Falsa filantropía de funcionario que renunció a su salario

El ambiente no podía ser más propicio. Un gobierno en ciernes y aires de cambio, animaban a aprovechar el momento y así lo hizo Miguel Ángel Gutiérrez Bazúa, el 22 de enero del año en curso, al anunciar que en su encargo de director de Servicios Públicos del norteño municipio sinaloense de Ahome no cobraría ni un céntimo.

Ese día un exultante Gutiérrez Bazúa alardeó de su pretensión: ahorrar al municipio 35 mil pesos mensuales que por concepto de salario devengaría en su cargo.

Lo que no dijo es que en tanto él trata de expeler una imagen de nobleza y compromiso en su encargo los empleados de sus negocios viven un verdadero drama laborando extenuantemente, bajo condiciones inseguras y para colmo, en el vilo de ser “corridos” en cualquier momento.

Del dicho al hecho existe un trecho en cuyo centro orbita una real y cruel paradoja, con el desplante del funcionario.

A la vieja usanza, pero con una retórica ad hoc, el funcionario se impregnó de una atmósfera de falaz santidad e hizo el anuncio, cuando la realidad es que las estadísticas muestran que las empresas erigidas por él y otras personas que tienen el mismo ADN, cuentan con frecuentes arribos a la Procuraduría de la Defensa del Trabajo, a donde los trabajadores han acudido en diversas ocasiones para darle una salida pacífica a la relación laboral. Piden liquidaciones justas.

Por supuesto estas constructoras se las arreglan y franquean la situación. Tienen el arma de la intimidación al inducir a los ex empleados a un arreglo para no boletinarlos con otros patrones de la construcción en donde símiles suyos se convierten en rémoras y otros en tiburones, y a vuelta de un tiempo las cosas se invierten en una constante simbiosis que resulta denigrante para los empleados que se enfrentan en oleadas al desempleo.

Esta situación asoma una realidad en las relaciones que los trabajadores viven en el trazo de sus actividades diarias en las empresas constructoras que son empleadas en la edificación o demolición que son realizadas mediante la inyección de dinero público.

Temerosos, algunos ex trabajadores de las empresas mencionadas consultados por Proyecto 3, en las proximidades de la Procuraduría del Trabajo, ironizaron la situación: “No quieren su salario como funcionarios y nosotros es lo que ansiamos como trabajadores de sus constructoras”.

El modus operandi de una empresa en los cocos

Uno de los ex trabajadores de las empresas (cuyo nombre nos reservamos) contó su drama. Muy similar al de otros que lo escucharon al ser entrevistados.

Hace poco, cuando se inició este ayuntamiento de Ahome, recibieron él y otros empleados la orden de descargar un vehículo en los patios de la empresa, ubicados al costado poniente del boulevard Antonio Rosales en las inmediaciones de la colonia Miguel Hidalgo, también conocida como Los Cocos.

Todos escucharon que la instrucción fue la descarga completa de la unidad, pero cuando ya habían terminado el trabajo vinieron los reclamos. Les dijeron que la idea no era bajar todo el material y por ello recibieron una reprimenda. Eso es la constante. Unos se equivocaban al dar la orden y otros pagaban las consecuencias, rompiéndose el hilo por lo más delgado.

La historia no terminó allí, sino que se extendió a un trato despótico que concluyó con la renuncia obligada de algunos de los empleados. Era el ardid para lograr ese propósito. Y todo con las manos limpias.

Otro caso más fue el de un trabajador que sufrió un accidente y fue incapacitado por el Instituto Mexicano del Seguro Social. Esto fue lo peor que le pudo suceder, pues a pesar de tener una trayectoria ejemplar dentro de las empresas, se encontró al regresar a la empresa con que lo esperaban con la “la renuncia voluntaria” porque habían contratado a otra persona en su lugar porque no les era útil ya.

De nada le sirvió al trabajador aclarar que todo se derivaba de un accidente y que requería del trabajo para sustentar las necesidades de su familia. Te vas porque te vas, le dijeron en forma abusiva. Ese es el nivel de filantropía real y no simulada del funcionario.

Casos como este se han venido dando a granel en unas empresas en que los trabajadores ya no aspiran a poder jubilarse, pues pocos son los que duran más de cinco años en sus funciones. Aunque reconocen que para efectos fiscales son despedidos “cordialmente” para luego de un tiempo ser recontratados.

Ese es el juego de la acción y la retórica que Miguel Ángel Gutiérrez Bazúa domina muy bien. Pero ahora se viste de santo y desde la trinchera oficial lanza sus buenos propósitos, que por tradición, se duda que cumpla.

Para variar, demostró su falta de oficio y fue blanco fácil de los regidores de oposición al PRI en el cabildo ahomense, quienes le señalaron como flagrante infractor de la Ley Orgánica Municipal, entre otros reglamentos internos con aplicación en Sinaloa, por haber cercado por iniciativa propia el perímetro del área de lo que será el Fraccionamiento la Hacienda, construido al sur de la ciudad, a costa de bloquear la calle Gabriel Leyva, una de las principales arterias de Los Mochis, ubicado en el norteño municipio del Estado.

Es la incongruencia de un servidor público, con desplantes de generosidad engañosa, demagógica.