio lo que se cernía y sumergía en el desasosiego a los cuerpos policiacos. En Guasave se observó la mayor virulencia.

El 15 de de julio del 2011, siete policías fueron abatidos a la altura de Guayparime, sobre la carretera Federal México 15, cuando en cumplimiento de su deber trasladaban por tierra a dos reos. La estratagema de sus atacantes fue sorprenderlos y con un vehículo mimetizado como particular pero equipado con armas artilladas, la emprendieron contra los agentes causando 7 bajas del lado del gobierno.

A los pocos días, nuevamente asaltaron otra caravana de agentes, pero eran policías adscritos al mando directo de Francisco Córdoba Celaya, actual Secretario de Turismo en la entidad, que al momento de los hechos era el titular de Seguridad Publica Estatal. En la refriega murieron 10 policías y un civil, casi frente a la ciudad de Guasave.

El funcionario, había viajado a la capital sinaloense por via aérea y sin saberlo, el sino le jugó a favor, pues no estuvo expuesto a las balas asesinas.

Así, la precaria calma se rompió en San Blas. En esa zona los campos, la orilla de carretera, la vera del rio, y parcelas, asemejan a un área de importación de cadáveres.