México en la encrucijada

Nos ronda la sombra del Estado fallido

La cuestión subyacente en el análisis de la actual situación del Estado mexicano, es si se trata o no de un Estado fallido.

Desde tres cuadrantes, vamos a situar el tema en este tamaño:

1. Puesta en marcha la guerra de Felipe Calderón Hinojosa contra el narco, áreas de Inteligencia de El Pentágono empezaron a introducir maliciosamente en sus evaluaciones sobre México el concepto de “Estado fallido”.

2. La hipótesis sentó sus reales en nuestro país, cuando la Casa Blanca escogió al cubano-estadunidense Carlos Pascual como su embajador en México. Ex embajador de los Estados Unidos en Ucrania (2000-2003) y representante ante el Consejo de Seguridad de la ONU, Pascual es reputado como experto en “Estados fallidos”.

3. Según revelaciones difundidas por Wikileaks, Pascual operó en México como un verdadero procónsul, con evidente desdén al gobierno de la República y su condición soberana.

La judialización de la política

A efecto de este tema, vale recordar que en otras entregas nos hemos referido al proceso por el que el sistema político mexicano ha transitado hacia la judicialización de la política, en el sentido de que, al ser convertida la Suprema Corte de Justicia de la Nación en tribunal constitucional, y no sólo de legalidad, ésta instancia ejerce facultades de interpretación de los mandatos legislativos, planteando una nueva correlación entre los poderes Judicial y Legislativo, con supremacía decisoria e inatacable del primero sobre el segundo.

Conviene, desde esa perspectiva, recapitular en un hecho de suyo significativo: Con el arribo de Vicente Fox Quesada a la jefatura del Poder Ejecutivo federal se rompió el ciclo en el que la más alta magistratura de México estuvo confiada a políticos egresados de la Universidad Pública.

Fox Quesada fue un alumno destripado en la Universidad Iberoamericana. Calderón Hinojosa egresó de la Escuela Libre de Derecho y Enrique Peña Nieto de la Universidad Panamericana, los tres establecimientos privados.

Existen abundantes evidencias de que la Libre de Derecho y la Panamericana cultivan en su alumnado tendencias contrarias al régimen constitucional emanado de la Revolución mexicana de 1910, resabios históricos que vienen desde la Reforma del siglo XIX, combatida entonces por el Partido Conservador.

Las frivolidades de Fox Quesada

Sólo a manera de ilustración, el 1 de diciembre de 2000, Fox Quesada se pitorreó del protocolo constitucional en su toma de protesta, con un mensaje de asunción dirigido a sus hijos y no a los miembros de la solemne Sesión de Congreso General.

Inmediatamente después de abandonar el Palacio Legislativo de San Lázaro, Fox Quesada montó un grotesco espectáculo en el Auditorio Nacional, esgrimiendo ante su público un crucifijo obsequiado por una de sus hijas, no como un acto de profesión de fe, sino de provocación.

Desde que, en diciembre de 1999, abandonó el gobierno del estado de Guanajuato para acometer su campaña presidencial, abanderado por el PAN, Fox Quesada proclamó una segunda Revolución Cristera.

En archivos históricos consta que los combatientes de La Cristiada elaboraron su propia Constitución, dando por hecho que, a su triunfo, derogarían la Carta fundamental de 1917, leitmotiv de su guerra.

Durante su mandato, Fox Quesada fue ostensiblemente hostil al Poder Legislativo federal por el rechazo a sus reformones, desacatando no pocos de los decretos legislativos y, en general, diversos preceptos de la Constitución misma. Terminó su sexenio perdiendo parcialmente ante la Corte suprema una acción de inconstitucionalidad referida a la llamada Ley Televisa.

Calderón: aiga sido como aiga sido

De Calderón Hinojosa, basta con recordar que blasonó de haberse instalado en la Presidencia de México aiga sido como aiga sido. Así hablaba y actuaba el egresado de la Escuela Libre de Derecho, quien inauguró su gestión con el afamado Michoacanazo.

Como lo que hace la mano, hace la tras, el también panista gobernador de Sonora, Guillermo Padrés Elías, ha sido un obcecado rebelde a mandatos judiciales federales en el conflicto que su gobierno sostiene con la tribu Yaqui en la pugna por el agua derivada de la presa El Novillo (Plutarco Elías Calles).

El hilo conductor nos sitúa en el arranque del sexenio de Peña Nieto, al amparo del fáctico y excluyente Pacto por México, que el propio coordinador de la bancada priísta en San Lázaro, Manlio Fabio Beltrones Rivera codificó como un gobierno de coalición “de hecho”, susceptible de legalizarlo y legitimarlo a futuro en la Constitución.

En la inercia, producto de la guerra calderoniana, declarada sin consulta al Poder Legislativo federal para establecer legalmente el Estado de excepción prescrito por el artículo 29 de la Constitución General de la República, el peñismo -cuya consejería jurídica está encomendado a un egresado de la Universidad Iberoamericana, Humberto Castillejos Cervantes- prolongó el estatus inconstitucional impuesto a Michoacán, extendiéndolo a entidades del centro del país, incluyendo al Distrito Federal, y en semanas recientes específicamente a los estados de México y Tamaulipas.

Controversias constitucionales

De judialización de la política hablamos líneas antes. De las llamadas reformas transformadoras impulsadas por Peña Nieto, al menos la Educativa, la Fiscal, la Energética y la de Telecomunicaciones, por la vía del amparo o la consulta están siendo combatidas por diversos agentes políticos y económicos ante tribunales judiciales federales.

Horas antes del inicio del periodo de asueto de Semana Mayor, el consejero jurídico de la Presidencia, el citado Castillejos Cervantes saltó al ruedo mediático para anunciar la interposición de controversias constitucionales por parte de Peña Nieto contra los Congresos locales y gobiernos de Oaxaca, Michoacán, Chiapas y Sonora, para el caso por presunto desacato a la letra y el espíritu de la reforma constitucional en materia educativa.

Con independencia de lo que sentencien finalmente los tribunales de la causa, lo que ese expediente pone a debate son los límites y acotamientos de la soberanía de los estados federados, cuyas peculiaridades políticas -por razones culturales, económicas y sociales-, no pueden ser medidas a rajatabla con el mismo rasero de uniformidad centralista.

En juego, el imperativo federalista

Lo que está en juego en este nuevo litigio político-judicial, es la concepción e instrumentación del federalismo, causa que enervó y puso en riesgo la supervivencia de la incipiente República hace dos siglos, y dio pie a las guerras de invasión de las décadas de los 40 y los 60 decimonónicas; diferendo desgarrador que pareció superado con el avenimiento en la República restaurada por el juarismo.

Visto a distancia -aprender de los errores para no caer en la tentación de repetirlos, recomiendan los clásicos- parece reproducirse el conflicto entre federalistas y centralistas que durante más de medio siglo devino sociedad fluctuante, que favoreció la injerencia extranjera en México con atroces resultados.

La orientación centralista del peñismo, sonsacada en otro tema fundamental por el PAN, se perfiló con la reforma constitucional que extinguió el Instituto Federal Electoral para mudarlo en organismo nacional, so capa de acotar el caciquismo de los gobernadores en los procesos electorales.

Aprender en cabeza ajena

Es válida la tesis de que el Estado mexicano es un todo; no un montón de parcialidades federadas, pero meter nuevos fierros a la lumbre en los momentos en que no logra restablecerse la gobernabilidad violentada por el crimen organizado, se antoja falta del sentido de oportunidad y hasta de sentido común.

No se trata de tremendismo gratuito: En los últimos meses, se han configurado golpes de Estado, no precisamente incruentos, tripulados por los poderes económicos globales, en Grecia e Italia. España fue obligada a adelantar elecciones generales. A la muerte de Hugo Chávez, la amenaza se cierne sobre Venezuela. Ucrania, en la que fue embajador de los Estados Unidos el experto en Estados fallidos Carlos Pascual, recalienta la Guerra Fría que se creía superada.

Recordarlo nomás, con la vieja sabiduría filosófica y política española: Cuando un Estado cae, no se precisa autopsia… murió por suicidio. ¿A qué poner las barbas a remojar? No hay que buscarle tres pies al gato.